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Amor y provocación


Blanca Beramendi propone amar y provocar. No me digáis que no es como para pensarlo en este mes de agosto en el que el alma docente busca entender el sentido de sus desvelos, en el que, cansados de hamaca y sombrilla, no vemos ya el día de volver al aula.

Hace un tiempo ya que leí "Escribir en vivir", de Jose Luis Sampedro; os lo recomiendo. En el libro su mujer, Olga Lucas, transcribe las conferencias que este entrañable, extraordinario y sabio escritor dio en La Magdalena en los cursos de verano del 2003. El libro es muy ameno, y te arranca más de una sonrisa y más de una risa, pero lo mejor que tiene es que te acerca a una persona que rezuma humanidad por todos los poros de su piel. ¿Qué por qué me ha venido a la cabeza este libro justo cuando acabo de leer "Educar, pasión y compasión"? Os lo aclararé.

Jose Luis Sampedro fue profesor de economía en la universidad de Madrid durante unos cuantos años. Recuerda con cariño aquella etapa de su vida, y al referirse a ella dice, sin petulancia, pero sin falsas humildades, que cree que fue un buen profesor. Segura estoy de ello. Nos habla del secreto, al menos de uno de ellos, de un buen maestro: "amor y provocación"; así lo dice él. Comparto plenamente estas dos premisas, a la hora de dedicarse a enseñar, a educar.

No me negaréis que no se nota si una comida ha sido elaborada con mimo, con detenimiento, poniendo un poco de imaginación a la hora de mezclar los ingredientes, o si, por el contrario, hemos lanzado sustancias varias al puchero, con el fin exclusivo de "llenar el buche" propio y el de aquellos que van a disfrutar o sufrir el plato en cuestión. O si los geranios (que mira que son poco exigentes) no crecen más lucidos cuando les dedicamos un poco de cariño. Pues si en estos y otros campos cotidianos vemos que "eso del amor" funciona, ya me diréis, cuando de seres humanos se trata.

AMOR: hay que querer a aquellos que las circunstancias han puesto ante nosotros para que seamos sus maestros, sus educadores. Tienen que importarnos; pasan a ser un poco "parte de nosotros" ya que son parte de nuestro día a día, y nuestro hacer influye, a corto, medio y largo plazo, en sus existencias. Sólo si nos importan, sólo si los queremos, sabremos pensar qué es lo que más les conviene, sin dejarnos llevar de sensiblerías o de reacciones escépticas, frías, excesivamente exigentes. Pero para querer de verdad, hay que conocer a quien tenemos ante nosotros, y eso requiere su tiempo, y paciencia, y muchas ganas de ver lo que hay, sin dejarnos guiar por prejuicios o primeras impresiones.

PROVOCACIÓN: el buen maestro, el buen educador, debe ayudar a que sus alumnos se hagan preguntas sobre la realidad que les toca vivir y darles herramientas para que vayan, dentro de sus posibilidades, encontrando respuestas. Un profesor no es un solucionario, no tiene recetas. Un profesor sabe que existen pocas verdades absolutas, que casi todo evoluciona, y tiene que preparar a sus alumnos para ese mundo en contínuo cambio. Para ese mundo en el que ellos serán muy pronto protagonistas de primera fila.

Ya sé que hay momentos en los que esto no se ve tan claro, sobre todo cuando el alumno se empeña en verte como su enemigo y se cierra en banda a todo lo que venga de tí. O cuando por otros lados le llegan mensajes antagónicos en los que le hablan de esfuerzos mínimos y logros máximos. O cuando la prisa, enemiga del buen hacer, convierte lo urgente en lo primero, y relega lo verdaderamente importante a un segundo, tercero, último momento, que cuando llega, ya es demasiado tarde.

Este es el reto; éste y no otros que las rutinas, las administraciones... nos han ido marcando, haciendo que nos los creamos. Nuestra evaluación debería consistir en analizar "la foto" del alumno que nos llega y contrastarla con la del que se nos va. Si la foto ha mejorado, ya es un éxito. Pero la mejora no tiene que ser necesariamente evidenciada en unas notas, que todos sabemos que resulta imposible que nos hablen de lo que realmente han aprendido. La mejora se tiene que notar en la manera en que se enfrentan a su mundo, al mundo que esta sociedad ha "preparado" para ellos, y a preguntarse si eso es lo que quieren o deberían cambiarlo con las herramientas que han ido adquiriendo y con las que adquirirán en el futuro, porque ya "le han cogido el tranquillo" en los años que han pasado con nosotros.

