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Mostrando entradas de julio, 2016

Una lista negra de escuelas en Turquía

Solo en la primera semana después del golpe de Estado, el presidente de Turquía firmó miles de órdenes de detención y decretos de cierre de medios y de cese de cargos públicos.

Una de dos: o ese Gobierno tiene los servicios de seguridad más rápidos del planeta o Erdogan tenía la lista hecha desde hacía tiempo: la lista de fiscales y de jueces afines al clérigo Fetulá Gülem, la de periodistas y medios que decían lo que no le gustaba, la de militares disidentes...

Y la lista de escuelas rebeldes: ha cerrado 1043, y 15 universidades privadas, de momento.

Lo que podría querer decir, sin entrar en más honduras, que las escuelas turcas, o sus maestros, se dividen en dos: las que dan el currículo (programa oficial elaborado por los políticos democráticamente elegidos, o no), y las que dan otra cosa que no puede encerrarse en un currículo; las que trabajan de espaldas a la realidad (como si el mundo estuviera detenido en 175 días lectivos y en 180 páginas de un libro de texto, año tras año) y…

Innovar de verdad

Demasiadas veces, en la escuela, no se puede hablar de innovación sin hablar de tecnología. Y si en lugar de tecnología son tecnologías, mejor. Y si son nuevas, mejor que mejor. Eran innovadores, hace diez años, los colegios que sustituían las pizarras de toda la vida por pizarras digitales. Hoy, es innovador el colegio que sustituye los libros de texto por tablets. Se le llama innovador aunque no innove nada, porque lo suyo es pura copia (copia es el antónimo de innovación), ya que muchos otros ya lo hacían antes.

Innovador sería filosofar en la asignatura de Filosofía, dejando de memorizar contenidos ininteligibles.

Innovar sería filosofar, cada día, en 1º de Bachillerato, con las viñetas de El Roto.

¿Quién empieza?



El arte de conversar

Soy una persona con suerte. Estos días he conocido a Enrique Sacanell, autor de un libro estupendo titulado "¿Cómo se lo digo? El arte de las conversaciones difíciles". De lo que nos ha contado he aprendido muchas cosas, pero destaco tres.

Me ha hecho ver que los directivos de los colegios no deben dar por supuesto que las personas de los claustros confían en ellos. La confianza hay que trabajársela. Sin ella, todo es difícil. También, mantener una conversación con cualquiera de esas personas.

Me ha hecho caer en la cuenta de que las personas, todas las personas, estamos dotadas de un poderosísimo detector de reproches. Para que el detector se ponga en funcionamiento, no hace falta un reproche directo, o una llamada de atención. Basta una manera de empezar una frase. Y si el interlocutor se siente reprochado, se acabó la conversación.

Y salí del encuentro con la urgencia de hacer una lista de conversaciones pendientes. Y de tenerlas, después. Si no lo hago, las conversacione…

El miedo a fracasar delante del examen

El miedo es libre, dicen. Y la verdad es que, en uso de su libertad, se acerca estos días a los sitios por los que andan los estudiantes, y libera a uno de sus fantasmas más terribles. Es el miedo al fracaso. A veces va con una banda de matones: el miedo "a fracasar de nuevo", el miedo "a reconocer que soy un incapaz", o, aunque este solo se les junta de vez en cuando, el miedo "al más absoluto de los fracasos".

Delante del miedo puedes huir, como las gacelas, luchar, como los toros, quedarte quieto, como los escarabajos, o someterte, como los lobos de una manada delante del macho dominante.

Delante del miedo, cada uno hace lo que puede. A no ser que esté entrenado, y entonces hace lo que que sabe. Si puede, claro. A tí, que estas acojonado por el examen que tienes delante, te recuerdo que la intensidad del miedo responde a una fórmula muy sencilla: gravedad del peligro dividida por la fortaleza personal. Como con lo primero no podemos hacer nada (la sele…