Muchas personas dicen que no se puede saber lo que pasa en el mundo, porque no hay luz. Y entonces, por mucho que mires, no ves. Y no es así. El problema, como dice Marina Garcés, no es la falta de luz, sino el exceso de lucecitas. ¿Sabes por qué tantas personas permanecen sin decir una palabra, o sin leer una palabra, o sin escribir una palabra, delante de horrores como los de quienes viven en Gaza? Pues, porque hay quien está empeñado en que no se entienda nada, y satura todo de estímulos triviales que dispersan tu atención. No es que estés rodeado de personas sin conciencia, sino que hay alguien enterrando lo terrible entre mil contenidos banales con los que te reclama la mirada. Nadie nos dice que miremos hacia otro lado, nadie. Pero muchos nos ofrecen otros sitios a los que mirar, y atender. Por eso es muy importante que alguien nos diga, mira aquí, mira esto: Para eso están los maestros, para enseñar a mirar, en condiciones adversas.
(o proponer sin tregua camelias sobre musgo)