Hay personas a la que les saca de quicio que las cosas no estén en su sitio. Son las que piensan que cada cosa solo pueden estar aquí, o allí, donde esas personas piensan que deben estar, y que el hecho de que las cosas estén en un sitio que no sea el suyo es un problema.
Delante de la posibilidad de que el Guernica esté, temporalmente o para siempre, en otro sitio, está la pregunta acerca de quién decide cuál es el sitio del Guernica. Su propietario, diréis. Y como es del Estado, las preguntas son, entonces, otras: para qué detenta y cuida el Estado obras de arte, para qué es el arte. O mejor, para quién.
Y luego, decidir dónde, en cada momento. Y hablar de qué es posible, o imposible, en cada momento.
Y ahí es donde cada uno debe ocupar su sitio, eso sí.

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