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PERDER

Leo a Martín Caparrós : pero también se pueden perder los papeles, perder la vergüenza, perder la paciencia, perder los estribos, perder la cabeza, perder la cara, perder la calma, perder el alma, perder el habla, perder la fe, perder las ilusiones, perder la perspectiva, perder la compostura, perder la virginidad, perder el rumbo, perder la razón, perder la honra, perder la inocencia, perder la oportunidad, perder el sentido, perder un hijo, perder un padre o madre, perder el respeto, perder el miedo, perder una carrera, perder la mano, perder pie, perder peso, perder comba, perder aire, perder facultades, perder sangre, perder la vida, perderlo todo, perderse. Y pienso que también se puede perder las formas, perdernos, perder las ganas, perder un amigo, perder la apuesta, perder la orientación, perder el turno, perder el tiempo, perder su silla, perder por goleada, perder el norte, perder la batalla, perderos, perder la vocación, perder la palabra, perder la libertad, perder la memor...
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Guernica

Hay personas a la que les saca de quicio que las cosas no estén en su sitio. Son las que piensan que cada cosa solo pueden estar aquí, o allí, donde esas personas piensan que deben estar, y que el hecho de que las cosas estén en un sitio que no sea el suyo es un problema. Delante de la posibilidad de que el Guernica esté, temporalmente o para siempre, en otro sitio, está la pregunta acerca de quién decide cuál es el sitio del Guernica. Su propietario, diréis. Y como es del Estado, las preguntas son, entonces, otras: para qué detenta y cuida el Estado obras de arte, para qué es el arte. O mejor, para quién.  Y luego, decidir dónde, en cada momento. Y hablar de qué es posible, o imposible, en cada momento. Y ahí es donde cada uno debe ocupar su sitio, eso sí.

Calabobos

Leyendo esto que ha escrito Luis Mario he recordado que se puede querer a alguien tanto que lo busques sin descanso entre olas que rompen rocas, creyendo, contra la evidencia (quizá no todo es tan evidente), que hay personas más fuertes que las rocas. He descubierto también que el desamparo divino en el que vivimos en el norte puede deberse a que Dios no ve nada desde el cielo, con este cielo siempre nublao. Y he puesto nombre a una de las razones por la que algunos libros se me caen de las manos: supongo que es lo que tienen los libros. Que defienden a los desgraciaos.  Pero hablarles, rara vez.  

Escribir una frase es difícil, pero qué felicidad.

La escuela está para enseñar a escribir. Y la inteligencia artificial generativa está para que te olvides de hacerlo. Quienes dicen que ChatGPT y sus primas nos van a liberar a los humanos de las tareas más tediosas es que consideran que el tedio es algo que nos hace mal. Y el tedio, aburrirse, es, tantas y tantas veces, el escenario en el que nuestra mente acaba atando los cabos que necesita para encontrar sentido a las cosas. Quienes piensan que las actas de las reuniones o los resúmenes de un texto, o de una charla, son ya tareas que pueden delegarse en la IA, olvida defender la grandeza de nuestros trabajos más humanos, que son, primero de todo, leer y escribir. Escribir una frase es difícil, pero qué felicidad, explica Eric Sadin .

Liberar a los hijos de sus padres.

Los padres tenemos la obligación de ir haciéndonos irrelevantes para nuestros hijos e hijas, para que con nosotros solo tengan el deber de cariño, cuando nos hagamos inútiles. Se empieza por liberarlos, como dice Daniel Innerarity, de nuestra presencia monopolística. Por entrar en su cuarto con permiso, aunque el piso sea nuestro. Por dejarle elegir amigos y amigas, la ropa que se va a poner y si se peina con raya o to palante. Por cuestionar su testimonio delante del testimonio contrario del director del colegio. Solo si hacemos todas esas pequeñas cosas, cada una en su momento, no se os ocurrirá llamar a los abogados cristianos, ni a los guerrilleros de Cristo Rey, que vienen siendo lo mismo, en distinta época, cuando os diga que, vencida ya su resistencia toda, decide pedir la eutanasia. Agur, Noelia.

EL CAMINO VERDADERO

Kafka escribió que "el camino verdadero pasa por una cuerda que no está tendida en alto sino a un palmo del suelo. Parece dispuesta más para tropezar con ella que para que se la recorra". Hay personas empeñadas en recorrer esa senda. Se elevan un poco por encima del sitio por el que pisamos las demás y dibujan imágenes como de magia. Son los poetas. Algunos de los que caminan así no suelen escribir en verso. O sí. Y no lo saben.

Si da igual o no da igual, mentira que verdad.

Cuando me dejan hablar suelo decir que la escuela está, entre otras cosas, para enseñar a los niños, a las niñas y a los adolescentes a distinguir la mentira de la verdad.  Pero cuando digo esto delante de profesores y profesoras que ya se han puesto en los ojos la venda de la complejidad (para qué te vas a liar, dicen, si no se puede saber qué es verdad, si es todo muy complejo,...) veo que ponen cara de tanque. Para ellos la realidad ya no es lo que hay, sino una cosa menor. Conviven con las mentiras que les llegan al móvil con una familiaridad tan grande que, fuera de la esfera de lo más personal, acaban aceptando, como dice Iñigo Domínguez , que da igual si algo es verdad o es mentira, que las cosas son verdad si para tí son verdad.  Y de ahí a que el mundo te sea ajeno, solo hay un paso. Y si los maestros y las maestras enseñan el mundo, ya me diréis.