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Mostrando entradas de 2016

El reconocimiento a los maestros

Una vez mi hijo se presentó a una carrera infantil popular. Ganó, y le dieron un premio. Y al que llegó segundo, otro premio, igual, y al que llegó tercero, también, y al cuarto, y al quinto, y al vigesimosegundo, y a todos. El mismo regalo a todos. Mi hijo se fue a casa con cara de no entender muy bien el asunto.

Entre las estupideces que he oído estos días en las tertulias de la Radio comentando el Informe Pisa, hubo una que me llamó especialmente la atención. Era la de un señor que decía que el problema de la educación en España estribaba en que no se reconocía el trabajo de los profesores.

Si la profesión docente tuviera un mayor reconocimiento social, nos iría mejor, sin duda. Nos iría mejor a los profesores, pero sobre todo, le iría mejor a la educación y a todos los que educan, que somos todos.

Pero como se lleven el reconocimiento, y digan que con él se premia su trabajo de tantos años, los profesores que se esconden detrás del programa, mal. Los profesores que van a su bola, …

PISA y otras reflexiones (1)

Seguro que si seguís los medios ya habéis oído hablar y opinar acerca de los resultados de PISA. Pero seguro que no habéis oído opinar a ningún alumno, porque la opinión de los alumnos le importa una mierda a todo el mundo. Además, la mayoría de ellos no sabrían contestar si les preguntan por PISA.

La mayoría de los alumnos más mayores opina que la escuela es un coñazo. Y es verdad. Hace tiempo le escuché a Jose Antonio Marina que los vamos a matar de aburrimiento. De hecho, me doy una vuelta por los colegios, hablo con profesores, y me doy cuenta de que a algunos alumnos ya los dan por muertos. Y que solo esperan que alguien retire el cadáver de ahí. La Dirección, el Inspector o quien sea.

Del muermo hemos intentado salir con innovación.

Pero sin profesores con una habilidad comunicativa extraordinaria no hay mejora que funcione.

Y mientras sigamos acumulando novedades sin revestirnos nosotros de novedad, sin cambiar uno, la escuela seguirá oliendo a rancio.

Educar es combatir

Grande - Marlaska nos dio una definición de educación de las que dan para pensar un rato: educación es dar valores antes de que aparezcan los prejuicios.

Apuntaba el juez, por lo tanto, en tres direcciones: la del qué, la del cuando, y la de contra quién.

La del qué, los valores. Y de entre estos, aquellos que refuercen la ética pública. En contra de lo que muchos quieren ver, la escuela pública y la mayor parte de la escuela de titularidad religiosa llevan años trabajando en la misma dirección: tolerancia y respeto en las relaciones con los que son distintos, igualdad de derechos, libertad y justicia social.

La del cuándo, cuanto antes, y el por qué, porque los enemigos de la educación, los prejuicios (y ya estamos en el contra quien), son más rápidos que Márquez desatado buscando la pole. La falta de respeto, el odio al diferente, y el trato desigual e injusto, viven en las redes sociales y en la opinión publicada.

Y hasta en casa. Por eso educar necesita que familias y escuela pase…

¿A qué edad aprenden los niños a bailar en tu colegio?

Recuerdo que muchos padres y madres jóvenes, cuando se acercaban a conocer el colegio, me preguntaban con qué edad aprenderían sus hijos e hijas a leer. Cuanto menor era la edad que decía yo, más contentos se ponían ellos (me imaginaba que tenían en casa preparados decenas de libros, desde Manolito Gafotas hasta la Memoria de mis putas tristes, desde Elvira Lindo a García Márquez, en fila, uno detrás de otro, para ser leídos antes de los diez, o de los seis, no sé).

