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Mostrando entradas de agosto, 2013

Hay cincos y cincos

En el tema de las becas, Wert se piensa que a la oposición todo le da igual, arre que so y cinco que siete con cinco. Dice que eso es ser "ciego a los resultados".

Y para corregir esa ceguera, las becas serán para quien las merece, para quien se esfuerza y obtiene más que un simple aprobado.

El diccionario dice que mérito es "aquello que hace alguien digno de aprecio o de recompensa". Y yo digo que para saber qué es meritorio habrá que conocer al alguien. Que hay cincos y cincos. Digo yo, que tiene mérito estudiar y sacar un cinco teniendo que trabajar, a la vez. O estudiar y sacar un cinco en un clima familiar o social propio del infierno. O estudiar y esforzarse y sacar un cinco superando las propias limitaciones personales.

Hay que tener muy poca sensibilidad para pedirles a estos, además, que lleven su nota más allá del aprobado, con el argumento de que no están a la altura del esfuerzo que hace por ellos la sociedad.

Al final, el sistema de Wert podría dejar f…

Nosotros, los profesores

La de cosas que he aprendido leyendo a Daniel Innerarity este verano.

El epílogo de "Un mundo de todos y de nadie" habla de nosotros y los otros.

Cuando lo leía pensaba que la pregunta por la identidad, esa que nos hacemos cuando no sabemos ni el por qué ni el para qué de las cosas que nos pasan, no es ¿quién soy yo? (como en el anuncio de ING), sino ¿quienes somos nosotros, los profesores?".

Dice Innerarity que "distinguir entre nosotros y los otros es una cuestión crucial para determinar nuestras responsabilidades, nuestros derechos y nuestros deberes". Esto es, a lo que nos obliga ser profesores y lo que nos es debido.

El "nosotros" es determinante. Y siempre lo tenemos en la boca: "en mi opinión, en cuanto al trato con los padres, el Colegio debería ser más estricto, más taxativo y menos complaciente, sin permitir la posibilidad de crítica y consejos de padres diciendo lo que hemos de hacer. NOSOTROS somos profesionales de la enseñanz…

El mejor profesor de mi vida

La llamada de Daniel Pennac a escribir una antología de los buenos profesores ha tenido eco en otros rincones de la red. Como no podía ser de otra manera.

Aquí os presento un blog que desde el diario El País ha abierto una serie titulada "el mejor profesor de mi vida". Participar en ella exige cierto esfuerzo: hay que pensar y escribir. Empezando por el nombre del profesor: Manuel Bello, Alfredo Santos, Maria Ángeles Casado, Marisa Soler, Miss Philips, Luis Maria Laita, Ana Cogolludo, Santiago Pérez, José Antonio de la Torre, Alonso Guerrero, Rosa María Arbós...

El resultado es emocionante. De la lectura paciente de las distintas entradas sacaréis los rasgos para el perfil de un maestro estupendo, empezando por el principio: un ser humano cabal.

Por otra política educativa.

Leía una mañana de domingo que no está claro si Wert es el peor ministro de Educación de la historia de España. Yo no lo sé. No conozco en profundidad ni la historia de España ni la de de sus ministros de Educación.

Lo que si veo con claridad es que Wert sabe que tiene una misión. Alguien se la habrá encargado. Su LOMCE responde a ese dictado.

Algunos dicen que ahora preparan su relevo. A lo mejor, para que otra persona menos zurrada, que sepa de educación y de cortinas de humo, se lleve las huelgas, los desplantes y los marrones que acontecerán en la segunda parte de la Legislatura.

La Declaración "Por otra política educativa", firmada hace unos meses en Sevilla, abre el diálogo y da oxígeno a este fuego apagado en el que se convierte cualquier debate en el seno de las mayorías abosolutas.


Gracias!

Me escribe Isabel para decirme que sus hijos y ella me recuerdan con cariño.

Lo cual demuestra, sin que haga falta ningún estudio alguno de prestigiosas universidades americanas, que el cariño por un profe y el significado de lo que hace, puede permanecer vivo en la mente y el corazón de las personas, al menos, cuatro años, que el tiempo que hace que no les doy clase.

