Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de 2026

Tarea urgente: sacar a algunos padres y madres de la escuela.

La misma madre que se quejaba a gritos en el patio de que a su hija de cinco años le pegaba "una negra" (que también tenía 5 años) denunció al colegio por daños, y ganó. En su columna del día 26 de abril,  Elvira Lindo se pregunta por qué  el sistema educativo no asume la tarea urgente de igualar desde la infancia. Pues porque no es necesario, me encontré pensando. Porque eso es tan fácil de hacer que no es ni tarea. Los niños y las niñas no ven diferencia donde sus padres y madres sí la ven. Y a lo mejor es porque, como escribía Muriel Barbery en La elegancia del erizo, los niños y las niñas  huelen bajo la cáscara de las conveniencias la verdadera textura de la que están hechos los seres. La tarea urgente de verdad (y triste, también) es la de separar a muchos padres y a muchas madres de la escuela, para permitir que ésta sea lo que tiene que ser, y que tan bien explica siempre Daniel Innerarity: un tiempo y un lugar que aleje a los niños y a las niñas de los suyos y qu...

Escribir un diario es un acto de amor a la lentitud.

Cada momento es el comienzo de varias historias. Pero saber qué es eso que está comenzando exige atención. Pararse. Pararse cuesta: son malos tiempos para la lentitud. Y uno no puede pararse si no ama la lentitud, aunque sea un poquito. A amar la lentitud de aprende practicándola. Escribir es un acto de amor a la lentitud, y se enseña en la escuela. Los buenos maestros y las buenas maestras te piden que escribas lo que estás pensando ahora, o lo que te sugiere esta imagen... ... o un final para la historia que te cuentan. Y te animan a escribir un diario. O un semanario. O cualquier "ario" que te haga fijarte en por dónde vas, buscando palabras que nombren lo que ves, lo que oyes y lo que sientes.

La escuela está para minimizar la estupidez. O su alarde.

Cuando veo a personas hechas y derechas diciendo que la Tierra es plana, y organizando congresos para difundir esa melonada, me acuerdo de su profe de ciencias naturales y me imagino la vergüenza que estará pasando. La escuela está para minimizar la estupidez, pero son tan grandes sus dimensiones, al menos en este momento de redes e IAs, que se queda lejos del objetivo. Así que conviene cambiar algo. Por ejemplo, introducir en las Escuelas de Magisterio el estudio sistemático de las las leyes fundamentales de la estupidez humana. que detalló Carlo María Cipolla en su célebre "Allegro ma non troppo". Una lectura crítica de la primera de esas leyes, la que dice que  siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo, nos obligaría a reformularla en estos términos: "si subestimas el número el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo es que estás en la inopia". Fijarse bien, bajar de la in...

Deberían hacérselo mirar.

Hay padres y madres obsesionados con la felicidad de sus hijos y de sus hijas. Van por ahí generando ansiedad en todos los que se relacionan con sus vástagos. Los suspensos les frustran, y entonces, ya voy a hablar yo con el tutor . No ser titular el sábado les desmotiva, y entonces, ya voy a hablar yo con el entrenador . Quedarse sin amigos les hace sufrir y entonces,  ya voy a hablar con los padres de tus amigos . No pasar una entrevista de selección les hace sentir que no valen para nada, y entonces, ya voy a hablar yo con el de recursos humanos .  Deberían hacérselo mirar. O leer a Óscar García Sierra, que hace pensar a Xairu, el personaje de Ropa Tendida , que crecer es una carrera a ver quien se da cuenta antes: tú de que tus padres nunca han sido felices, o ellos de que tú no vas a serlo nunca. Y se les quita la tontería volando.  