Nunca me preguntó nadie a qué edad aprenden los niños a bailar. A lo mejor porque no les importaba un pimiento. A lo mejor porque a bailar les enseñaban en casa. A lo mejor porque a bailar se aprende en extraescolares. A lo mejor porque tenían una escuela de danza debajo de su casa. A lo mejor porque pensaban que lo difícil, en la escuela y lo fácil, en otro lado (¿quien ha dicho que es más difícil leer que bailar?).

¿Y quién ha dicho que es más importante?



¿Quién vuelve a la rutina?

Nuestra cultura tiende más a olvidar que a aprender. Y en verano, más.

Yo os recuerdo, por si acaso.

28 de junio, Aeropuerto Atatürk, Estanbul, 41 muertos y 239 heridos en un atentado suicida.

3 de julio, Karrada, Bagdad, 120 muertos chiíes y 130 heridos a manos del ISIS.

14 de julio, Paseo de los Ingleses, en Niza, 84 muertos, entre ellos, 10 niños, y 50 personas heridas, entre la vida y la muerte, a manos de un lobo solitario del ISIS a los mandos de un camión, con el que atropelló a la multitud que llenaba el paseo contemplando los fuegos artificiales. Llevaba un año preparando el atentado.

15 de julio, Turquía; 161 muertos, 47 de ellos civiles, y 1440 heridos, en el intento de golpe de estado. En la semana siguiente, Erdogan destituye o arresta a 20.000 profesores, policías, jueces, fiscales y militares, y suspende la aplicación del Convenio de Derechos Humanos de Ginebra. Al cabo de tres semanas, ya habla de pena de muerte delante de millones de seguidores enfervorecidos.

18 de j…

La habilidad de no saber

Eso se lo preguntas a tu profesor, me contestaba mi padre cuando le preguntaba algo que él no sabía. Según aquella manera de entender las cosas, un profesor era uno que sabe.

En esa ilusión hemos vivido muchos profesores muchos años. Y la verdad es que a algunos nos ha generado buenas frustraciones y algunos ridículos. Nos frustraba ver que lo que sabíamos no nos daba para que los alumnos lo entendieran, o aprobaran (algunos eludían la frustración culpando a la falta de estudio de los otros). Y hacíamos el ridículo cuando los demás nos ponían cara a cara con nuestra ignorancia, como cuando un padre nos decía, con malas formas, a lo mejor, aquello de "tú de Matemáticas sabrás mucho, pero no sabes nada del mundo en el que viven los alumnos de los que eres tutor"-.

Conocer personalmente y escuchar a Coral López y a Carmen Valls nos ha reconciliado a muchos con nuestra limitación: no sabemos tanto como nos imaginábamos que teníamos que saber.




No sabemos y no pasa nada. Nada que …

Lo que se aprende de otros. 1, de los médicos nutricionistas

En mi pueblo han puesto un comercio que vende suplementos dietéticos. Unos botes gigantescos que no sé muy bien quien compra, porque nunca he visto a nadie dentro de la tienda, ni entrar o salir de ella.



Pero si está, es que la cosa tiene salida.

Sin embargo, para quien hace ejercicio de intensidad moderada, con comer bien, es suficiente. Se lo oí decir a un médico.

Esto es, que el suplemento suplementa. Y da por supuesto que uno ha comido lo que tiene que comer. Que no vale alimentarse a base de hamburguesas, cervecita, doritos tex -mex y bollería industrial, tomarse tres cucharadas de pro- structural protein y salir a correr seis kilometros pensando que vas a acabar más fresco que una lechuga.

Me quedé pensando en la escuela. Muchísimos colegios llevan veinte años ingiriendo suplementos: pizarras digitales, proyectores, extraescolares de todo tipo, guarderías desde las siete de la mañana, permanencias hasta las siete de la tarde y cosas parecidas, y con el proyecto educativo sin toc…

La historia de un maestro (los alumnos)

Llegada una edad, cada maestro puede ya contar su historia. Al menos, algún capítulo.

El capítulo uno de mi historia es el de los alumnos que me llevaron al límite de mi competencia. Gracias a ellos supe que tenía más habilidades de las que creía. Estaban sepultadas debajo de conocimientos inútiles.

