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Mostrando las entradas etiquetadas como qué es educar

Educar en la realidad

Yo llevaba un año tomado notas y ordenando ideas para escribir un libro. Tendría que hablar de la escuela y la realidad. Partía de mi constatación de que muchas escuelas viven a espaldas de lo que pasa más allá de sus paredes. Y de que, en consecuencia, muchos alumnos viven la vida como sin interés por la vida. Y resultó que el libro ya lo había escrito Catherine L´Ecuyer. Ese trabajo que me ahorro, pensé. A otra cosa. A lo largo del libro nos lleva varias veces a Platón, que dijo que  fácilmente podemos perdonar a un niño por tener miedo a la oscuridad; la tragedia verdadera de la vida se da cuando los hombres tienen miedo a la luz . "Educar en la realidad" es no tener miedo a la luz. Esto es, primero, educar desde lo que pasa a nuestro alrededor. Para poder acontecer. Y no ser solo espectadores de lo que acontece. Segundo, educar poniendo a los niños delante de la belleza. Se sorprenderán. Y aprenderán. Y tercero, educar con realismo. No pidiendo a los niños ...

Educar es combatir

Grande - Marlaska nos dio una definición de educación de las que dan para pensar un rato: educación es dar valores antes de que aparezcan los prejuicios. Apuntaba el juez, por lo tanto, en tres direcciones: la del qué, la del cuando, y la de contra quién. La del qué, los valores. Y de entre estos, aquellos que refuercen la ética pública. En contra de lo que muchos quieren ver, la escuela pública y la mayor parte de la escuela de titularidad religiosa llevan años trabajando en la misma dirección: tolerancia y respeto en las relaciones con los que son distintos, igualdad de derechos, libertad y justicia social. La del cuándo, cuanto antes, y el por qué, porque los enemigos de la educación, los prejuicios (y ya estamos en el contra quien), son más rápidos que Márquez desatado buscando la pole. La falta de respeto, el odio al diferente, y el trato desigual e injusto, viven en las redes sociales y en la opinión publicada. Y hasta en casa. Por eso educar necesita que familias y escu...

Enséñame a mirar

El niño se encontró con el mar, que no había visto nunca, después de haber andado cien kilómetros de la mano de su padre. No podía dejar de mirar aquella masa azul, y gris, que abarcaba todo el campo de visión de sus ojos. - Enséñame a mirar. Y el padre des cubrió así su vocación. Yo también educo por necesidad

programa, programa, programa

Programa, programa, programa. No sé a qué político se lo escuché. Me parece que lo podía haber suscrito uno de derechas y uno de izquierdas. Un nacionalista de aquí o uno de allí. A veces nos complicamos la existencia. Y entonces hay que volver al programa. A leer la misión, la visión y los valores de la escuela en la que enseñas y aprendes. A leer el Manifiesto Comunista si militas en el PC. Y al Evangelio los cristianos que trabajamos en la escuela cristiana. Leer el programa conecta con la intuición primera y nos ayuda a descubrir qué simple es todo, en contraste con lo complicado que parece el día a día. Jesús tenía un programa, y estoy seguro que se lo iba entregando a los discípulos que se añadían al grupo como nosotros a los alumnos el primer día de clase. A pesar de que cuando se le ocurrió anunciarlo en el pueblo de sus padres por poco lo corren a boinazos. Subversión pura, en tres objetivos: primero, dar la buena noticia a los pobres, segundo, anunciar la libertad a los cauti...

Aprender en los bares

Dice Maruja Torres que ella aprende mucho en los bares que frecuenta de la gente que allí conoce. También dice que no recuerda, de los tiempos en que era niña y estaba en edad de adquirir conocimientos, a nadie que le enseñara nada que hoy pueda recordar, ni en la casa ni en la escuela ni en la iglesia. Nada ni nadie, ni entre la tripulación ni entre el pasaje. No es malo aprender en los bares. Ni en los mercadillos . Ni en las oficinas de Correos. Yo también frecuento lugares públicos con el ansia de aprender a flor de piel . Lo terrible es no aprender en la escuela. Nada que se pueda recordar al cabo de unos años. Lo digo porque aun estamos a tiempo de corregir si algo estamos haciendo mal.

Ray Loriga recomienda un libro

de esos para tomarse en serio la educación, empezando por tomarse en serio lo que es un niño. A mi me ha entrado el gusanillo. Tres caminos a la escuela RAY LORIGA , El País Semanal, 08/11/2009 La educación es, o era hasta hace nada, un asunto de Estado, me gustaría recomendar encarecidamente el último libro de Ernst Jünger, Venganza tardía (Tres caminos a la escuela), a todos aquellos que tengan alguna vez la suerte de tener un niño entre las manos. Los niños son cosas muy normales que se convierten poco a poco en nosotros y a menudo, y con demasiada frecuencia, al hablar de educación tiene uno la sensación de que se está hablando de seres extraños, de gente distinta, como si no hubiésemos sido todos hace nada los mismos niños, la misma marea imprecisa, el mismo sólido argumento. Conmueve e impresiona ver al Jünger más viejo estar tan cerca de la verdadera experiencia de la infancia. Curiosamente, a lo largo de mi andadura como padre, hasta hoy, lo que más he echa...

educación y belleza

A mí me cuesta ver la belleza de las cosas. Se me va más la vista a los sitios asquerosos, donde abunda la miseria humana. En uno de esos lugares ví una vez a una persona mayor cuidando con emoción de una planta. Y me acordé de ella al terminar de leer La elegancia del erizo (M. Barbery) Renée, la portera del número 7 de la calle Grenelle de Paris, dice que educar es proponer sin descanso camelias sobre musgo. Y yo, que encima del musgo lo único que he puesto en mi birria vida es el cagané del Belén en Navidad, imagino que me dice que educar es crear belleza. Sacar el caballo, o el burro (¿quien ha dicho que es más bonito un caballo que un burro?) que estaba escondido en el bloque de piedra