PERDER

Leo a Martín Caparrós : pero también se pueden perder los papeles, perder la vergüenza, perder la paciencia, perder los estribos, perder la cabeza, perder la cara, perder la calma, perder el alma, perder el habla, perder la fe, perder las ilusiones, perder la perspectiva, perder la compostura, perder la virginidad, perder el rumbo, perder la razón, perder la honra, perder la inocencia, perder la oportunidad, perder el sentido, perder un hijo, perder un padre o madre, perder el respeto, perder el miedo, perder una carrera, perder la mano, perder pie, perder peso, perder comba, perder aire, perder facultades, perder sangre, perder la vida, perderlo todo, perderse. Y pienso que también se puede perder las formas, perdernos, perder las ganas, perder un amigo, perder la apuesta, perder la orientación, perder el turno, perder el tiempo, perder su silla, perder por goleada, perder el norte, perder la batalla, perderos, perder la vocación, perder la palabra, perder la libertad, perder la memor...

Guernica

Hay personas a la que les saca de quicio que las cosas no estén en su sitio. Son las que piensan que cada cosa solo pueden estar aquí, o allí, donde esas personas piensan que deben estar, y que el hecho de que las cosas estén en un sitio que no sea el suyo es un problema. Delante de la posibilidad de que el Guernica esté, temporalmente o para siempre, en otro sitio, está la pregunta acerca de quién decide cuál es el sitio del Guernica. Su propietario, diréis. Y como es del Estado, las preguntas son, entonces, otras: para qué detenta y cuida el Estado obras de arte, para qué es el arte. O mejor, para quién.  Y luego, decidir dónde, en cada momento. Y hablar de qué es posible, o imposible, en cada momento. Y ahí es donde cada uno debe ocupar su sitio, eso sí.

Calabobos

Leyendo esto que ha escrito Luis Mario he recordado que se puede querer a alguien tanto que lo busques sin descanso entre olas que rompen rocas, creyendo, contra la evidencia (quizá no todo es tan evidente), que hay personas más fuertes que las rocas. He descubierto también que el desamparo divino en el que vivimos en el norte puede deberse a que Dios no ve nada desde el cielo, con este cielo siempre nublao. Y he puesto nombre a una de las razones por la que algunos libros se me caen de las manos: supongo que es lo que tienen los libros. Que defienden a los desgraciaos.  Pero hablarles, rara vez.  

Escribir una frase es difícil, pero qué felicidad.

La escuela está para enseñar a escribir. Y la inteligencia artificial generativa está para que te olvides de hacerlo. Quienes dicen que ChatGPT y sus primas nos van a liberar a los humanos de las tareas más tediosas es que consideran que el tedio es algo que nos hace mal. Y el tedio, aburrirse, es, tantas y tantas veces, el escenario en el que nuestra mente acaba atando los cabos que necesita para encontrar sentido a las cosas. Quienes piensan que las actas de las reuniones o los resúmenes de un texto, o de una charla, son ya tareas que pueden delegarse en la IA, olvida defender la grandeza de nuestros trabajos más humanos, que son, primero de todo, leer y escribir. Escribir una frase es difícil, pero qué felicidad, explica Eric Sadin .

Liberar a los hijos de sus padres.

Los padres tenemos la obligación de ir haciéndonos irrelevantes para nuestros hijos e hijas, para que con nosotros solo tengan el deber de cariño, cuando nos hagamos inútiles. Se empieza por liberarlos, como dice Daniel Innerarity, de nuestra presencia monopolística. Por entrar en su cuarto con permiso, aunque el piso sea nuestro. Por dejarle elegir amigos y amigas, la ropa que se va a poner y si se peina con raya o to palante. Por cuestionar su testimonio delante del testimonio contrario del director del colegio. Solo si hacemos todas esas pequeñas cosas, cada una en su momento, no se os ocurrirá llamar a los abogados cristianos, ni a los guerrilleros de Cristo Rey, que vienen siendo lo mismo, en distinta época, cuando os diga que, vencida ya su resistencia toda, decide pedir la eutanasia. Agur, Noelia.