Vanessa me preguntaba lo que yo no sabía. Y se lo intentaba explicar.

Josemi siempre estaba en desacuerdo con lo que yo decía. Con todo lo que decía. Y me empeñaba en presentar las cosas de otra manera, a ver si así...

Urko se saltaba cada norma. E intenté hacerme colega suyo.

Rocío no tenía ningún interés en casi nada. Lo importante de su vida no se jugaba en el colegio. Y no me di cuenta de ello en todo el año que compartí con ella.

Vanessa, Josemi, Urko y Rocío son cuatro tipos de alumno que todo profesor termina encontrándose, en algún momento de su carrera.

Los alumnos Vanessa me enseñaron a contestar "no lo sé" cuando no sabía la respuesta. A buscar, cuando la respuesta no …

Cuadernos santillana

Cuando veo a niños haciendo deberes en verano me digo: esto no funciona. No me refiero me refiero a leer, cosa tan sana así en verano como en invierno, sino a deberes de los de verdad, de los de cuatro páginas diarias del cuaderno santillana.

Cuando veo el miedo de los padres a que sus hijos acaben engrosando las filas de los del llamado "fracaso escolar", condenados al infierno de vagar sin rumbo por la selva de la adolescencia, me digo: esto no funciona. Porque no se puede educar con miedo.

Y cuando leo que sólo un tercio de los niños reúnen las habilidades idóneas para un entorno escolar convencional, me digo que esto, lo que no funciona, es la escuela que tenemos.

Por eso hay que cambiarla.

Muchas veces las brujas son dignas de salvación

Cualquier maestro debe esforzarse por ayudar a sus alumnos a comprender la diferencia entre las apariencias y la verdad. En Primaria y en Secundaria. Ya dé clases de matemáticas o de religión. En particular, en las cosas que guardan relación con el comportamiento humano.

- ¿Ves esto? Pues no es lo que parece.

Una buena manera de hacerlo sería leyendo un libro. Hay cosas que son tan verdad que a ellas solo se puede llegar con novelas, y con cuentos. Y hay libros que son tan de verdad que cuando los has terminado sigues mirando detrás de lo que dicen, a ver qué más "quieren decir".

Siempre escuchando a los del Equipo Directivo hablar de innovación...
¿Os imagináis a la de mate diciendo el libro que vamos a leer este año?

¿Os imagináis al equipo docente de 6º, o de 1º o 2º de la ESO, decidiendo juntos el libro (uno solo, entre todos, y no tres, y sólo en las asignaturas de lengua) que van a proponer leer este año?

Las dos cosas son innovación. Pura y dura.

Propongo que leáis con…

Una lista negra de escuelas en Turquía

Solo en la primera semana después del golpe de Estado, el presidente de Turquía firmó miles de órdenes de detención y decretos de cierre de medios y de cese de cargos públicos.

Una de dos: o ese Gobierno tiene los servicios de seguridad más rápidos del planeta o Erdogan tenía la lista hecha desde hacía tiempo: la lista de fiscales y de jueces afines al clérigo Fetulá Gülem, la de periodistas y medios que decían lo que no le gustaba, la de militares disidentes...

Y la lista de escuelas rebeldes: ha cerrado 1043, y 15 universidades privadas, de momento.

Lo que podría querer decir, sin entrar en más honduras, que las escuelas turcas, o sus maestros, se dividen en dos: las que dan el currículo (programa oficial elaborado por los políticos democráticamente elegidos, o no), y las que dan otra cosa que no puede encerrarse en un currículo; las que trabajan de espaldas a la realidad (como si el mundo estuviera detenido en 175 días lectivos y en 180 páginas de un libro de texto, año tras año) y…

Innovar de verdad

Demasiadas veces, en la escuela, no se puede hablar de innovación sin hablar de tecnología. Y si en lugar de tecnología son tecnologías, mejor. Y si son nuevas, mejor que mejor. Eran innovadores, hace diez años, los colegios que sustituían las pizarras de toda la vida por pizarras digitales. Hoy, es innovador el colegio que sustituye los libros de texto por tablets. Se le llama innovador aunque no innove nada, porque lo suyo es pura copia (copia es el antónimo de innovación), ya que muchos otros ya lo hacían antes.

