Está muy extendido no llamar a las faltas de respeto por su nombre y echar la culpa a los demás de tener la piel muy fina o de no salir de casa suficientemente llorados.
Que algunos diputados y diputadas se comportan con poca educación en el desempeño de sus funciones parlamentarias es una evidencia. Viendo algunas sesiones del Congreso, uno prefiere estar en tercero de la ESO un viernes a las tres y media de la tarde en verano en Sevilla que ser Francina Armengol.
Pero cuando el diputado es además vicesecretario de Educación de un partido político, y se comporta, también fuera del hemiciclo, sin educación, ya no sé que quiere decir ese partido cuando dice educación.
Y cuando el mismo vicesecretario de Educación de ese partido político, con el respaldo de sus jefes y de sus jefas, dice que a quienes nos parece mal que se comporte de manera poco educada es que nos falta sentido del humor, me pregunto dónde tiene él, y los que le ríen las "gracias", el suyo.
De todas formas, a lo mejor soy yo, que soy muy serio.
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