EL CAMINO VERDADERO

Kafka escribió que "el camino verdadero pasa por una cuerda que no está tendida en alto sino a un palmo del suelo. Parece dispuesta más para tropezar con ella que para que se la recorra". Hay personas empeñadas en recorrer esa senda. Se elevan un poco por encima del sitio por el que pisamos las demás y dibujan imágenes como de magia. Son los poetas. Algunos de los que caminan así no suelen escribir en verso. O sí. Y no lo saben.

Si da igual o no da igual, mentira que verdad.

Cuando me dejan hablar suelo decir que la escuela está, entre otras cosas, para enseñar a los niños, a las niñas y a los adolescentes a distinguir la mentira de la verdad.  Pero cuando digo esto delante de profesores y profesoras que ya se han puesto en los ojos la venda de la complejidad (para qué te vas a liar, dicen, si no se puede saber qué es verdad, si es todo muy complejo,...) veo que ponen cara de tanque. Para ellos la realidad ya no es lo que hay, sino una cosa menor. Conviven con las mentiras que les llegan al móvil con una familiaridad tan grande que, fuera de la esfera de lo más personal, acaban aceptando, como dice Iñigo Domínguez , que da igual si algo es verdad o es mentira, que las cosas son verdad si para tí son verdad.  Y de ahí a que el mundo te sea ajeno, solo hay un paso. Y si los maestros y las maestras enseñan el mundo, ya me diréis.

Mira esto.

Muchas personas dicen que no se puede saber lo que pasa en el mundo, porque no hay luz. Y entonces, por mucho que mires, no ves. Y no es así. El problema, como dice Marina Garcés, no es la falta de luz, sino el exceso de lucecitas. ¿Sabes por qué tantas personas permanecen sin decir una palabra, o sin leer una palabra, o sin escribir una palabra, delante de horrores como los de quienes viven en Gaza? Pues, porque hay quien está empeñado en que no se entienda nada, y satura todo de estímulos triviales que dispersan tu atención.  No es que estés rodeado de personas sin conciencia, sino que hay alguien enterrando lo terrible entre mil contenidos banales con los que te reclama la mirada. Nadie nos dice que miremos hacia otro lado, nadie. Pero muchos nos ofrecen otros sitios a los que mirar, y atender. Por eso es muy importante que alguien nos diga, mira aquí, mira esto: Para eso están los maestros, para enseñar a mirar, en condiciones adversas.

Ideas para gestionar la escasez de tiempo.

Nadie tiene tiempo. A todo el mundo le falta. E n 1982, el médico estadounidense Larry Dossey empleó la expresión  «enfermedad del tiempo»  para denominar la creencia obsesiva de que  el tiempo se aleja, de que no lo hay en suficiente cantidad…» Muchas personas en los claustros de profesores y profesoras y en los equipos directivos de los colegios están enfermas de esto. No es verdad que no hay tiempo, pero, como le hacía decir Quino a Felipe, a algunos esa mentira se la respetan . Las enfermedades y las obsesiones, también las del tiempo, se tratan. Y la escasez, también la del tiempo, se gestiona: ¿qué hay que hacer para no perder algo tan escaso como el tiempo? La respuesta la da Albert Camus poniendo en boca de Tarrou, uno de sus personajes en La peste, que todo pasa por " sentirlo en toda su lentitud" . "Medios: pasarse los días en la antesala de un dentista en una silla inconfortable; vivir el domingo en el balcón, por la tarde; oir conferencias en una lengua que...

Un vaso es un vaso, y un plato es un plato.