Innovador sería filosofar en la asignatura de Filosofía, dejando de memorizar contenidos ininteligibles.

Innovar sería filosofar, cada día, en 1º de Bachillerato, con las viñetas de El Roto.

¿Quién empieza?



El arte de conversar

Soy una persona con suerte. Estos días he conocido a Enrique Sacanell, autor de un libro estupendo titulado "¿Cómo se lo digo? El arte de las conversaciones difíciles". De lo que nos ha contado he aprendido muchas cosas, pero destaco tres.

Me ha hecho ver que los directivos de los colegios no deben dar por supuesto que las personas de los claustros confían en ellos. La confianza hay que trabajársela. Sin ella, todo es difícil. También, mantener una conversación con cualquiera de esas personas.

Me ha hecho caer en la cuenta de que las personas, todas las personas, estamos dotadas de un poderosísimo detector de reproches. Para que el detector se ponga en funcionamiento, no hace falta un reproche directo, o una llamada de atención. Basta una manera de empezar una frase. Y si el interlocutor se siente reprochado, se acabó la conversación.

Y salí del encuentro con la urgencia de hacer una lista de conversaciones pendientes. Y de tenerlas, después. Si no lo hago, las conversacione…

El miedo a fracasar delante del examen

El miedo es libre, dicen. Y la verdad es que, en uso de su libertad, se acerca estos días a los sitios por los que andan los estudiantes, y libera a uno de sus fantasmas más terribles. Es el miedo al fracaso. A veces va con una banda de matones: el miedo "a fracasar de nuevo", el miedo "a reconocer que soy un incapaz", o, aunque este solo se les junta de vez en cuando, el miedo "al más absoluto de los fracasos".

Delante del miedo puedes huir, como las gacelas, luchar, como los toros, quedarte quieto, como los escarabajos, o someterte, como los lobos de una manada delante del macho dominante.

Delante del miedo, cada uno hace lo que puede. A no ser que esté entrenado, y entonces hace lo que que sabe. Si puede, claro. A tí, que estas acojonado por el examen que tienes delante, te recuerdo que la intensidad del miedo responde a una fórmula muy sencilla: gravedad del peligro dividida por la fortaleza personal. Como con lo primero no podemos hacer nada (la sele…

La importancia de no convertir una buena noticia en una mala noticia (dos)

Decía que es muy importante no convertir las buenas noticias en malas noticias, en el momento de comunicarlas a los demás.

Más, si eres director de una escuela y los demás son los padres, o los profesores.

Voy a poner otro ejemplo. Si transfieres la titularidad del Colegio a otros, conviene presentarse sonriente y en compañía de las personas a quienes cedes el timón del proyecto, que deberán presentarse ese día con una imagen tan buena como la tuya, o mejor. Deberás explicar que es un día grande porque el Colegio, que tenía ya un presente espléndido, tiene ahora, además, un futuro cuyo final no alcanzas a ver. Y tendrás que explicar que en el proceso habéis contemplado todos los contras, y hasta que no se han solucionado, no se ha firmado nada.

Tendrás que estar dispuesto a contestar cada pregunta, sin irte por peteneras en ninguna, y sin apelar al Espirítu Santo, porque el noventa por cierto de los que te escuchan no saben quién es ni de qué cosas se ocupa ese señor.

Hablar de lo tri…

La importancia de no convertir una buena noticia en una mala noticia

Si eres director de un colegio y tienes una buena noticia que dar a un grupo de padres y madres, haz todo lo posible por no convertirla en una mala noticia en el momento de comunicarla.