No está mal.

Gracias, Isabel.

High Crimes

El amor a la verdad es, seguro, uno de los valores sobre los que se asienta el proyecto educativo de nuestra escuela.

Y si no lo es, debería.

La otra noche me senté con Andoni a ver la tele. Echaban "Toda la verdad". Ya la había visto antes, pero la ví de nuevo porque no me pierdo una película de Morgan Freeman.

Ese rato de tele me sirvió para decirle a Andoni aquello de que "si se mueve como un conejo, salta como un conejo, come lo que comen los conejos... seguramente es porque es un conejo".

Pero también para decirle que un prudente proceder debería llevarnos a buscar la verdad detrás de las apariencias. 

Por respeto a la verdad, y por vergüenza, la triatleta bilbaina Virginia Berasategi compareció hace unas semanas delante de la gente para decir que se había dopado. Que el positivo del año pasado era verdad. Que había tomado EPO. Vaya. El primer efecto es que muchos mirarán con sospecha toda su carrera de triatleta. Y ella lo sabe. Hipotecó su brillantísimo pas…

También hay profes de los que uno se quiere olvidar...

Hubo un tiempo de profesores malos, que a mi me dejaron un recuerdo gris y agrio, como de olor a orines (yo me lo hacía encima cuando me pegaba) y vergüenza.

Paul Auster leyó que después de haber escrito su Tractatus cuando era soldado en la Primera Guerra Mundial, Wittgenstein consideró que había resuelto todos los problemas de la filosofía y ya no podía ir más lejos en la materia. Se colocó de maestro en un pueblo perdido en las montañas de Austria, pero resultó que no tenía cualidades para el puesto. Severo, malhumorado, violento incluso, regañaba continuamente a los niños y les pegaba cuando no se sabían la lección. No los cachetes de rigor, sino puñetazos en la cabeza y en la cara, palizas impulsadas por la cólera, que acabaron causando graves traumas a una serie de chicos. Corrió la voz sobre aquella indignante conducta, y Wittgenstein se vio obligado a renunciar a su puesto. Pasaron los años, al menos veinte, si no me equivoco, y para entonces Wittgenstein vivía en Cambridge, …

El profesor y el material

Los réditos del VI Congreso Internacional sobre dirección de centros educativos (San Sebastián, 1, 2 y 3 de julio de 2013) se extienden a lo largo de todo el verano, al menos.

Fijaos en qué cosas estudian los economístas. En este caso, Eric Hanushek, de Stanford: los alumnos con un mal profesor aprenden, de media, en un año escolar, el valor del material correspondiente a medio año. Los estudiantes con buen profesor, en cambio, aprenderán el valor de año y medio de material. 
Conclusión: una diferencia de aprendizaje de un año escolar, en un solo año escolar. 
Yo creo que el dato da para pensar un rato. Todo el verano, al menos.

Transparencia y verdad

Estoy leyendo a Daniel Innerarity ("Un mundo de todos y de nadie"). Justo cuando ando pensando en cómo mejorar la comunicación entre personas y grupos dentro de los colegios. 

Como la transparencia es uno de los grandes valores democráticos, y como muchos de nuestros Colegios no han completado todavía la "Transición", aspiramos a que la nueva organización que reclamamos sea transparente.

Pero ojo, que aunque la transparencia es un indicio de verdad, no todo lo transparente es verdadero.

Como ocurre en política, la distinción entre escenario y bastidores sigue siendo necesaria cuando nos paremos a pensar en cómo organizamos la comunicación en nuestros Centros.

Si no, pasan cosas como esta: en un ejercicio de transparencia encomiable, el balance de cuentas trimestral y anual se presentaba con detalle al Consejo Escolar y al Claustro de Profesores. Y nadie entendía nada.

- ¿Pero vamos bien?, preguntaba la gente. ¿Hay dinero o no hay dinero?

Tener datos está muy bien,…