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Calabobos

Leyendo esto que ha escrito Luis Mario he recordado que se puede querer a alguien tanto que lo busques sin descanso entre olas que rompen rocas, creyendo, contra la evidencia (quizá no todo es tan evidente), que hay personas más fuertes que las rocas. He descubierto también que el desamparo divino en el que vivimos en el norte puede deberse a que Dios no ve nada desde el cielo, con este cielo siempre nublao. Y he puesto nombre a una de las razones por la que algunos libros se me caen de las manos: supongo que es lo que tienen los libros. Que defienden a los desgraciaos.  Pero hablarles, rara vez.  
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Escribir una frase es difícil, pero qué felicidad.

La escuela está para enseñar a escribir. Y la inteligencia artificial generativa está para que te olvides de hacerlo. Quienes dicen que ChatGPT y sus primas nos van a liberar a los humanos de las tareas más tediosas es que consideran que el tedio es algo que nos hace mal. Y el tedio, aburrirse, es, tantas y tantas veces, el escenario en el que nuestra mente acaba atando los cabos que necesita para encontrar sentido a las cosas. Quienes piensan que las actas de las reuniones o los resúmenes de un texto, o de una charla, son ya tareas que pueden delegarse en la IA, olvida defender la grandeza de nuestros trabajos más humanos, que son, primero de todo, leer y escribir. Escribir una frase es difícil, pero qué felicidad, explica Eric Sadin .

Liberar a los hijos de sus padres.

Los padres tenemos la obligación de ir haciéndonos irrelevantes para nuestros hijos e hijas, para que con nosotros solo tengan el deber de cariño, cuando nos hagamos inútiles. Se empieza por liberarlos, como dice Daniel Innerarity, de nuestra presencia monopolística. Por entrar en su cuarto con permiso, aunque el piso sea nuestro. Por dejarle elegir amigos y amigas, la ropa que se va a poner y si se peina con raya o to palante. Por cuestionar su testimonio delante del testimonio contrario del director del colegio. Solo si hacemos todas esas pequeñas cosas, cada una en su momento, no se os ocurrirá llamar a los abogados cristianos, ni a los guerrilleros de Cristo Rey, que vienen siendo lo mismo, en distinta época, cuando os diga que, vencida ya su resistencia toda, decide pedir la eutanasia. Agur, Noelia.

EL CAMINO VERDADERO

Kafka escribió que "el camino verdadero pasa por una cuerda que no está tendida en alto sino a un palmo del suelo. Parece dispuesta más para tropezar con ella que para que se la recorra". Hay personas empeñadas en recorrer esa senda. Se elevan un poco por encima del sitio por el que pisamos las demás y dibujan imágenes como de magia. Son los poetas. Algunos de los que caminan así no suelen escribir en verso. O sí. Y no lo saben.

Si da igual o no da igual, mentira que verdad.

Cuando me dejan hablar suelo decir que la escuela está, entre otras cosas, para enseñar a los niños, a las niñas y a los adolescentes a distinguir la mentira de la verdad.  Pero cuando digo esto delante de profesores y profesoras que ya se han puesto en los ojos la venda de la complejidad (para qué te vas a liar, dicen, si no se puede saber qué es verdad, si es todo muy complejo,...) veo que ponen cara de tanque. Para ellos la realidad ya no es lo que hay, sino una cosa menor. Conviven con las mentiras que les llegan al móvil con una familiaridad tan grande que, fuera de la esfera de lo más personal, acaban aceptando, como dice Iñigo Domínguez , que da igual si algo es verdad o es mentira, que las cosas son verdad si para tí son verdad.  Y de ahí a que el mundo te sea ajeno, solo hay un paso. Y si los maestros y las maestras enseñan el mundo, ya me diréis.

Mira esto.

Muchas personas dicen que no se puede saber lo que pasa en el mundo, porque no hay luz. Y entonces, por mucho que mires, no ves. Y no es así. El problema, como dice Marina Garcés, no es la falta de luz, sino el exceso de lucecitas. ¿Sabes por qué tantas personas permanecen sin decir una palabra, o sin leer una palabra, o sin escribir una palabra, delante de horrores como los de quienes viven en Gaza? Pues, porque hay quien está empeñado en que no se entienda nada, y satura todo de estímulos triviales que dispersan tu atención.  No es que estés rodeado de personas sin conciencia, sino que hay alguien enterrando lo terrible entre mil contenidos banales con los que te reclama la mirada. Nadie nos dice que miremos hacia otro lado, nadie. Pero muchos nos ofrecen otros sitios a los que mirar, y atender. Por eso es muy importante que alguien nos diga, mira aquí, mira esto: Para eso están los maestros, para enseñar a mirar, en condiciones adversas.

Ideas para gestionar la escasez de tiempo.

Nadie tiene tiempo. A todo el mundo le falta. E n 1982, el médico estadounidense Larry Dossey empleó la expresión  «enfermedad del tiempo»  para denominar la creencia obsesiva de que  el tiempo se aleja, de que no lo hay en suficiente cantidad…» Muchas personas en los claustros de profesores y profesoras y en los equipos directivos de los colegios están enfermas de esto. No es verdad que no hay tiempo, pero, como le hacía decir Quino a Felipe, a algunos esa mentira se la respetan . Las enfermedades y las obsesiones, también las del tiempo, se tratan. Y la escasez, también la del tiempo, se gestiona: ¿qué hay que hacer para no perder algo tan escaso como el tiempo? La respuesta la da Albert Camus poniendo en boca de Tarrou, uno de sus personajes en La peste, que todo pasa por " sentirlo en toda su lentitud" . "Medios: pasarse los días en la antesala de un dentista en una silla inconfortable; vivir el domingo en el balcón, por la tarde; oir conferencias en una lengua que...