Por si lo habéis olvidado, aunque solo ocurrió hace un mes, cuando Israel y EE.UU atacaron Irán: 128 niñas y 14 maestros asesinados. Números. Ni un rostro. De nadie.
Una escuela de Irán es muy parecida a una escuela de España, y de Israel, y de los Estados Unidos. Tiene el mismo sonido ambiente, la estridencia de los niños y las niñas a la hora de entrar, y en el recreo; tiene a hombres y mujeres buenas enseñando cosas parecidas a niños y a niñas parecidas, en tamaño, en madurez y en ganas de aprender; tiene sus cuadernos y sus libros y sus rincones de pensar.
¿Cuántos de vosotros reservasteis hace un mes el tiempo que pedía recordar esas 142 vidas arrasadas por quienes aspiran, como los americanos, a volver a ser grandes again o, como los israelíes, a serlo de una vez?
Lidia Jorge nos invitaba a medir la distancia que hemos puesto entre entre las escuelas de Irán y las nuestras releyendo el poema con el que Primo Levi abría Si esto es un hombre. Y recordándonos que lo que en Auschwitz sucedió de forma concentrada se extiende por todo el mundo, de manera dispersa, en todo momento.

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