Os voy a decir una cosa que no sé si sabéis: los niños, las niñas y los adolescentes que tenéis en clase están siendo vacunados contra la compasión. Sí. Contra la compasión. A veces, quienes los vacunan son personas antivacunas, sus propios padres y madres, he ahí la paradoja. De lo uno y de lo otro se deriva que muchos de vuestros alumnos y alumnas estén más expuestos a las enfermedades. Y al odio. Y ahí te las apañes con ellos, y con ellas, y con sus progenitores, que suelen saber más que tú de casi todo. Mira que lo he dicho veces: los profesores y las profesoras tenéis que ser contadores de historias. Fijaos qué clarito lo dice Jordi Amat : no hay una contranarrativa convincente que desactive el magnetismo de los discursos del odio en estos tiempos de brutalización de la conversación pública .
En 2019, al terminar su viaje a Japón, los periodistas preguntaron al Papa Francisco qué podía aprender Occidente de los japoneses. Y el Papa contestó que, a lo mejor, podía aprender un poco de poesía. Y obligué a mi memoria a rescatar algunos de los poemas que ella escondió en su caja de los tesoros. Me llevó hasta aquel de León Felipe. Nadie fue ayer, ni va hoy, ni irá mañana hacia Dios por este mismo camino que yo voy. Para cada hombre guarda un rayo nuevo de luz, el sol, y un camino virgen, Dios. Eso es educar: acompañar a los niños, a las niñas y a los adolescentes a encontrar el camino virgen que Dios guarda para cada uno y para cada una. Y esto significa, primero, sacarles de su indiferencia, impedir que se forme en ellos y en ellas esa piel de elefante que tienen las personas a las que les da igual todo, arre que so. Y habrá que hacerlo quitando a la indiferencia la respiración asistida que le dan las pantallas y nuestra falta de atención. Se...