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Pensar, leer y escribir

Hoy me encuentro con diez profesores y profesoras que hace poco que se han incorporado a una escuela en una antigua zona minera. He preparado una sesión para escucharles hablar de dónde están, de dónde vienen y a dónde van, porque entiendo que la salud del proyecto al que se han incorporado depende de su salud. Ellos y ellas entran cada día en las aulas, tratan con niños, niñas, madres y padres, y enseñan cosas. ¿Qué cosas? Esa es una buena pregunta. Me la voy a apuntar. Esta mañana, cuando termino de preparar este tiempo de trabajo, leo en CTXT que Mark Bray, profesor universitario, historiador y ensayista, dice que su trabajo consiste en conseguir que sus alumnos piensen, lean y escriban. ¿Sobre qué? Esta me la sé. Sobre el mundo. ¿Sobre qué, si no?
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Hay que leer.

Los resultados de PISA dejan en mal lugar al sistema educativo de un país, porque revelan que los alumnos y las alumnas no comprenden lo que leen. En la primera sesión del Parlamento de ese país, el presidente se dirige a los diputados y a las diputadas para decirles que su gobierno ha decidido establecer un tiempo diario dedicado a la lectura en todas las etapas educativas. Al parecer, en su diagnóstico, la responsable del problema es la escuela. En su opinión, los demás no educan. Sus padres no educan, los medios no educan, nadie más educa en la tribu, solo la escuela. Por la tarde, las palabras del presidente llegan a la sesión del claustro. - Ya habéis oído, dice el Jefe de Estudios, que hay que establecer un tiempo diario dedicado a la lectura en todas las etapas educativas. - Pero si ya tenemos el Plan Lector, dice uno. - No vale, eso lleva diez años y los resultados de PISA dicen que hay que leer más.  - Y mejor. - Pero esto los de lenguas, ¿no? ¿Qué vamos a leer en Matemáti...

Los profesores valientes

Leo a Gonçalo Tavares en el EPS: hace poco tiempo me di cuenta de que soy escritor por algo que ocurrió en 1952, mucho antes de yo nacer. Mi madre era profesora de Matemáticas y pertenecía a una clase media de Aveiro. Mi padre era de una familia bastante pobre, mi abuelo era un policía viudo con tres hijos. A los quince años mi padre fue elegido mejor alumno de Portugal y representó al país en Naciones Unidas en Nueva York. Cuando terminó la cuarta clase, con diez años, mi abuelo quería que trabajase en el campo. Sus profesores fueron a convencerle de que tenía que estudiar. Estoy eternamente agradecido a aquellos profesores insistentes frente a un abuelo muy terco que era policía y estaba armado. Los profesores fueron valientes (...) Es evidente que soy escritor porque en 1952 unos profesores hicieron aquello.

El caldo gordo a la IA, en la escuela.

El mismo día en que los resultados de PISA dicen que los chicos y las chicas no comprenden lo que leen fuera de las pantalla de sus móviles, el mismo día en el que Jacob Coxon deja su trabajo en Anthropic porque escucha a sus jefes, en conversaciones privadas, que alguna IA nacida de la automejora recursiva (IAs que entrenan IAs) podría matarnos a todos antes del final de la década (la década acaba dentro de tres años), a las mismas horas a las que en la escuela tendríamos que  estar preguntándonos cómo presentar una resistencia cívica a la expansión incontrolada de la superinteligencia que auspician los ingenieros del caos, editoriales vinculadas a la escuela católica les hacen el caldo gordo y me escriben diciendo que la IA está transformando la educación y que ChatGPT, Copilot y Gemini ya forman parte del día a día de muchos docentes, abriendo nuevas posibilidades para enseñar, aprender e innovar. Poco nos pasa.

La IA, a lo suyo.

En la escuela, algunos compañeros y compañeras tienen la preocupación de que los alumnos y las alumnas utilicen la IA para que les haga los deberes. Como lo saben, las editoriales que nos venden los libros nos regalan formación, es su marketing, para que estemos preparados y que no puedan engañarnos con el móvil.  Una vez un gurú nos habló a todo el claustro de profesores y profesoras sobre cómo eludir el riesgo. La charla duró tres horas y salimos empoderados: ahora sí que no nos la van a dar con queso, decían los más idiotas. Mientras, los ingenieros del caos van con la IA a lo suyo, transformando el mundo que habitamos los maestros, y que debiéramos enseñar, si no estuviésemos tan ocupados corrigiendo deberes. Las tecnologías del siglo XX y XXI han llevado a que la probabilidad p(algún desastre) supere el 90%, y a que la probabilidad p(catástrofe) sea incalculable , por miedo, más que nada. Está ahí sentado, detrás de un pupitre, en clase, e l que aportará la idea para paliar el...

El final de una historia disparatada.

Olvídate de la redacción titulada "mis vacaciones" y pídeles que escriban el final de una historia disparatada. Por ejemplo, que un repartidor de Amazon, mientras conducía su vehículo de trabajo por los Montes de Toledo, ve un león en la carretera, da el aviso a las autoridades, he visto un león, un qué, un león, y cómo sabe que era un león, por la melena, no sería un perro mastín tibetano, hombre, que un león es un león, ah, bueno, y entonces policía nacional, guardia civil, la UME, protección civil, los municipales de tres pueblos, los bomberos especialistas en bajar gatos de los árboles del Paseo Recoletos y voluntarios venidos de distintos lugares se movilizan para buscarlo, hasta que, al cabo de cinco días, y sin ver caca de gran felino ni pelo de melena por ningún lado, dicen a los vecinos que salgan de sus casas y dejan de buscar un león por los Montes de Toledo porque ha debido ser una falsa alarma.

Propuesta para la vuelta de vacaciones

Propuesta para la primera clase a la vuelta de vacaciones. Válida para clase de Lengua, Ética, Conocimiento del Medio, Conocimiento del Extremo, o Biología. Pregunta a los alumnos y alumnas: ¿Qué pasaría en el mundo si los ministros dijeran cosas como estas? Respuesta correcta 1: nada. Respuesta correcta 2: no hay respuesta correcta. Lo correcto es la pregunta.