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Apunta mejor, ministro

Como no es de recibo que el sistema acabe derivando en 17 sistemas distintos, que ya decían los griegos en la Unidad estaba la perfección, el ministro Wert quiere que en el futuro el Gobierno controle el 75% de los contenidos que se imparten en cada una de las asignaturas de la enseñanza obligatoria, en lugar del 65% actual (65 -55 en los casos de las Comunidades con lengua propia). Vuelve a errar el tiro, porque no es el Gobierno, ni el central ni el autonómico, el que decide el 55, el 65 o el 75 por ciento de los contenidos que se trabajan en un aula, sino que es el profesor, cada uno de ellos, el que decide el 100% de los contenidos que se trabajan en un aula. Y si se quiere mejorar el sistema, intento loabilísimo, no hay que empezar por la cosa, sino por quienes tienen la posibilidad de cambiar la cosa. Y si en el cómo reformar no acierta el Gobierno, tampoco en el qué. En su intento por reducir el fracaso escolar y por subir en el escalafón de PISA, siguen hablando de contenid...

Jornadas de comienzo de curso con maestros vicencianos.

Termina una intensa semana de trabajo. He tenido la suerte de poder estar y trabajar con 488 maestros y maestras, profesores y profesoras, de 19 colegios de las Hijas de la Caridad de la provincia de San Sebastian, hermanas y seglares. Ellos llegaban a Aranda, a Irun, a Llodio y a El Astillero - Guarnizo, preguntandose ¿quien... (tiene las listas de 1ºA?), ¿dónde... (voy a dar Química este mes si el laboratorio está en obras?), ¿no habíamos quedado en que... (limpiábamos al almacén viejo y lo poníamos en condiciones para trabajar psicomotricidad con los peques?), ¿cuándo... (es el primer puente?), ¿cómo... (carajo quieres que esté en dos sitios a la vez los miércoles a segunda hora?, te habrás confundido en el horario...), preguntas adecuadas al lugar y circunstancia propias de comienzo de curso. Y vengo yo y les pregunto por qué se hicieron maestros (@mendigutxia #mehiceprofepor) y para qué quieren seguir siendo maestros (@mendigutxia #sigosiendoprofepara). Ellos venían estrujándo...

¿Muro o camino?

Mario es un niño de diez años que tiene un laboratorio en su cuarto. Mario es el protagonista del libro que Xavi y yo hemos leído juntos este verano ("El Laboratorio de Mario"). En el último capítulo lo dejamos apuntando en su cuaderno los resultados de su última investigación: después de dejar unos saltamontes muertos en el joyero de su hermana Isabelle, tomaba tiempos para saber cuánto tiempo tarda una hermana en encontrar insectos muertos en su joyero, y después establecer las correcciones oportunas. En la misma linea, Roger Schank, investigador de la teoría del aprendizaje, dice ayer en La Vanguardia cosas que podrían hacer temblar los débiles cimientos profesionales que cualquier profesor se empeña en apañar estos días, para que le duren hasta junio: que estamos enseñando las materias equivocadas con la metodología equivocada, porque no todos los niños son iguales ni deben aprender lo mismo. El lenguaje de la entrevista es provocador, y las ideas, breves y muy poco ...

El afinador de pianos (y 2)

Después de siete años, Zé, el afinador de pianos del prostíbulo más famoso de Lourenço Marqués, consideró que el piano estaba afinado. Después de siete años de dedicar horas y horas, día tras día, a afinar una tecla tras otra, suspiró profundamente y tocó. Llenó el calor de la mañana africana del calor y del fuego de la Fantasía Impromptus de Chopin , dejando boquiabiertos a putas y clientes, a blancos y negros, que ignoraban que aquel viejo ciego y encorvado fuera un vituoso de la música. - estos pianos son difíciles de afinar , dijo al terminar. Los tiempos. Los dichosos tiempos. ¿Quién dice cuánto hace falta para afinar un piano, si siete horas, como el afinador que viene a mi casa, o siete años, como Zé? ¿Quién dice cuánto hace falta para aprender? ¿Y por qué, si no sabemos la respuesta, seguimos los maestros rígidos programas anuales iguales para todos los alumnos?

MARINA ALABAU

Marina Alabau es una chica sevillana que acaba de ganar una medalla de oro en Londres, sobre una tabla de wind surf. Yo he aprendido de Marina que para entender las cosas que pasan hay que escuchar y mirar. Pacientemente y en silencio. Es emocionante escucharle hablar de lo que siente practicando su deporte: "al viento hay que escucharlo para entenderlo. Leo el viento en el mar, en los colores, en si se riza o no". Yo he aprendido de ella que entender las cosas que van a pasar es fundamental para poder anticiparse: "el viento viene y debes anticiparte a él para que te lleve. Yo busco al viento, siempre sé de dónde viene". Lo hace desde que se despierta, porque es su vida: "si estoy en casa, me basta con escuchar los coches para saber si sopla Levante o no. Si me despierto y escucho pajaritos, es que no hay viento". Cuestión de sensibilidad, de tener despiertos los sentidos. Desde que te despiertas.

El afinador de pianos

Zé es un hombre ciego que dedica todos los minutos de su vida a afinar el piano del prostíbulo que su hermano Vaz regenta en un puerto del sur de Africa, a comienzos del siglo pasado. La historia la cuenta Henning Mankell en "Un ángel impuro". Ese es el sonido ambiente del local, el del afinador de pianos. De un piano que nunca nadie toca, salvo su afinador. Cuando se necesita el silencio, porque los visita algún representante del Gobierno, el senhor Vaz lleva a su hermano a un cuartucho trasero, en el que también hay un piano, con teclas pero sin cuerdas. Y Zé sigue afinando. En el cuartucho, Zé afina un piano mudo. Un piano sin cuerdas se parece a uno con cuerdas como una clase con alumnos se parece a otra clase con otros alumnos. Parecen lo mismo, pero no lo son. Muchos hacemos lo mismo en clase desde hace años. El mismo trabajo delicado y minucioso del afinador, sin pensar si el piano tiene cuerdas o no. Y no es lo mismo.

Tomar el pelo

Philippe Perrenoud, a quien estoy teniendo la suerte de leer en este verano, dice que una de las diez nuevas competencias para enseñar es la de informar e implicar a los padres, cosa con la que estoy completamente de acuerdo. Yo sé que las cosas no van bien en este tema desde hace mucho tiempo. En particular, desde que una persona me dijo que en el Equipo Directivo éramos muy contemplativos con los padres, y que tendríamos que tener menos miramientos con ellos. Perrenoud señala veinte formulas "simples y baratas" de tomar el pelo a los padres, de las cuales yo he extraido aquellas que he experimentado en primera persona: 1. Sugerir que el interlocutor desconocía el contexto y juzga sin saber (aunque sea verdad). 2. Distanciarse de los compañeros ausentes y de las decisiones de grupo. 3. Remitirlo a sus propias incoherencias o a la ausencia de consenso de su grupo. 4. Hacerse el ofendido ("vuestra falta de confianza me ofende...") 5. Sugerir que el interloc...