Hay padres y madres obsesionados con la felicidad de sus hijos y de sus hijas. Van por ahí generando ansiedad en todos los que se relacionan con sus vástagos. Los suspensos les frustran, y entonces, ya voy a hablar yo con el tutor . No ser titular el sábado les desmotiva, y entonces, ya voy a hablar yo con el entrenador . Quedarse sin amigos les hace sufrir y entonces, ya voy a hablar con los padres de tus amigos . No pasar una entrevista de selección les hace sentir que no valen para nada, y entonces, ya voy a hablar yo con el de recursos humanos . Deberían hacérselo mirar. O leer a Óscar García Sierra, que hace pensar a Xairu, el personaje de Ropa Tendida , que crecer es una carrera a ver quien se da cuenta antes: tú de que tus padres nunca han sido felices, o ellos de que tú no vas a serlo nunca. Y se les quita la tontería volando.
Leo a Martín Caparrós : pero también se pueden perder los papeles, perder la vergüenza, perder la paciencia, perder los estribos, perder la cabeza, perder la cara, perder la calma, perder el alma, perder el habla, perder la fe, perder las ilusiones, perder la perspectiva, perder la compostura, perder la virginidad, perder el rumbo, perder la razón, perder la honra, perder la inocencia, perder la oportunidad, perder el sentido, perder un hijo, perder un padre o madre, perder el respeto, perder el miedo, perder una carrera, perder la mano, perder pie, perder peso, perder comba, perder aire, perder facultades, perder sangre, perder la vida, perderlo todo, perderse. Y pienso que también se puede perder las formas, perdernos, perder las ganas, perder un amigo, perder la apuesta, perder la orientación, perder el turno, perder el tiempo, perder su silla, perder por goleada, perder el norte, perder la batalla, perderos, perder la vocación, perder la palabra, perder la libertad, perder la memor...