Cada momento es el comienzo de varias historias. Pero saber qué es eso que está comenzando exige atención. Pararse.
Pararse cuesta: son malos tiempos para la lentitud. Y uno no puede pararse si no ama la lentitud, aunque sea un poquito.
A amar la lentitud de aprende practicándola.
Escribir es un acto de amor a la lentitud, y se enseña en la escuela. Los buenos maestros y las buenas maestras te piden que escribas lo que estás pensando ahora, o lo que te sugiere esta imagen...

... o un final para la historia que te cuentan.
Y te animan a escribir un diario. O un semanario. O cualquier "ario" que te haga fijarte en por dónde vas, buscando palabras que nombren lo que ves, lo que oyes y lo que sientes.
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