Sí, ya sé que todo esto suena a "sexo de ángeles", que es muy bonito, pero que luego... hay que aprobar y "quedar bien" en la selectividad. Sobre todo eso, "quedar bien". ¡Qué importa que el día después de dicha prueba no sepan más que reproducir esquemas que otros, ya cansados, diseñaron en su día!

¡Pues qué más nos da!, como dice uno que yo sé. ¡Nosotros a lo nuestro!! Si el resto "está equivocado"... ¡allá ellos!

Nosotros
a querer, a creer en lo que hacemos. Sin petulancias, pero sin falsas humildades, y sin derrotismos contagiosos, que no valen más que para crear "epidemias" de desfondados. Y a provocar, a dejarnos de "bálsamos" engañosos, que no hacen sino castrar los verdaderos yos, dando como resultado seres anodinos que no saben sino reproducir los errores de quienes les hemos precedido. Porque los éxitos, éstos, a diferencia de los desatinos, si no se han logrado por mérito propio, no se reproducen, se disfrutan durante "un rato", hasta que poco a poco agonizan, y desaparecen.

"Amor y provocación", qué verdad, no en vano se le ha ocurrido a alguien tan grande como Jose Luis Sampedro.

Blanca Beramendi Eraso

Comentarios

  1. Es verdad, suena muy bien lo que dices y creo que a la larga se nota. Los chavales CASI SIEMPRE acaban dándose cuenta de por qué los profesores hacemos lo que hacemos. Pero no siempre, por mucho amor que le eches. Nos tenemos que conformar con que se den cuenta, muchos de ellos, cuando se hagan mayores, o padres, o profesores.

    Me refiero a que algunos, en la adolescencia, ¡qué válgame Dios lo que les dura! están en la pelea y basta que pongas amor para que vean tu fragilidad y entren a saco metiendo el dedo en
    la llaga afectiva. Precisamente serán los que necesiten más dosis de amor, pero hay que contar también con dosis extras de temple, con algunos de ellos. Porque tú poniendo amor y él o ella poniendo provocación; vamos de esa que no es la que has explicado del profe...y tendrá que venir a darnos clases de temple el mejor torero del momento. Tú ahí buscándole la distancia con cariño y el de todas todas "tocándote la tela" (en versión torera) a cada pase.

    ¿Y cómo se arregla eso?. Pues con más cariño.

    Pero también con fines de semana gratis en el spa de la zona, haciendo el circuíto de "desintoxicación de provocación". Porque sino te vas cargando, te vas cargando...y o te sale una úlcera o le dejas de querer tanto por una temporada. A ver si nota la diferencia.

    Claro que los profes también necesitamos amor y provocación y como sólo va a venir de algunos alumnos, nos queda trabajar bien en equipo, animando al que tenemos al lado y poniendo el hombro para que se apoye el compañero; recordarle las veces que haga falta lo que está haciendo bien y muy bien y estar receptivo a posibles sugerencias cuando estamos dando amor o provocación equivocada.

    Nos ayudará sin duda a poner las dosis adecuadas para todos.

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  2. Pues sí, tambien es verdad lo que dices, Sofía.¡Qué cosas escriben algunas cuando están de vacaciones!
    ¿Pero se puede cansar alguien de la hamaca y la sombrilla??? ¿Y del libro, y de dejar el reloj aparcado, y de no oir el puñetero timbre que te dice que dejes de "dar la chapa", o lo que es peor, que te avisa de que "el café" ya ha terminado?
    Pero así es una, está ya casi con el "síndrome postvacacioanl puesto", y cuando se "pone seria", escribe estas cosas. La condición humana, que no deja de sorprendernos, aunque se trate de la propia.
    Y a todos los que os dedicais a esta historia "del borrador y la tiza", o del "puntero digital", como prefirais, ¿sabeis lo que decía mi suegra todos los 15 de Agosto? "Ya ha llegado La virgen, en nada..., Navidad", y no era nada, pero que nada tonta.

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