Supongamos que cada uno de sus hijos va a disponer de un ordenador portátil a partir del curso que viene. Entonces empiezas explicando que los profesores, formados y capacitados para ello, en equipo, apuestan de manera decidida por trabajar en un entorno digital, y que sus hijos van a tener la suerte de aprender así a partir de ese momento.

También les dices que comprar el ordenador va a ser un tres por ciento, o lo que sea, más barato que los libros de texto que ya no van a necesitar.

Todo lo que no vaya en esa dirección te garantiza un buen puñado de quebraderos de cabeza. Tan innecesarios como gastar tres minutos en explicar que el dispositivo solo tarda cuatro segundos en encenderse.

La voz de la conciencia

Todos tenemos conciencia. Y en ella, una voz, que nos habla. Es la famosa "voz de la conciencia". La mía se llama Javier. Lleva treinta años dejándose la vida por los refugiados que llegan a mi país. Y cuando en días como hoy me levanto indignado por la indignidad de un ministro del Opus en funciones, me recuerda que hay un motivo mayor para la indignación, y más primero.

Una razón para mirar al sur, cada mañana.

Devaneos de escultor

El escultor imagina la obra en su cabeza. Prefigura un resultado, y lo busca. Elige el material, y el camino que va a recorrer con él. Selecciona la herramienta, eligiendo aquella que más respetará el ser del granito, o del hierro, o de la madera. Aplica la fuerza y la maña, cada una cuando toca, porque sabe que las dos son necesarias para doblegar resistencias. No se enfada porque que el granito sea duro, porque el hierro se oxide o porque la madera saque astillas. Las cosas son como son.

El escultor tiene imaginación, recursos y estrategia. Y paciencia. Mucha paciencia.

A los padres y a los maestros se nos entrega el material. Esto es lo que hay, solemos decir. Haga usted lo que sepa, le dicen a algunos profes novatos cuando entran al aula.

Y pocos se empeñar en imaginar. En buscar resultados excelentes. En elegir la herramienta para cada material, en cargar más ternura los días que toca maña y más genio los días que toca fuerza.

Hay educadores con perfil de escultor, y esos son los…

La luz del mundo

Qué cuesta arriba se hace ya el curso para tantas maestras y maestros, que difícil seguir siendo paciente, cariñosa, cuando más cansados vamos.

Este es mi homenaje, mi ánimo.

Sobre todo para los que dais esperanza, y letras, y ciencia, a los niños del Polígono Sur, a los del Pozo, a los de La Mina, a los de la calle Prim de Donosti y a los de La Milagrosa de Barakaldo.

Vosotros sois la luz del mundo.

Si quieres que una entrevista con padres termine como el rosario de la aurora...

Si eres maestro y quieres que tu entrevista con unos padres termine como el rosario de la aurora, puedes empezar así:

- "Estoy harta de vuestro hijo".

Estos son algunos de los peligros de un comienzo como este: que el niño haya ido a casa varios días comentando lo mal que explicas, y que el padre le haya hecho caso, y te responda que él también está harto de tí. Tú te sentirás atacada y empezarás a defenderte. Mal asunto.

Que al padre lo hayan despedido anteayer y que su mujer le haya dado un ultimatum por huevón. A ese padre lo único que le falta es que le digan que están hartos de su hijo. Entonces podría contestar que él también está harto de los profesores, que se piensan que todo lo hacen bien. Entonces tú te sentirás atacada y empezarás a defenderte. Peor asunto que el anterior, porque, recuerda, el padre lo está pasando muy mal.

Que el padre no diga nada, y permanezca en silencio, porque tu entrada en la entrevista lo ha hundido en una negrura de pensamientos negativo…

Sin una buena historia, nada.

No se puede explicar nada, a nadie, nunca, si no es empezando con una buena historia.

