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Mostrando entradas de junio, 2026

Sin ruido no se está estudiando bien.

Delphine Horvilleur cuenta que un rabino estudiaba el Talmud. Estaba tan inmerso en la lectura que no oía llorar a su bebé. Su padre le preguntó: "¿No oyes a tu hijo llorar?". "No. Estoy estudiando". "Entonces no estás estudiando bien", concluyó. El día que consigamos que las aulas estén climatizadas, aisladas del jaleo de la calle y del patio, cuenten con el material y los recursos básicos y cada alumno disponga de los metros cúbicos que necesita un ser humano para la tarea de aprender, tendremos que volver a meter en ellas la intemperie y el ruido sin los cuales no se está estudiando bien.

No se van a ordenar solas las cosas

El último de los relatos de "No se van a ordenar solas las cosas", comienza con un hombre de ochenta años sentado en la cocina de su casa frente a la lavadora estropeada. Por su voz, Nuria Labari nos dice que no se siente capaz de afrontar esta lucha a muerte con lo cotidiano, esta rebelión de los objetos, esta complicación constante de la vida por culpa de la tecnología . ¿Cuándo compramos el relato de que las máquinas creadas por las personas nos iban a librar de nuestra fragilidad de personas, que podríamos todo, que superaríamos, uno detrás de otro, todos los límites, que, tarde o temprano, idearíamos una app para cada situación, que no habría nada que un móvil con conexión a internet no pudiese solucionar? Luego se te estropea la lavadora y no sabes dónde has puesto la garantía. O lo sabes, pero tu cuerpo de ochenta años no está para subir al altillo en el que están esos papeles. Que la tecnología iba a liberarnos de toda fragilidad es una ilusión, solo eso. No reconocer...

Contranarrar

Os voy a decir una cosa que no sé si sabéis: los niños, las niñas y los adolescentes que tenéis en clase están siendo vacunados contra la compasión.  Sí. Contra la compasión. A veces, quienes los vacunan son personas antivacunas, sus propios padres y madres, he ahí la paradoja. De lo uno y de lo otro se deriva que muchos de vuestros alumnos y alumnas estén más expuestos a las enfermedades. Y al odio.  Y ahí te las apañes con ellos, y con ellas, y con sus progenitores, que suelen saber más que tú de casi todo. Mira que lo he dicho veces: los profesores y las profesoras tenéis que ser contadores de historias. Fijaos qué clarito lo dice Jordi Amat : no hay una contranarrativa convincente que desactive el magnetismo de los discursos del odio   en estos tiempos de brutalización de la conversación pública .