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Si da igual o no da igual, mentira que verdad.

Cuando me dejan hablar suelo decir que la escuela está, entre otras cosas, para enseñar a los niños, a las niñas y a los adolescentes a distinguir la mentira de la verdad.  Pero cuando digo esto delante de profesores y profesoras que ya se han puesto en los ojos la venda de la complejidad (para qué te vas a liar, dicen, si no se puede saber qué es verdad, si es todo muy complejo,...) veo que ponen cara de tanque. Para ellos la realidad ya no es lo que hay, sino una cosa menor. Conviven con las mentiras que les llegan al móvil con una familiaridad tan grande que, fuera de la esfera de lo más personal, acaban aceptando, como dice Iñigo Domínguez , que da igual si algo es verdad o es mentira, que las cosas son verdad si para tí son verdad.  Y de ahí a que el mundo te sea ajeno, solo hay un paso. Y si los maestros y las maestras enseñan el mundo, ya me diréis.
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Mira esto.

Muchas personas dicen que no se puede saber lo que pasa en el mundo, porque no hay luz. Y entonces, por mucho que mires, no ves. Y no es así. El problema, como dice Marina Garcés, no es la falta de luz, sino el exceso de lucecitas. ¿Sabes por qué tantas personas permanecen sin decir una palabra, o sin leer una palabra, o sin escribir una palabra, delante de horrores como los de quienes viven en Gaza? Pues, porque hay quien está empeñado en que no se entienda nada, y satura todo de estímulos triviales que dispersan tu atención.  No es que estés rodeado de personas sin conciencia, sino que hay alguien enterrando lo terrible entre mil contenidos banales con los que te reclama la mirada. Nadie nos dice que miremos hacia otro lado, nadie. Pero muchos nos ofrecen otros sitios a los que mirar, y atender. Por eso es muy importante que alguien nos diga, mira aquí, mira esto: Para eso están los maestros, para enseñar a mirar, en condiciones adversas.

Ideas para gestionar la escasez de tiempo.

Nadie tiene tiempo. A todo el mundo le falta. E n 1982, el médico estadounidense Larry Dossey empleó la expresión  «enfermedad del tiempo»  para denominar la creencia obsesiva de que  el tiempo se aleja, de que no lo hay en suficiente cantidad…» Muchas personas en los claustros de profesores y profesoras y en los equipos directivos de los colegios están enfermas de esto. No es verdad que no hay tiempo, pero, como le hacía decir Quino a Felipe, a algunos esa mentira se la respetan . Las enfermedades y las obsesiones, también las del tiempo, se tratan. Y la escasez, también la del tiempo, se gestiona: ¿qué hay que hacer para no perder algo tan escaso como el tiempo? La respuesta la da Albert Camus poniendo en boca de Tarrou, uno de sus personajes en La peste, que todo pasa por " sentirlo en toda su lentitud" . "Medios: pasarse los días en la antesala de un dentista en una silla inconfortable; vivir el domingo en el balcón, por la tarde; oir conferencias en una lengua que...

Un vaso es un vaso, y un plato es un plato.

Muchas veces, delante de los problemas, nos asalta la sensación de que no podemos hacer nada.  Y no es verdad. Podemos ponerles nombre. Debemos ponerles nombre. Aún, como dice el libro de las evidencias, a riesgo de equivocarnos... Conoces el nombre que te dieron, no conoces el nombre que tienes. Llamar a las cosas por su nombre (como intentaba Rajoy, cuando nos explicaba la aspiración a la independencia de tantos catalanes y catalanas diciendo que un vaso es un vaso y un plato es un plato) es algo que se aprende en la escuela, siempre que los maestros y las maestras cumplan su deber de hablar con claridad. Todos nuestros problemas , le dice Tarrou a Rieux, en un diálogo de La peste, provienen de nuestro fracaso a la hora de usar un lenguaje simple y claro .   Porque la escuela, entre otras tareas, tiene la de enseñar a hablar, de manera que sus maestros y sus maestras han de preparar las clases como lo que son, verdaderos actos de comunicación. Y eso empieza por hablar...

Menos cómo y más para qué, y más qué. L´Ecuyer, Vallespín y Habermas

Suele decir Catherine L´Ecuyer que en la escuela hay que huir del cómo y preguntarse más el para qué. Y yo creo que tiene razón. Que, obsesionados por la innovación, por hacerlo distinto, hemos olvidado que la escuela tiene como objetivo de enseñar, transmitir a otras personas en el corto tiempo de la escolarización lo que la Humanidad ha tardado milenios en aprender.  Lo cual nos lleva, antes que al para qué, al qué: de todo lo que la Humanidad ha tardado milenios en aprender, y si todo no cabe, qué es lo que hay que enseñar en la escuela. Qué Historia, por ejemplo, tiene que componer el currículo de la enseñanza obligatoria. Fernando Vallespín nos dice que siempre ha desconfiado "de los análisis históricos que sirven para enseñar la Historia de un país en la escuela", porque suelen servir "como mecanismos de construcción de identidades nacionales". Va a tener razón, también. Al menos, en mi caso: terminé mi escolarización obligatoria en 1978, y en la escuela parr...

La educación, o su ausencia.

Está muy extendido no llamar a las faltas de respeto por su nombre y echar la culpa a los demás de tener la piel muy fina o de no salir de casa suficientemente llorados. Que algunos diputados y diputadas se comportan con poca educación en el desempeño de sus funciones parlamentarias es una evidencia. Viendo algunas sesiones del Congreso, uno prefiere estar en tercero de la ESO un viernes a las tres y media de la tarde en verano en Sevilla que ser Francina Armengol.  Pero cuando el diputado es además vicesecretario de Educación de un partido político, y se comporta, también fuera del hemiciclo, sin educación, ya no sé qué quiere decir ese partido cuando dice educación. Y cuando el mismo vicesecretario de Educación de ese partido político, con el respaldo de sus jefes y de sus jefas, dice que a quienes nos parece mal que se comporte de manera poco educada es que nos falta sentido del humor, me pregunto dónde tienen él, y los que le ríen las "gracias", el suyo. De todas formas, ...

Ojo con el Anticristo

Cuando en la escuela o en casa sonaba un craasssh, y aparecía tu madre o tu maestro preguntando al colectivo de rostros infantiles de ojos como platos quién lo ha roto, varios brazos se levantaban y los índices señalaban a otro que no era uno, el cual, los cuáles, se defendían con el clásico yo no he sido . Cuando es un misil el que mata a 128 niñas y 14 maestros y maestras en una escuela de Irán y miles de índices señalan a Trump, o a Hegseth, o a Rubio, éstos levantan el suyo señalando a la IA, la cual, como no tiene índice (todavía), no puede señalar a los otros, y se come el marrón, y los otros se quedan tan tranquilos. La IA de los EE.UU. se la compra el Pentágono a Palantir, cuyo dueño, Peter Thiel, anda estos días en Roma haciendo caja (las invitaciones a sus conferencias son exclusivas, y ni tú ni yo podríamos pagarnos la entrada) impartiendo un curso sobre el Anticristo. Su tesis es que hay que destruir la realidad donde crece "el enemigo", y que esa realidad es la d...