Tengo para mí que la escuela tiene tres compromisos. Uno, con la
belleza. Otro, con la bondad. Y otro, con la verdad. Empezaré por la
belleza. Es nombrarla y acordarme de Ana,
que pasa estos días sola, encerrada en su piso de Tarragona, y jugando
al veo, veo, con sus vecinos. Ana, como si fuera una escuela, también
tiene un compromiso con la belleza. Ella, que es más bella por dentro
que por fuera (que ya es decir), lleva desde los ocho años imaginando
belleza, creándola, y mostrándola a
quien quiera verla desde el agua de la piscina. Su compromiso con la
belleza le ha llevado a reproducirla en las sonrisas, en los cuerpos y
hasta en las almas de las niñas a las que entrena. Y en esta misión, Ana
se ha convertido en una escuela andante, o nadante, o como se diga.
Cada noche de aislamiento comparto música con ella, a ver si se me pega
algo de su belleza. Y ayer le decía que una humanidad que ha sido capaz
de crear composiciones tan bellas como esta de Pau Casals (el cant dels ocells) no podrá jamás ser vencida por un virus tan feo.
¿Os imagináis un Colegio desde el que, con el paisaje de fondo de las torres de la Catedral, enseñen a los niños a vivir y a convivir y a disfrutar aprendiendo, con vocación y profesionalidad de las de enmarcar? Pues eso es el Colegio La Visitación de Nuestra Señora. El Colegio "Saldaña" de toda la vida. En Burgos, claro. El pasado miércoles iba yo hasta allá con la idea de aprovechar la visita para comer unas morcillitas en la capital gastronómica española 2013, y me encontré con cuarenta y tantos profesores empeñados, desde el primer día de clase del año nuevo, en ser mejores profesionales cada día, haciendo de cada alumno el centro de sus preocupaciones. Y con un Equipo Directivo que para sí quisiera el BBVA. Volví a mi casa con las pilas cargadas de ilusión, y con ganas de volver. Por las morcillas, también. Pero sobre todo, por ellos.
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