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Mostrando entradas de mayo, 2016

Devaneos de escultor

El escultor imagina la obra en su cabeza. Prefigura un resultado, y lo busca. Elige el material, y el camino que va a recorrer con él. Selecciona la herramienta, eligiendo aquella que más respetará el ser del granito, o del hierro, o de la madera. Aplica la fuerza y la maña, cada una cuando toca, porque sabe que las dos son necesarias para doblegar resistencias. No se enfada porque que el granito sea duro, porque el hierro se oxide o porque la madera saque astillas. Las cosas son como son.

El escultor tiene imaginación, recursos y estrategia. Y paciencia. Mucha paciencia.

A los padres y a los maestros se nos entrega el material. Esto es lo que hay, solemos decir. Haga usted lo que sepa, le dicen a algunos profes novatos cuando entran al aula.

Y pocos se empeñar en imaginar. En buscar resultados excelentes. En elegir la herramienta para cada material, en cargar más ternura los días que toca maña y más genio los días que toca fuerza.

Hay educadores con perfil de escultor, y esos son los…

La luz del mundo

Qué cuesta arriba se hace ya el curso para tantas maestras y maestros, que difícil seguir siendo paciente, cariñosa, cuando más cansados vamos.

Este es mi homenaje, mi ánimo.

Sobre todo para los que dais esperanza, y letras, y ciencia, a los niños del Polígono Sur, a los del Pozo, a los de La Mina, a los de la calle Prim de Donosti y a los de La Milagrosa de Barakaldo.

Vosotros sois la luz del mundo.

Si quieres que una entrevista con padres termine como el rosario de la aurora...

Si eres maestro y quieres que tu entrevista con unos padres termine como el rosario de la aurora, puedes empezar así:

- "Estoy harta de vuestro hijo".

Estos son algunos de los peligros de un comienzo como este: que el niño haya ido a casa varios días comentando lo mal que explicas, y que el padre le haya hecho caso, y te responda que él también está harto de tí. Tú te sentirás atacada y empezarás a defenderte. Mal asunto.

Que al padre lo hayan despedido anteayer y que su mujer le haya dado un ultimatum por huevón. A ese padre lo único que le falta es que le digan que están hartos de su hijo. Entonces podría contestar que él también está harto de los profesores, que se piensan que todo lo hacen bien. Entonces tú te sentirás atacada y empezarás a defenderte. Peor asunto que el anterior, porque, recuerda, el padre lo está pasando muy mal.

Que el padre no diga nada, y permanezca en silencio, porque tu entrada en la entrevista lo ha hundido en una negrura de pensamientos negativo…

Sin una buena historia, nada.

No se puede explicar nada, a nadie, nunca, si no es empezando con una buena historia.

Es una de las cosas que he aprendido releyendo El Elemento, de Sir Ken Robinson.

El libro empieza así:

Hace unos años oí una historia maravillosa que me gusta mucho explicar. Una maestra de primaria estaba dando una clase de dibujo a un grupo de niños de seis años de edad. Al fondo del aula se sentaba una niña que no solía prestar demasiada atención; pero en la clase de dibujo sí lo hacia. Durante más de veinte minutos la niña permaneció sentada ante una hoja de papel, completamente absorta en lo que estaba haciendo. A la maestra aquello le pareció fascinante. Al final le preguntó que estaba dibujando. Sin levantar la vista, la niña contestó: "Estoy dibujando a Dios". Sorprendida, la maestra dijo: "Pero nadie sabe qué aspecto tiene Dios".

La niña respondió: "lo sabrán enseguida".

Nuestras reuniones (6): una retirada a tiempo es una victoria

Si la reunión no puede tener lugar, lo mejor es que no tenga lugar.

Una vez fui a una reunión que tenía el siguiente orden del día:

1. Oración (la reunión era en el Obispado)
2. Lectura y aprobación del acta de la reunión anterior
3. Otro tema (no me acuerdo de cual)
4. Otro tema (tampoco me acuerdo)
5. Ruegos y preguntas.

Duraba hora y media. Bien, pensé cuando recibí la convocatoria. Da tiempo.

Después de rezar, empezamos con la lectura del acta. Y así nos tiramos hora y media. Cada frase que se leía, una persona, siempre la misma, objetaba: esto no se dijo, o eso no se dijo así, o no estoy de acuerdo con esta redacción, y cosas parecidas.

Toda la reunión.

No pasamos al punto 2.

No se aprobó el acta!

¿Podéis creer que nadie se levantó? ¿Que nadie protestó? ¿Que nadie preguntó a ver por qué nos hacía perder el tiempo? ¿Que nadie le dijo que resolviera sus problemas de otra manera?

¿Que nadie le preguntó si su objetivo era que la reunión no tuviera lugar?

¿Podéis creer que quien tenía…

Nuestras reuniones (5); preparar

Lo primero que hay que hay que hacer para que una reunión dure lo que tiene que durar (lo que pone en el papel de la convocatoria, y que nunca puede exceder de la hora y media) es prepararla.

Leerse el orden del día (si no hay para qué, ¿para qué nos reunimos?)

Leer la documentación, si la hay.

Pensar en el tema que se propone, si no hay documentación.

Pedir aclaraciones a quien convoca, si algo no se entiende.

Pensar en cómo decir lo que quieres decir tardando lo menos posible, y con palabras que todos puedan entender (¿no hay en tu equipo una persona que, cuando acaba de hablar, siempre preguntas al de al lado para saber qué habrá querido decir?).

Si no has podido prepararla, explícalo, pide disculpas. Así la gente entenderá tu silencio (aunque os parezca increíble, hay personas que no preparan las reuniones a las que van, y luego tapan lo que no han hecho hablando más que nadie).