Olvídate de la redacción titulada "mis vacaciones" y pídeles que escriban el final de una historia disparatada. Por ejemplo, que un repartidor de Amazon, mientras conducía su vehículo de trabajo por los Montes de Toledo, ve un león en la carretera, da el aviso a las autoridades, he visto un león, un qué, un león, y cómo sabe que era un león, por la melena, no sería un perro mastín tibetano, hombre, que un león es un león, ah, bueno, y entonces policía nacional, guardia civil, la UME, protección civil, los municipales de tres pueblos, los bomberos especialistas en bajar gatos de los árboles del Paseo Recoletos y voluntarios venidos de distintos lugares se movilizan para buscarlo, hasta que, al cabo de cinco días, y sin ver caca de gran felino ni pelo de melena por ningún lado, dicen a los vecinos que salgan de sus casas y dejan de buscar un león por los Montes de Toledo porque ha debido ser una falsa alarma.
¿Os imagináis un Colegio desde el que, con el paisaje de fondo de las torres de la Catedral, enseñen a los niños a vivir y a convivir y a disfrutar aprendiendo, con vocación y profesionalidad de las de enmarcar? Pues eso es el Colegio La Visitación de Nuestra Señora. El Colegio "Saldaña" de toda la vida. En Burgos, claro. El pasado miércoles iba yo hasta allá con la idea de aprovechar la visita para comer unas morcillitas en la capital gastronómica española 2013, y me encontré con cuarenta y tantos profesores empeñados, desde el primer día de clase del año nuevo, en ser mejores profesionales cada día, haciendo de cada alumno el centro de sus preocupaciones. Y con un Equipo Directivo que para sí quisiera el BBVA. Volví a mi casa con las pilas cargadas de ilusión, y con ganas de volver. Por las morcillas, también. Pero sobre todo, por ellos.
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