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Perdedores

Escucho a Jaime Moreno decir que aquí (aquí es aquí, donde estamos nosotros)  todo se centra en el éxito, en los ganadores, pero que su vocación es la de estar con aquellos que no le interesan a nadie. Dice que lo que le motiva es estar trabajando con los perdedores.

Me vienen a la memoria el bachillerato de excelencia que se inventó Esperanza Aguirre -los buenos estudiantes con los buenos estudiantes y los otros con los otros-, las quejas de los profesores cuando les toca ser tutores de cursos malos (?) y los veredictos de fracaso escolar de las sesiones de evaluación.


No es habitual llamar a la puerta del despacho de Dirección y decir aquello de "este curso del que nadie quiere ser tutor, pónmelo a mí, que yo me crezco ante las dificultades". De esas personas me acuerdo, por lo insólito de su demanda. También me acuerdo de que había muchas personas todos los años demandando lo contrario.

Y me pregunto qué motiva a la escuela cristiana a seguir siendo escuela, y cristiana, si no es compensar a los niños perdedores por todo lo que perdieron sin haber apostado.

Y me pregunto también cómo habrán de ser los profesores que trabajen en esa escuela. Y cuánto les tiene que motivar estar con esos niños.

Comentarios

  1. Yo nunca seré tutora de un grupo malo. No.Porque si es mi grupo, para mi será un gran grupo. No creo que haya otra manera de ser tutor.
    Me niego a pensar que existan los perdedores de 13 años y me niego a que ellos mismos lo crean así.
    Por esa razón, en los dos años que llevo con mi grupo (en el que seguro hay quien ve algunos perdedores)he intentado que aprendamos juntos que en este juego de la vida nos van tocando buenas o malas cartas, pero que lo importante es aprender a jugarlas.
    Hay a quien claramente le tocaron buenas cartas y no sabe aprovecharlas,y también hay quien ya con 13 años trae unas cuantas malas y está a punto de tirar por el camino de las trampas.
    Con unos y otros yo intento compartir todas las buenas jugadas que conozco porque, aunque sea difícil, creo que la educación no puede etiquetar perdedores y ellos no pueden aceptar la etiqueta.

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