Muchas veces, delante de los problemas, nos asalta la sensación de que no podemos hacer nada.  Y no es verdad. Podemos ponerles nombre. Debemos ponerles nombre. Aún, como dice el libro de las evidencias, a riesgo de equivocarnos... Conoces el nombre que te dieron, no conoces el nombre que tienes. Llamar a las cosas por su nombre (como intentaba Rajoy, cuando nos explicaba la aspiración a la independencia de tantos catalanes y catalanas diciendo que un vaso es un vaso y un plato es un plato) es algo que se aprende en la escuela, siempre que los maestros y las maestras cumplan su deber de hablar con claridad. Todos nuestros problemas , le dice Tarrou a Rieux, en un diálogo de La peste, provienen de nuestro fracaso a la hora de usar un lenguaje simple y claro .   Porque la escuela, entre otras tareas, tiene la de enseñar a hablar, de manera que sus maestros y sus maestras han de preparar las clases como lo que son, verdaderos actos de comunicación. Y eso empieza por hablar...

Menos cómo y más para qué, y más qué. L´Ecuyer, Vallespín y Habermas

Suele decir Catherine L´Ecuyer que en la escuela hay que huir del cómo y preguntarse más el para qué. Y yo creo que tiene razón. Que, obsesionados por la innovación, por hacerlo distinto, hemos olvidado que la escuela tiene como objetivo de enseñar, transmitir a otras personas en el corto tiempo de la escolarización lo que la Humanidad ha tardado milenios en aprender.  Lo cual nos lleva, antes que al para qué, al qué: de todo lo que la Humanidad ha tardado milenios en aprender, y si todo no cabe, qué es lo que hay que enseñar en la escuela. Qué Historia, por ejemplo, tiene que componer el currículo de la enseñanza obligatoria. Fernando Vallespín nos dice que siempre ha desconfiado "de los análisis históricos que sirven para enseñar la Historia de un país en la escuela", porque suelen servir "como mecanismos de construcción de identidades nacionales". Va a tener razón, también. Al menos, en mi caso: terminé mi escolarización obligatoria en 1978, y en la escuela parr...

La educación, o su ausencia.

Está muy extendido no llamar a las faltas de respeto por su nombre y echar la culpa a los demás de tener la piel muy fina o de no salir de casa suficientemente llorados. Que algunos diputados y diputadas se comportan con poca educación en el desempeño de sus funciones parlamentarias es una evidencia. Viendo algunas sesiones del Congreso, uno prefiere estar en tercero de la ESO un viernes a las tres y media de la tarde en verano en Sevilla que ser Francina Armengol.  Pero cuando el diputado es además vicesecretario de Educación de un partido político, y se comporta, también fuera del hemiciclo, sin educación, ya no sé qué quiere decir ese partido cuando dice educación. Y cuando el mismo vicesecretario de Educación de ese partido político, con el respaldo de sus jefes y de sus jefas, dice que a quienes nos parece mal que se comporte de manera poco educada es que nos falta sentido del humor, me pregunto dónde tienen él, y los que le ríen las "gracias", el suyo. De todas formas, ...

Ojo con el Anticristo

Cuando en la escuela o en casa sonaba un craasssh, y aparecía tu madre o tu maestro preguntando al colectivo de rostros infantiles de ojos como platos quién lo ha roto, varios brazos se levantaban y los índices señalaban a otro que no era uno, el cual, los cuáles, se defendían con el clásico yo no he sido . Cuando es un misil el que mata a 128 niñas y 14 maestros y maestras en una escuela de Irán y miles de índices señalan a Trump, o a Hegseth, o a Rubio, éstos levantan el suyo señalando a la IA, la cual, como no tiene índice (todavía), no puede señalar a los otros, y se come el marrón, y los otros se quedan tan tranquilos. La IA de los EE.UU. se la compra el Pentágono a Palantir, cuyo dueño, Peter Thiel, anda estos días en Roma haciendo caja (las invitaciones a sus conferencias son exclusivas, y ni tú ni yo podríamos pagarnos la entrada) impartiendo un curso sobre el Anticristo. Su tesis es que hay que destruir la realidad donde crece "el enemigo", y que esa realidad es la d...

Lo que nos separa de Irán.

