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Mostrando entradas de noviembre, 2012

Una profesión singular: maestros

Aunque en algunas cosas se parezca a las demás, la nuestra es una profesión distinta. Su singuralidad reside en la intuición de que enseñar a otros es una tarea dotada en si mismo de sentido. En la sensación de que nuestro quehacer conecta con lo más noble de las personas y nos coloca allí donde se va haciendo posible el bienestar de las generaciones que vendrán.

Eso es lo que hace, a mi juicio, que "de profesor" no se pueda estar. Que hay que ser. O que en ella solo pueden estar los que quieran ser.


Y siempre me ha llamado la atención que entre los estudiantes de Bachillerato con mejores expedientes académicos haya algunos que no descarten estar de profes algún tiempo, pero haya muy pocos que lo quieran ser.

A lo mejor si pusiéramos un 9 de media para entrar en Magisterio...

Reinvindicación de la autoevaluación

Yo creo que a los profesores nos iría mejor si dedicáramos tiempo a auto- evaluarnos de vez en cuando. Pero la verdad es que nos cuesta hacer cosas tan in - útiles. 

Con bastante gracia, Joan Vaello nos habla en su magnífico libro “El profesor emocionalmente competente” de la existencia entre nosotros de los llamados “profesores – manguera”. Se trata de aquellos que “desde una posición de superioridad, piensan que lo hacen muy bien, que ya saben demasiado y que nadie tiene nada que enseñarles, despreciando cualquier aportación ajena”. También es cierto que a su lado, compartiendo el mismo trabajo y peleando por el mismo proyecto educativo, están los “profesores - esponja”, esos que desde el reconocimiento de que no lo saben todo y de que les queda un largo camino por delante, se dejan la piel buscando formación (siempre me acuerdo de Jose Manuel, cuando se despedía de mí en junio pidiéndome algo bueno para leer ese verano).
Pues bien, hay tantos “profesores – manguera”, o tantos profes…