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Mostrando entradas de junio, 2018

Para crear seguridad, da la palabra a cada uno

En muchos grupos existe la regla de que una reunión no puede concluir sin que todos los asistentes hayan aportado algo.

En muchos Claustros de profesores existe la regla no escrita de no mostrar excesivo interés, porque si lo haces te acaban encasquetando más trabajo.

También existe la regla de no significarse demasiado, porque nunca sabes.

Y la de no contradecir a algunas personas con experiencia, o con peso.

Y aunque no es una regla, hay muchas personas que no hablan delante de mucha gente, porque qué vergüenza, o que dicen para qué, si tampoco pasa nada si no aportas tu opinión.

Y hay muchos a quienes no les parece importante hablar, porque ya hablan los de siempre.

Y dar voz a todo el mundo es imprescindible si queremos dar a cada persona la seguridad que necesita para que los equipos sean equipos de verdad.



(cosas que uno piensa releyendo "Cuando las arañas tejen juntas pueden atar a un león", de Daniel Coyle,  en Conecta, Barcelona 2018)

Lo que importa en un equipo. Y lo que no.

Una vez, siendo director de un colegio, reuní a cuatro personas inteligentes, trabajadoras, con experiencia y con un cariño especial por el proyecto educativo del centro. Les pedí que se constituyeran en equipo y que rindieran como tal.

Fue un fracaso, o al menos, yo así lo viví.

Y ahora, después de leer a Daniel Coyle ("Cuando las arañas tejen juntas, pueden atar a un león, editado por Conecta en Barcelona, en 2018) voy entendiendo la razón de aquel desastre. Dice que solemos creer que el rendimiento del grupo depende de la inteligencia, la destreza y la experiencia. Pero no es así. Las habilidades personales no son lo que cuenta. Lo importante es la interacción. La "química". Que se alimenta de comportamientos sencillos, como el diálogo constante, la escucha activa, el humor y los detalles amables, que hacen que las personas se sientan seguras y confiadas.

Y de detalles de aquellos, había pocos.

Y, claro, sin seguridad, no hay equipo.

Ni nada.

El primer día

El primer día de una persona en su nuevo trabajo suele venir precedido de una noche sin dormir y de muchos nervios en el camino. Nunca se sabe.

- Soy el nuevo.

Dije a la persona que atendía el teléfono en Recepción el 1 de septiembre del año en el que entré al Colegio. Los unos de septiembre en los Colegios son unos días imposibles, así que me dedicó el tiempo justo de acompañarme a un recibidor.  Tenía que seguir atendiendo el teléfono. La directora me dedicó unos minutos, y después pasé la mañana buscándome la vida.

Cada uno tenemos nuestra historia, pero las de los maestros los unos de septiembre suele parecerse a esta.



Podría ser diferente. Y sería mejor.

Daniel Coyne ("Cuando las arañas tejen juntas pueden atar a un león", Conecta, Barcelona 2018, pag.191) lo ilustra con este ejemplo de alguien a quien contrata Pixar, sea como director, como camarero en la cafetería o para trabajar en administración:

"el primer día se hace pasar a esa persona y a algunos otros novat…