Cada momento es el comienzo de varias historias. Pero saber qué es eso que está comenzando exige atención. Pararse. Pararse cuesta: son malos tiempos para la lentitud. Y uno no puede pararse si no ama la lentitud, aunque sea un poquito. A amar la lentitud de aprende practicándola. Escribir es un acto de amor a la lentitud, y se enseña en la escuela. Los buenos maestros y las buenas maestras te piden que escribas lo que estás pensando ahora, o lo que te sugiere esta imagen... ... o un final para la historia que te cuentan. Y te animan a escribir un diario. O un semanario. O cualquier "ario" que te haga fijarte en por dónde vas, buscando palabras que nombren lo que ves, lo que oyes y lo que sientes.
Cuando veo a personas hechas y derechas diciendo que la Tierra es plana, y organizando congresos para difundir esa melonada, me acuerdo de su profe de ciencias naturales y me imagino la vergüenza que estará pasando. La escuela está para minimizar la estupidez, pero son tan grandes sus dimensiones, al menos en este momento de redes e IAs, que se queda lejos del objetivo. Así que conviene cambiar algo. Por ejemplo, introducir en las Escuelas de Magisterio el estudio sistemático de las las leyes fundamentales de la estupidez humana. que detalló Carlo María Cipolla en su célebre "Allegro ma non troppo". Una lectura crítica de la primera de esas leyes, la que dice que siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo, nos obligaría a reformularla en estos términos: "si subestimas el número el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo es que estás en la inopia". Fijarse bien, bajar de la in...