Leo a Martín Caparrós: pero también se pueden perder los papeles, perder la vergüenza, perder la paciencia, perder los estribos, perder la cabeza, perder la cara, perder la calma, perder el alma, perder el habla, perder la fe, perder las ilusiones, perder la perspectiva, perder la compostura, perder la virginidad, perder el rumbo, perder la razón, perder la honra, perder la inocencia, perder la oportunidad, perder el sentido, perder un hijo, perder un padre o madre, perder el respeto, perder el miedo, perder una carrera, perder la mano, perder pie, perder peso, perder comba, perder aire, perder facultades, perder sangre, perder la vida, perderlo todo, perderse.
Y pienso que también se puede perder las formas, perdernos, perder las ganas, perder un amigo, perder la apuesta, perder la orientación, perder el turno, perder el tiempo, perder su silla, perder por goleada, perder el norte, perder la batalla, perderos, perder la vocación, perder la palabra, perder la libertad, perder la memoria, perder el sitio, perder la paz, perder el oremus, perder lo poco que nos queda, perder orina, perder las llaves, las tarjetas, la cartera, las gafas, las cosas, perder la contraseña, perder la curiosidad, perder el deseo, perder el dominio, el de internet y el de uno mismo, perderme, perder la dignidad, perder el ritmo, perder por la mínima, perder las claves, perder los recuerdos, perderte.
Se puede perder todo eso, y más, y no haber aprendido a perder.
Porque nadie te haya enseñado, igual.
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