Hoy me encuentro con diez profesores y profesoras que hace poco que se han incorporado a una escuela en una antigua zona minera. He preparado una sesión para escucharles hablar de dónde están, de dónde vienen y a dónde van, porque entiendo que la salud del proyecto al que se han incorporado depende de su salud. Ellos y ellas entran cada día en las aulas, tratan con niños, niñas, madres y padres, y enseñan cosas. ¿Qué cosas? Esa es una buena pregunta. Me la voy a apuntar. Esta mañana, cuando termino de preparar este tiempo de trabajo, leo en CTXT que Mark Bray, profesor universitario, historiador y ensayista, dice que su trabajo consiste en conseguir que sus alumnos piensen, lean y escriban. ¿Sobre qué? Esta me la sé. Sobre el mundo. ¿Sobre qué, si no?
Los resultados de PISA dejan en mal lugar al sistema educativo de un país, porque revelan que los alumnos y las alumnas no comprenden lo que leen. En la primera sesión del Parlamento de ese país, el presidente se dirige a los diputados y a las diputadas para decirles que su gobierno ha decidido establecer un tiempo diario dedicado a la lectura en todas las etapas educativas. Al parecer, en su diagnóstico, la responsable del problema es la escuela. En su opinión, los demás no educan. Sus padres no educan, los medios no educan, nadie más educa en la tribu, solo la escuela. Por la tarde, las palabras del presidente llegan a la sesión del claustro. - Ya habéis oído, dice el Jefe de Estudios, que hay que establecer un tiempo diario dedicado a la lectura en todas las etapas educativas. - Pero si ya tenemos el Plan Lector, dice uno. - No vale, eso lleva diez años y los resultados de PISA dicen que hay que leer más. - Y mejor. - Pero esto los de lenguas, ¿no? ¿Qué vamos a leer en Matemáti...