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El paradigma del profesor y maestro: un ser apasionado


La pasión es una manera de vivir. Una forma de abordar las tareas en las que uno se empeña. desde las más importantes, como comprar el pan, y el periódico, hasta las más sencillas, como limpiarse los zapatos.

En un profesor, o en una profesora, la pasión empieza por entender su trabajo como parte del proyecto que es su vida. En esa medida, el trabajo no es trabajo, solo, sino horizonte de sentido. Un lugar, un tiempo y un espacio donde cada día se juegan cosas importantes.

La pasión es una cosa que te come por dentro, que alimenta el inconformismo, las ganas de mejorar y el interés por la formación.

La pasión es un salvavidas que ayuda a leer las dificultades como un estímulo para la superación.

Hace unos meses Juan Maria Uriarte, obispo de San Sebastián, hablaba en Bilbao de la manera cristiana de transformar en la Escuela. Nos decía que consiste en insuflar los valores humanos y cristianos promovidos por el Evangelio. Y refiriéndose al de la paz, subrayaba no tanto el valor en sí, sino la manera en que las personas nos vinculamos a él: apasionadamente. Lo hacía con estas palabras: Cada época de la historia es sensible a unos valores y reluctante a otros. Hoy tienen nombre y, al menos, «suenan bien» valores como la libertad, la justicia, la solidaridad, la igualdad, la paz y la tolerancia. Es preciso reforzarlos, decantarlos para que sean comprendidos según el Evangelio y proponerlos al alumnado para que los encarne en su conducta concreta. Quiero aludir expresamente a uno de ellos: la pasión por la paz. No solo por la paz política, sino también por la interior, familiar, grupal y social. Requiere algo más que alusiones esporádicas o campañas anuales. Entraña la creación de un talante de paz interior, el análisis de los diferentes conflictos que se presentan en nuestra vida, la interiorización del mensaje humano y cristiano de la paz, el duro trabajo de ir gestando actitudes pacíficas y pacificadoras, el descubrimiento de la reconciliación y del perdón recibido y ofrecido, la realización de algunos compromisos en favor de la paz. Nada.

Lo que es la pasión lo canta mejor Silvio Rodríguez: debes amar la arcilla que va en tus manos, debes amar su arena hasta la locura. Y si no, no la emprendas que será en vano. Amar hasta la locura. Pues eso.

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