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Mostrando las entradas etiquetadas como orden del día

Nuestras reuniones (5); preparar

Lo primero que hay que hay que hacer para que una reunión dure lo que tiene que durar (lo que pone en el papel de la convocatoria, y que nunca puede exceder de la hora y media) es prepararla. Leerse el orden del día (si no hay para qué, ¿para qué nos reunimos?) Leer la documentación, si la hay. Pensar en el tema que se propone, si no hay documentación. Pedir aclaraciones a quien convoca, si algo no se entiende. Pensar en cómo decir lo que quieres decir tardando lo menos posible, y con palabras que todos puedan entender (¿no hay en tu equipo una persona que, cuando acaba de hablar, siempre preguntas al de al lado para saber qué habrá querido decir?). Si no has podido prepararla, explícalo, pide disculpas. Así la gente entenderá tu silencio (aunque os parezca increíble, hay personas que no preparan las reuniones a las que van, y luego tapan lo que no han hecho hablando más que nadie).

Nuestras reuniones (3); empezar bien

Lo primero que hay que hacer para que una reunión sea un desastre es proponer un orden del día imposible. Yo conocí una organización en la que a las reuniones de equipo se iba a comentar los problemas, si es que había. Si no había problemas, no había reunión. Y si un día las personas no querían que hubiera reunión, porque estaban cansadas o porque jugaba el Athletic por la tele, bastaba con que se pusieran de acuerdo en que no había problemas. - Hoy no ha pasado nada, decían. Y todos a casa. A esa organización llegó un director que dijo que eso era un desastre, y que a las reuniones se iba con orden del día. Y así fue. Con un orden del día en el que siempre había doce temas, o más. Para tratar en una hora. Imposible. - Llegamos hasta donde podamos, decía para acallar las protestas. Nunca pasaban del dos, o del tres, ya que a los temas previstos les precedía una discusión sobre los problemas que había. ¿Os suena? Cambiar todo para no cambiar nada.