Leyendo esto que ha escrito Luis Mario he recordado que se puede querer a alguien tanto que lo busques sin descanso entre olas que rompen rocas, creyendo, contra la evidencia (quizá no todo es tan evidente), que hay personas más fuertes que las rocas.
He descubierto también que el desamparo divino en el que vivimos en el norte puede deberse a que Dios no ve nada desde el cielo, con este cielo siempre nublao.
Y he puesto nombre a una de las razones por la que algunos libros se me caen de las manos: supongo que es lo que tienen los libros. Que defienden a los desgraciaos. Pero hablarles, rara vez.
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