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Entradas

No se van a ordenar solas las cosas

El último de los relatos de "No se van a ordenar solas las cosas", comienza con un hombre de ochenta años sentado en la cocina de su casa frente a la lavadora estropeada. Por su voz, Nuria Labari nos dice que no se siente capaz de afrontar esta lucha a muerte con lo cotidiano, esta rebelión de los objetos, esta complicación constante de la vida por culpa de la tecnología . ¿Cuándo compramos el relato de que las máquinas creadas por las personas nos iban a librar de nuestra fragilidad de personas, que podríamos todo, que superaríamos, uno detrás de otro, todos los límites, que, tarde o temprano, idearíamos una app para cada situación, que no habría nada que un móvil con conexión a internet no pudiese solucionar? Luego se te estropea la lavadora y no sabes dónde has puesto la garantía. O lo sabes, pero tu cuerpo de ochenta años no está para subir al altillo en el que están esos papeles. Que la tecnología iba a liberarnos de toda fragilidad es una ilusión, solo eso. No reconocer...
Entradas recientes

Contranarrar

Os voy a decir una cosa que no sé si sabéis: los niños, las niñas y los adolescentes que tenéis en clase están siendo vacunados contra la compasión.  Sí. Contra la compasión. A veces, quienes los vacunan son personas antivacunas, sus propios padres y madres, he ahí la paradoja. De lo uno y de lo otro se deriva que muchos de vuestros alumnos y alumnas estén más expuestos a las enfermedades. Y al odio.  Y ahí te las apañes con ellos, y con ellas, y con sus progenitores, que suelen saber más que tú de casi todo. Mira que lo he dicho veces: los profesores y las profesoras tenéis que ser contadores de historias. Fijaos qué clarito lo dice Jordi Amat : no hay una contranarrativa convincente que desactive el magnetismo de los discursos del odio   en estos tiempos de brutalización de la conversación pública .

El viento

En 2019, al terminar su viaje a Japón, los periodistas preguntaron al Papa Francisco qué podía aprender Occidente de los japoneses. Y el Papa contestó que, a lo mejor, podía aprender un poco de poesía. Y obligué a mi memoria a rescatar algunos de los poemas que ella escondió en su caja de los tesoros. Me llevó hasta aquel de León Felipe. Nadie fue ayer, ni va hoy, ni irá mañana hacia Dios por este mismo camino que yo voy. Para cada hombre guarda un rayo nuevo de luz, el sol, y un camino virgen, Dios. Eso es educar: acompañar a los niños, a las niñas y a los adolescentes a encontrar el camino virgen que Dios guarda para cada uno y para cada una. Y esto significa, primero,   sacarles de su indiferencia,  impedir que se forme en ellos y en ellas esa piel de elefante que tienen las personas a las que les da igual todo, arre que so. Y habrá que hacerlo quitando a la indiferencia la respiración asistida que le dan las pantallas y nuestra falta de atención. Se...

La discreción como valor imbatible

Hay algunos valores que son pequeños, en comparación con otros. Al lado de la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político, que sustentan desde 1978 la convivencia entre españoles, valores como la humildad, la discreción o el respeto tienen la apariencia de jugar todavía en tercera regional.  La caracola vampiro, elegida molusco del año en 2026, es un ejemplo de discreción en el fondo marino, de la que debieran aprender los seres humanos cotillas, chafarderos o divulgadores de bulos, medias verdades o medias mentiras, que tanto proliferan. Iñigo Dominguez nos describe su comportamiento : repta por el fondo del mar, se acerca a un pez mientras duerme, le chupa un poquito de sangre y luego se va . La discreción está dejando de ser un valor pequeño para convertirse en una forma de resistencia frente a esa manera de vivir y trabajar ruidosa, en la que las cosas no son si no son visibles, en la que las noticias no son noticias si no son virales y en la que nada es si no e...

Leer, para viajar a la Luna

Muchos niños y muchas niñas quieren ser astronautas. En realidad, todas las personas hemos querido serlo en algún momento de nuestra vida. ¿Será por ver lo que nadie puede ver, por mucho que se aleje, o que se acerque, por muy alto que esté el mirador que nos pongan? ¿Será por escuchar el silencio que nadie puede escuchar, por más que te alejes del ruido, porque siempre hay seres, y cosas, que hacen otros ruidos? ¿Será por sentir lo que nadie puede sentir, sometidos todos a la misma ley de la gravedad que nos dicta a que altura del suelo caminar? Pues las tres cosas se pueden entrenar sin necesidad de entrar en el programa espacial de la NASA: ver lo que nadie ve, escuchar lo que nadie escucha y sentir lo que otros no pueden sentir. Solo hay que leer. Y se enseña en la escuela.

Tarea urgente: sacar a algunos padres y madres de la escuela.

La misma madre que se quejaba a gritos en el patio de que a su hija de cinco años le pegaba "una negra" (que también tenía 5 años) denunció al colegio por daños, y ganó. En su columna del día 26 de abril,  Elvira Lindo se pregunta por qué  el sistema educativo no asume la tarea urgente de igualar desde la infancia. Pues porque no es necesario, me encontré pensando. Porque eso es tan fácil de hacer que no es ni tarea. Los niños y las niñas no ven diferencia donde sus padres y madres sí la ven. Y a lo mejor es porque, como escribía Muriel Barbery en La elegancia del erizo, los niños y las niñas  huelen bajo la cáscara de las conveniencias la verdadera textura de la que están hechos los seres. La tarea urgente de verdad (y triste, también) es la de separar a muchos padres y a muchas madres de la escuela, para permitir que ésta sea lo que tiene que ser, y que tan bien explica siempre Daniel Innerarity: un tiempo y un lugar que aleje a los niños y a las niñas de los suyos y qu...

Escribir un diario es un acto de amor a la lentitud.

Cada momento es el comienzo de varias historias. Pero saber qué es eso que está comenzando exige atención. Pararse. Pararse cuesta: son malos tiempos para la lentitud. Y uno no puede pararse si no ama la lentitud, aunque sea un poquito. A amar la lentitud de aprende practicándola. Escribir es un acto de amor a la lentitud, y se enseña en la escuela. Los buenos maestros y las buenas maestras te piden que escribas lo que estás pensando ahora, o lo que te sugiere esta imagen... ... o un final para la historia que te cuentan. Y te animan a escribir un diario. O un semanario. O cualquier "ario" que te haga fijarte en por dónde vas, buscando palabras que nombren lo que ves, lo que oyes y lo que sientes.