Es una de las cosas que he aprendido releyendo El Elemento, de Sir Ken Robinson.

El libro empieza así:

Hace unos años oí una historia maravillosa que me gusta mucho explicar. Una maestra de primaria estaba dando una clase de dibujo a un grupo de niños de seis años de edad. Al fondo del aula se sentaba una niña que no solía prestar demasiada atención; pero en la clase de dibujo sí lo hacia. Durante más de veinte minutos la niña permaneció sentada ante una hoja de papel, completamente absorta en lo que estaba haciendo. A la maestra aquello le pareció fascinante. Al final le preguntó que estaba dibujando. Sin levantar la vista, la niña contestó: "Estoy dibujando a Dios". Sorprendida, la maestra dijo: "Pero nadie sabe qué aspecto tiene Dios".

La niña respondió: "lo sabrán enseguida".

Nuestras reuniones (6): una retirada a tiempo es una victoria

Si la reunión no puede tener lugar, lo mejor es que no tenga lugar.

Una vez fui a una reunión que tenía el siguiente orden del día:

1. Oración (la reunión era en el Obispado)
2. Lectura y aprobación del acta de la reunión anterior
3. Otro tema (no me acuerdo de cual)
4. Otro tema (tampoco me acuerdo)
5. Ruegos y preguntas.

Duraba hora y media. Bien, pensé cuando recibí la convocatoria. Da tiempo.

Después de rezar, empezamos con la lectura del acta. Y así nos tiramos hora y media. Cada frase que se leía, una persona, siempre la misma, objetaba: esto no se dijo, o eso no se dijo así, o no estoy de acuerdo con esta redacción, y cosas parecidas.

Toda la reunión.

No pasamos al punto 2.

No se aprobó el acta!

¿Podéis creer que nadie se levantó? ¿Que nadie protestó? ¿Que nadie preguntó a ver por qué nos hacía perder el tiempo? ¿Que nadie le dijo que resolviera sus problemas de otra manera?

¿Que nadie le preguntó si su objetivo era que la reunión no tuviera lugar?

¿Podéis creer que quien tenía…

Nuestras reuniones (5); preparar

Lo primero que hay que hay que hacer para que una reunión dure lo que tiene que durar (lo que pone en el papel de la convocatoria, y que nunca puede exceder de la hora y media) es prepararla.

Leerse el orden del día (si no hay para qué, ¿para qué nos reunimos?)

Leer la documentación, si la hay.

Pensar en el tema que se propone, si no hay documentación.

Pedir aclaraciones a quien convoca, si algo no se entiende.

Pensar en cómo decir lo que quieres decir tardando lo menos posible, y con palabras que todos puedan entender (¿no hay en tu equipo una persona que, cuando acaba de hablar, siempre preguntas al de al lado para saber qué habrá querido decir?).

Si no has podido prepararla, explícalo, pide disculpas. Así la gente entenderá tu silencio (aunque os parezca increíble, hay personas que no preparan las reuniones a las que van, y luego tapan lo que no han hecho hablando más que nadie).


Otra de padres helicóptero

El otro día os contaba la de aquella madre que me llamó para decirme que le había llamado su hija desde Dublín para contarle un problema que yo debía de resolver desde Bilbao conectando con Irlanda, para regocijo de Telefónica.




Otra madre helicóptero es la que me llamó, diez minutos más tarde de que su hijo hubiera terminado el examen de Física, para decirme que le había llamado su hijo diciendo que la cuarta pregunta era muy difícil, y para preguntarme cuántos obstáculos más íbamos a poner en su camino para hacerle cuesta arriba el aprobado.

Entonces pensé en prohibir los móviles, pero pronto me di cuenta de lo vano de ese empeño, y de que los móviles no han sido nunca un problema. Sino quienes los usan mal.

