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programa, programa, programa

Programa, programa, programa. No sé a qué político se lo escuché. Me parece que lo podía haber suscrito uno de derechas y uno de izquierdas. Un nacionalista de aquí o uno de allí.

A veces nos complicamos la existencia. Y entonces hay que volver al programa. A leer la misión, la visión y los valores de la escuela en la que enseñas y aprendes. A leer el Manifiesto Comunista si militas en el PC. Y al Evangelio los cristianos que trabajamos en la escuela cristiana.

Leer el programa conecta con la intuición primera y nos ayuda a descubrir qué simple es todo, en contraste con lo complicado que parece el día a día.

Jesús tenía un programa, y estoy seguro que se lo iba entregando a los discípulos que se añadían al grupo como nosotros a los alumnos el primer día de clase. A pesar de que cuando se le ocurrió anunciarlo en el pueblo de sus padres por poco lo corren a boinazos.

Subversión pura, en tres objetivos: primero, dar la buena noticia a los pobres, segundo, anunciar la libertad a los cautivos, y tercero, devolver la vista a los ciegos.

¿Y si la escuela cristiana clasificara a sus alumnos en tres grupos, pobres, cautivos y ciegos?

Ya, que deje de decir tonterías, ¿no? Que bastante diversidad tenemos ya que atender para andar filosofando...

Bueno, era un pensar...

Comentarios

  1. ¿Sólo a los alumnos, o también a los profes? Yo diría que en esa clasificación entramos todos.

    Seguro que el programa del de Nazaret, no necesitaba estar escrito, de puro adaptado que estaba a las verdaderas necesidades del personal. Tan adaptado, que le crucificaron por llevarlo a cabo.

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