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el paradigma del maestro: el buen rollo con los padres y las madres

Decía Michael Levine que tener un hijo no lo convierte a uno en padre, de la misma manera que tener un piano no lo convierte en pianista. Es cierto que meten la pata. Y que gastan demasiada energía en el control. Hablaba el otro día Javier Urra de los padres helicóptero , que se pasan el día sobrevolando por encima de los hijos para mantener el control de la situación. De los padres helicóptero son una variedad los padres-a-pie-de-tobogán , cuando los hijos son pequeños y juegan en los parques infantiles, y los padres anti - trauma que tan bonito dibuja Forges, cuando estos van haciéndose mayores. Pero no podemos encerrarnos los maestros en añorar no se qué momento de la historia en el que recibíamos consideración, sencillamente porque la mayoría de los que ahora entramos en las clases no lo vivimos. Y sin embargo, sí he visto a muchos docentes querer ser los reyes y las reinas de ese pequeño mundo imaginario que es el aula. Necesitamos un baño de realidad, abandonar juicios y prejuic...

el paradigma del profesor y del maestro: al cabo de la vida

No sé quien me lo enseñó, pero lo aprendí, que el pan y el periódico satisfacen una misma necesidad primaria. Hace tiempo que no como pan y que leo el periódico a través de internet, pero es lo que veo los domingos por la mañana cuando voy a por los bollos del desayuno: gente mayor con el pan y el periódico. Uno te pone el estómago en su sitio, y el otro el resto del cuerpo. Del soy yo te das cuenta al levantarte, o un rato después. Del estoy aquí te da cuenta el periódico. Los expertos nutricionales esos que crecen como setas dicen que desayunar mal debería constituir un ilicito penal y ser severamente castigado. Elogio del pan, tostado con mantequilla, y mejor para los panaderos. Pero no oigo a ningún pedagogo decir que no se puede entrar al aula sin haber leído el periódico de hoy. Pero si no lo has leído, ¿cómo vas a saber que el mundo que quieres que conozcan y que amen sigue ahí? Hay noches que al rezar el padrenuestro pido a Dios el periódico en lugar del pan. Pero es que hac...

el paradigma del profesor y del maestro: la discreción

Mi animadversión por la clase médica es tal que rebusco en sus escritos para encontrarles en renuncio. La primera en la frente. Descubrí que cuando empiezan a ejercer juran, entre otras cosas, guardar silencio sobre todo aquello que, en su profesión, o fuera de ella, oiga o vea en la vida de los hombres que no deba ser público, manteniendo estas cosas de manera que no se pueda hablar de ellas . En los últimos años, la sociedad ha decidido proteger especialmente los datos de las personas. Y a muchos maestros y profesores este cambio nos ha pillado en la higuera. Estamos acostumbrados a trajinar con informes y con números de teléfono y nos los pasamos y cambiamos como cromos en la Plaza Nueva, incumpliendo la Ley con la misma alegría con la que asaríamos unas morcillas delante del Muro de las Lamentaciones, diciendo además al agente que nos detenga: - eh, oiga, que yo estoy de vacaciones, y aquí no hay ningún cartel que lo prohíba.. Qué bien si retrajéramos el juicio y preguntáramos más ...

el paradigma del profesor de Secundaria: exige (y 2)

Si exigimos a cada uno según sus posibilidades, cada uno permanecerá dentro de sus limitaciones. Por el contrario, una persona sacará a flote sus capacidades en la medida en que se le exija. Ricardo Moreno Castillo Panfleto Antipedagógico ¿Y cómo sabe un profesor cuáles son las posibilidades de un alumno? Guardando los resultados del coeficiente intelectual en un cajón con llave y mirándole a los ojos.

el paradigma del profesor de secundaria: conoce el valor del esfuerzo personal, y exige

Sofía se incorpora a este esfuerzo por diseñar el mosaico de competencias del profesor, y nos deja este relato: Mi mamá era hija de una pareja de campesinos de Entre Ríos. Nació y creció en el campo entre animales, pájaros y flores. Ella nos contó que una mañana, mientras paseaba por el bosque recogiendo ramas caídas para encender el fuego del horno, vio un capullo de gusano colgando de un tallo quebrado. Pensó que sería más seguro para la pobre larva llevarla a la casa y adoptarla a su cuidado. Al llegar, la puso bajo una lámpara para que le diera calor y la arrimó a una ventana para que el aire no le faltara. Durante las siguientes horas mi madre permaneció al lado de su protegida esperando el gran momento. Después de una larga espera, que no terminó hasta la mañana siguiente, la joven vio que el capullo se rasgaba y una patita pequeña y velluda se asomaba desde dentro. Todo era mágico y mi mamá nos contaba que tenía la sensación de estar presenciando un milagro. Pero, de repente, e...

el paradigma del profesor de secundaria: se ríe

Era domingo por la mañana en El Salvador y domingo por la tarde en España. Abril de 1985. El Athletic se jugaba el campeonato de Liga en Mestalla. A miles de kilómetros de allí, el ejército salvadoreño y la guerrilla luchaban en las calles de San Salvador. Ignacio Ellacuría y Jon Sobrino, salvadoreños de Portugalete y de Bilbao, respectivamente, estaban escondidos en la Universidad. Ignacio se acercó a Jon para preguntarle cómo iban las cosas. Y este, que estaba escuchando Carrusel Deportivo , le contestó: ya llueve menos. Acaba de marcar Noriega No son como aquellas, pero nuestra tarea de profesores y profesoras se desempeña también en un espacio de tensiones variadas. Ser competentes para aliviar esa tensión se hace cada vez más necesario en la escuela. No hay para ello herramienta más poderosa que el sentido del humor, que tiene tanto de ternura, y de mirada indulgente a la realidad. Que parte del reconocimiento de que los seres humanos tenemos limitaciones, y que prescinde de la am...

educación y belleza

A mí me cuesta ver la belleza de las cosas. Se me va más la vista a los sitios asquerosos, donde abunda la miseria humana. En uno de esos lugares ví una vez a una persona mayor cuidando con emoción de una planta. Y me acordé de ella al terminar de leer La elegancia del erizo (M. Barbery) Renée, la portera del número 7 de la calle Grenelle de Paris, dice que educar es proponer sin descanso camelias sobre musgo. Y yo, que encima del musgo lo único que he puesto en mi birria vida es el cagané del Belén en Navidad, imagino que me dice que educar es crear belleza. Sacar el caballo, o el burro (¿quien ha dicho que es más bonito un caballo que un burro?) que estaba escondido en el bloque de piedra