Os voy a decir una cosa que no sé si sabéis: los niños, las niñas y los adolescentes que tenéis en clase están siendo vacunados contra la compasión. Sí. Contra la compasión. A veces, quienes los vacunan son personas antivacunas, sus propios padres y madres, he ahí la paradoja. De lo uno y de lo otro se deriva que muchos de vuestros alumnos y alumnas estén más expuestos a las enfermedades. Y al odio. Y ahí te las apañes con ellos, y con ellas, y con sus progenitores, que suelen saber más que tú de casi todo. Mira que lo he dicho veces: los profesores y las profesoras tenéis que ser contadores de historias. Fijaos qué clarito lo dice Jordi Amat : no hay una contranarrativa convincente que desactive el magnetismo de los discursos del odio en estos tiempos de brutalización de la conversación pública .