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Mostrando entradas de junio, 2016

La importancia de no convertir una buena noticia en una mala noticia (dos)

Decía que es muy importante no convertir las buenas noticias en malas noticias, en el momento de comunicarlas a los demás.

Más, si eres director de una escuela y los demás son los padres, o los profesores.

Voy a poner otro ejemplo. Si transfieres la titularidad del Colegio a otros, conviene presentarse sonriente y en compañía de las personas a quienes cedes el timón del proyecto, que deberán presentarse ese día con una imagen tan buena como la tuya, o mejor. Deberás explicar que es un día grande porque el Colegio, que tenía ya un presente espléndido, tiene ahora, además, un futuro cuyo final no alcanzas a ver. Y tendrás que explicar que en el proceso habéis contemplado todos los contras, y hasta que no se han solucionado, no se ha firmado nada.

Tendrás que estar dispuesto a contestar cada pregunta, sin irte por peteneras en ninguna, y sin apelar al Espirítu Santo, porque el noventa por cierto de los que te escuchan no saben quién es ni de qué cosas se ocupa ese señor.

Hablar de lo tri…

La importancia de no convertir una buena noticia en una mala noticia

Si eres director de un colegio y tienes una buena noticia que dar a un grupo de padres y madres, haz todo lo posible por no convertirla en una mala noticia en el momento de comunicarla.

Supongamos que cada uno de sus hijos va a disponer de un ordenador portátil a partir del curso que viene. Entonces empiezas explicando que los profesores, formados y capacitados para ello, en equipo, apuestan de manera decidida por trabajar en un entorno digital, y que sus hijos van a tener la suerte de aprender así a partir de ese momento.

También les dices que comprar el ordenador va a ser un tres por ciento, o lo que sea, más barato que los libros de texto que ya no van a necesitar.

Todo lo que no vaya en esa dirección te garantiza un buen puñado de quebraderos de cabeza. Tan innecesarios como gastar tres minutos en explicar que el dispositivo solo tarda cuatro segundos en encenderse.

La voz de la conciencia

Todos tenemos conciencia. Y en ella, una voz, que nos habla. Es la famosa "voz de la conciencia". La mía se llama Javier. Lleva treinta años dejándose la vida por los refugiados que llegan a mi país. Y cuando en días como hoy me levanto indignado por la indignidad de un ministro del Opus en funciones, me recuerda que hay un motivo mayor para la indignación, y más primero.

Una razón para mirar al sur, cada mañana.