Por si lo habéis olvidado, aunque solo ocurrió hace un mes, cuando Israel y EE.UU atacaron Irán: 128 niñas y 14 maestros asesinados. Números. Ni un rostro. De nadie. Una escuela de Irán es muy parecida a una escuela de España, y de Israel, y de los Estados Unidos. Tiene el mismo sonido ambiente, la estridencia de los niños y las niñas a la hora de entrar, y en el recreo; tiene a hombres y mujeres buenas enseñando cosas parecidas a niños y a niñas parecidas, en tamaño, en madurez y en ganas de aprender; tiene sus cuadernos y sus libros y sus rincones de pensar. ¿Cuántos de vosotros reservasteis hace un mes el tiempo que pedía recordar esas 142 vidas arrasadas por quienes aspiran, como los americanos, a volver a ser grandes again o, como los israelíes, a serlo de una vez? Lidia Jorge nos invitaba a medir la distancia que hemos puesto entre entre las escuelas de Irán y las nuestras releyendo el poema con el que Primo Levi abría Si esto es un hombre. Y recordándonos que lo que en Auschwi...

¿Decidir sin dudar? Mejor, dudar, y decidir.

 "La duda debe seguir a la convicción como una sombra", escribió Albert Camus en uno de sus textos en la revista de la resistencia francesa Combat.  Leo el El País Semanal que esa frase ha sido un leitmotiv para Gabriel Boric en el tiempo en el que presidió la República de Chile. Leo a Jacinda Ardern, primera ministra de Nueva Zelanda entre 2017 y 2023, que "liderazgo no es decir no sabemos , pero sí lo es decir: no sabemos todo, y este es nuestro plan teniendo en cuenta esa incertidumbre". De Boric y Ardern aprende uno que la humildad es una de las cualidades mejores del liderazgo, porque, ¿quién puede confiar en quien nunca duda, y en quien (se cree que) lo sabe todo?

¿DE QUÉ TIENE SENTIDO HABLAR, Y ESCRIBIR?

Los he contado. Desde enero he hablado delante de 693 maestros y maestras, en 19 sesiones de trabajo. Y en esta tribuna de Nuria Labari he leído la pregunta que habitaba, sin manifestarse, en los cinco minutos de silencio que me doy cada vez antes de tomar la palabra: ¿de qué tiene sentido hablar en medio de la guerra que se libra en el mundo en estos momentos? Y las preguntas que vienen después.  ¿Es posible escribir, o pensar, o ir al trabajo en medio de la guerra ilegal, impredecible y narcisista que ha planteado Estados Unidos? ¿Y si el trabajo es la escuela? ¿Es posible "dar la clase que toca" (según el programa) sin hablar de lo que toca? ¿Cómo hablar de lo que tenemos que hablar si hay que hablar de otra cosa? Pienso, como dice Nuria, que es necesario sostener la escritura. Y la lectura. Que es necesario pensar. Que ahora la escuela tiene que sustituir el programa prescrito por las preguntas necesarias. Si no, mejor tachar del proyecto educativo aquello de fomentar el...

LA ESCUELA, ENTRE EL MUNDO QUE EXISTE Y EL QUE DEBE EXISTIR.

En la escuela enseñamos el mundo, el que existe: cómo es, qué lo mueve, en unos momentos a una velocidad, y en otros, a otra, qué lo para,... En la escuela hablamos de cómo es el mundo que debe existir, y en ese momento hablamos más de quien lo habita y de lo que hace con el mundo. Hablamos de las personas. Necesitamos maestros y maestras que mantengan viva la tensión entre el mundo que existe y el mundo que debe existir. Que susciten el compromiso de los niños, de las niñas y de los adolescentes con el mundo que existe, para que pueda seguir existiendo, corregido y aumentado, en bondad, verdad y belleza.   

ANESTESIADOS

 ¿Cómo es el sistema educativo de un país, qué se enseña en las escuelas y en las casas, si cuando a la llamada a 60000 de sus ciudadanos a coger el fusil para tomar una ciudad en la que viven un millón de personas enfermas y desnutridas no se responde con una movilización masiva en contra de la orden?