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Liberar a los hijos de sus padres.

Los padres tenemos la obligación de ir haciéndonos irrelevantes para nuestros hijos e hijas, para que con nosotros solo tengan el deber de cariño, cuando nos hagamos inútiles. Se empieza por liberarlos, como dice Daniel Innerarity, de nuestra presencia monopolística. Por entrar en su cuarto con permiso, aunque el piso sea nuestro. Por dejarle elegir amigos y amigas, la ropa que se va a poner y si se peina con raya o to palante. Por cuestionar su testimonio delante del testimonio contrario del director del colegio. Solo si hacemos todas esas pequeñas cosas, cada una en su momento, no se os ocurrirá llamar a los abogados cristianos, ni a los guerrilleros de Cristo Rey, que vienen siendo lo mismo, en distinta época, cuando os diga que, vencida ya su resistencia toda, decide pedir la eutanasia. Agur, Noelia.
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EL CAMINO VERDADERO

Kafka escribió que "el camino verdadero pasa por una cuerda que no está tendida en alto sino a un palmo del suelo. Parece dispuesta más para tropezar con ella que para que se la recorra". Hay personas empeñadas en recorrer esa senda. Se elevan un poco por encima del sitio por el que pisamos las demás y dibujan imágenes como de magia. Son los poetas. Algunos de los que caminan así no suelen escribir en verso. O sí. Y no lo saben.

Si da igual o no da igual, mentira que verdad.

Cuando me dejan hablar suelo decir que la escuela está, entre otras cosas, para enseñar a los niños, a las niñas y a los adolescentes a distinguir la mentira de la verdad.  Pero cuando digo esto delante de profesores y profesoras que ya se han puesto en los ojos la venda de la complejidad (para qué te vas a liar, dicen, si no se puede saber qué es verdad, si es todo muy complejo,...) veo que ponen cara de tanque. Para ellos la realidad ya no es lo que hay, sino una cosa menor. Conviven con las mentiras que les llegan al móvil con una familiaridad tan grande que, fuera de la esfera de lo más personal, acaban aceptando, como dice Iñigo Domínguez , que da igual si algo es verdad o es mentira, que las cosas son verdad si para tí son verdad.  Y de ahí a que el mundo te sea ajeno, solo hay un paso. Y si los maestros y las maestras enseñan el mundo, ya me diréis.

Mira esto.

Muchas personas dicen que no se puede saber lo que pasa en el mundo, porque no hay luz. Y entonces, por mucho que mires, no ves. Y no es así. El problema, como dice Marina Garcés, no es la falta de luz, sino el exceso de lucecitas. ¿Sabes por qué tantas personas permanecen sin decir una palabra, o sin leer una palabra, o sin escribir una palabra, delante de horrores como los de quienes viven en Gaza? Pues, porque hay quien está empeñado en que no se entienda nada, y satura todo de estímulos triviales que dispersan tu atención.  No es que estés rodeado de personas sin conciencia, sino que hay alguien enterrando lo terrible entre mil contenidos banales con los que te reclama la mirada. Nadie nos dice que miremos hacia otro lado, nadie. Pero muchos nos ofrecen otros sitios a los que mirar, y atender. Por eso es muy importante que alguien nos diga, mira aquí, mira esto: Para eso están los maestros, para enseñar a mirar, en condiciones adversas.

Ideas para gestionar la escasez de tiempo.

Nadie tiene tiempo. A todo el mundo le falta. E n 1982, el médico estadounidense Larry Dossey empleó la expresión  «enfermedad del tiempo»  para denominar la creencia obsesiva de que  el tiempo se aleja, de que no lo hay en suficiente cantidad…» Muchas personas en los claustros de profesores y profesoras y en los equipos directivos de los colegios están enfermas de esto. No es verdad que no hay tiempo, pero, como le hacía decir Quino a Felipe, a algunos esa mentira se la respetan . Las enfermedades y las obsesiones, también las del tiempo, se tratan. Y la escasez, también la del tiempo, se gestiona: ¿qué hay que hacer para no perder algo tan escaso como el tiempo? La respuesta la da Albert Camus poniendo en boca de Tarrou, uno de sus personajes en La peste, que todo pasa por " sentirlo en toda su lentitud" . "Medios: pasarse los días en la antesala de un dentista en una silla inconfortable; vivir el domingo en el balcón, por la tarde; oir conferencias en una lengua que...

Un vaso es un vaso, y un plato es un plato.

Muchas veces, delante de los problemas, nos asalta la sensación de que no podemos hacer nada.  Y no es verdad. Podemos ponerles nombre. Debemos ponerles nombre. Aún, como dice el libro de las evidencias, a riesgo de equivocarnos... Conoces el nombre que te dieron, no conoces el nombre que tienes. Llamar a las cosas por su nombre (como intentaba Rajoy, cuando nos explicaba la aspiración a la independencia de tantos catalanes y catalanas diciendo que un vaso es un vaso y un plato es un plato) es algo que se aprende en la escuela, siempre que los maestros y las maestras cumplan su deber de hablar con claridad. Todos nuestros problemas , le dice Tarrou a Rieux, en un diálogo de La peste, provienen de nuestro fracaso a la hora de usar un lenguaje simple y claro .   Porque la escuela, entre otras tareas, tiene la de enseñar a hablar, de manera que sus maestros y sus maestras han de preparar las clases como lo que son, verdaderos actos de comunicación. Y eso empieza por hablar...

Menos cómo y más para qué, y más qué. L´Ecuyer, Vallespín y Habermas

Suele decir Catherine L´Ecuyer que en la escuela hay que huir del cómo y preguntarse más el para qué. Y yo creo que tiene razón. Que, obsesionados por la innovación, por hacerlo distinto, hemos olvidado que la escuela tiene como objetivo de enseñar, transmitir a otras personas en el corto tiempo de la escolarización lo que la Humanidad ha tardado milenios en aprender.  Lo cual nos lleva, antes que al para qué, al qué: de todo lo que la Humanidad ha tardado milenios en aprender, y si todo no cabe, qué es lo que hay que enseñar en la escuela. Qué Historia, por ejemplo, tiene que componer el currículo de la enseñanza obligatoria. Fernando Vallespín nos dice que siempre ha desconfiado "de los análisis históricos que sirven para enseñar la Historia de un país en la escuela", porque suelen servir "como mecanismos de construcción de identidades nacionales". Va a tener razón, también. Al menos, en mi caso: terminé mi escolarización obligatoria en 1978, y en la escuela parr...