Segundo dia de aislamiento. Todo él pensando en los profes. Con los
alumnos, al otro lado del ordenador, intentando que todo funcione, y con
el riesgo, tan evidente, de que no funcionase nada. Que si la wifi, que
si la clave, que si la contraseña… Queriendo explicar la Generación del
27, a dividir por dos cifras, el present continuous, cómo funciona el
aparato digestivo o cómo es una célula… ¿No estaremos yendo en dirección
contraria? ¿No es mejor aparcar el programa y preguntarles
cómo están? ¿No es mejor que pregunten sin parar? ¿No es mejor
enseñarles a entender este mundo redondo, sin alrededores, donde una
enfermedad empieza en China y acaba en Gijón, en Los Ángeles, en Vigo, y
en Irun? ¿No es mejor enseñarles a protegerse de un virus? ¿No es mejor
que aprendan a cuidar a sus mayores? ¿O a hacerse la cama? ¿O a cocinar
unos raviolis? ¿No es mejor enseñarles formas de controlar la angustia,
el estar encerrados? ¿No es mejor enseñarles a interpretar los signos
de los tiempos? ¿No es mejor, como pedía Ismael Serrano, contarles un
cuento...?
¿Os imagináis un Colegio desde el que, con el paisaje de fondo de las torres de la Catedral, enseñen a los niños a vivir y a convivir y a disfrutar aprendiendo, con vocación y profesionalidad de las de enmarcar? Pues eso es el Colegio La Visitación de Nuestra Señora. El Colegio "Saldaña" de toda la vida. En Burgos, claro. El pasado miércoles iba yo hasta allá con la idea de aprovechar la visita para comer unas morcillitas en la capital gastronómica española 2013, y me encontré con cuarenta y tantos profesores empeñados, desde el primer día de clase del año nuevo, en ser mejores profesionales cada día, haciendo de cada alumno el centro de sus preocupaciones. Y con un Equipo Directivo que para sí quisiera el BBVA. Volví a mi casa con las pilas cargadas de ilusión, y con ganas de volver. Por las morcillas, también. Pero sobre todo, por ellos.
Comentarios
Publicar un comentario