Esto no se resuelve con un deberes sí - deberes no. Sino con un no a los deberes - castigo ("como no habéis hecho nada, para mañana los problemas 6 a 25 de la página 136"), con un no a los deberes - horas-extra ("o trabajáis en casa o no acabamos el programa"), con un no a los deberes - mi-asignatura-es-la-mas-importante ("las matemáticas no se aprenden si no les dedicáis un rato diario de trabajo en casa"). Y con un si a los deberes -qué-ganas-tengo-de-llegar-a-casa, que son aquellos en los que cada alumno dedica ratos de su tiempo a leer ("si así es lo que hemos leído en clase, cómo será la novela entera"), a trastear en internet tratando de averiguar quién era quien en la Segunda Guerra Mundial, o a pintar con los rotus que le trajeron los Reyes (¿por qué nunca tienen deberes de Plástica o de Tecnología?).
¿Os imagináis un Colegio desde el que, con el paisaje de fondo de las torres de la Catedral, enseñen a los niños a vivir y a convivir y a disfrutar aprendiendo, con vocación y profesionalidad de las de enmarcar? Pues eso es el Colegio La Visitación de Nuestra Señora. El Colegio "Saldaña" de toda la vida. En Burgos, claro. El pasado miércoles iba yo hasta allá con la idea de aprovechar la visita para comer unas morcillitas en la capital gastronómica española 2013, y me encontré con cuarenta y tantos profesores empeñados, desde el primer día de clase del año nuevo, en ser mejores profesionales cada día, haciendo de cada alumno el centro de sus preocupaciones. Y con un Equipo Directivo que para sí quisiera el BBVA. Volví a mi casa con las pilas cargadas de ilusión, y con ganas de volver. Por las morcillas, también. Pero sobre todo, por ellos.
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