Oxígeno

Mi hijo Xavi, de trece años, no lee nada. Por no leer, no lee ni los enunciados de los problemas de Matemáticas. Ni las preguntas de los exámenes lee. Cuando lo comento, la gente me mira extrañada y me dice que qué caso más extraño, siendo hijo de un profesor, y con todos los libros que tengo en casa. Entonces yo les explico que con muchos niños hemos hecho como aquellos domingueros aficionados que se piensan que para hacer un fuego basta con apilar leña y acercar una cerilla, ignorando que entre tronco y tronco tiene que haber sitio para el oxígeno. Sin oxígeno, no hay fuego.
Yo le cuento historias, y él descansa en ellas, juega con ellas, se duerme con ellas. A veces me las invento, y a veces las leo. En las últimas semanas le he leído El niño con el pijama de rayas, y los martes se lo ha llevado al Instituto para seguir leyendo en clase de Lengua. Ayer por la noche llegué tarde a casa, y me estaba esperando para contarme que Bruno había entrado al campo, que Shmuel le había dado un…

Tres lecciones de fútbol a la escuela. Y la tercera.

Cuando leo a Sir Ken Robinson que la escuela mató la creatividad, se me cae el alma a los pies.

Y cuando escucho a los profesores decir a sus compañeros más jóvenes que no se preocupen, que cada curso es igual que el anterior, se me van las fuerzas para recoger el alma que llevo arrastrando.

A Antonio Conte, con el fútbol, le pasa igual.

- "El que diga que el fútbol no hay nada que inventar, dice una gran tontería, lo dicen porque no tienen ganas de hacer nada".

Que es lo que les pasa a esos profesores mayores de los que hablaba.

Tres lecciones de fútbol a la escuela. La segunda.

Antonio Conte, el seleccionador de futbol italiano, no puede con la falta de ilusión.

- "El fútbol es un deporte del que hay que estar enamorado, hay que tener entusiasmo para practicarlo. Si veo gente que no lo tiene, que se arrastra por el campo, que viene cansado al entrenamiento, me saca de quicio".

Como me pasa a mí con los maestros, cuando los veo entrar en clase como alma en pena, como viviendo en un lunes eterno, lluvioso y gris.

Tres lecciones del fútbol a la escuela. La primera.

¿Qué hay que hacer para ganarse su confianza?, preguntaba la periodista a Antonio Conte, seleccionador de fútbol italiano.

Uno se espera cosas como entrega, sentir la camiseta, o tener ambición. Y da por sentado lo de ser un extraordinario futbolista, porque nadie que no lo sea llega a jugar en la selección de su país.

Pero no. Antonio Conte (Lecce, 46 años) va más atrás:

- Tener educación y respeto. Es lo primero que doy y pretendo que se me dé. Nunca me fiaré de un maleducado.

Para jugar en la selección italiana de fútbol hay que tener educación.

En contra de lo que andéis pensando, no es una obviedad.

En la escuela igual. Lo primero que hay que tener para trabajar en ella es ser buena gente. Que uno sabe lo que tiene que saber se da por hecho, como lo de ser buen futbolista para jugar en la selección.

Nuestras reuniones (4): el papel del moderador

Si quieres que una reunión salga mal del todo, renuncia a tu papel de conductor, o moderador.

Permite que las personas intervengan por alusiones, para defender sus causas personales, y que utilicen el espacio de trabajo para hacer campaña de sí mismas.

No interrumpas intervención alguna, aunque lo que digan se vaya por los cerros de Úbeda, Jaén.

Consiente que haya personas que nunca intervengan, porque no tienen nada que decir.

Tolera que haya quien cuele sus temas y sus cosas por delante de los fijados en los órdenes del día.

No hagas nada si dos personas se atacan personalmente o se pasan facturas por deudas entre ellas.

No reacciones ante juicios de valor.

Y cuando llegue la hora del final, dala por terminada lamentando que no se hayan podido tocar todos los temas previstos.


Deberes

Hace unos días me fijaba en esta noticia de El País en la que se recogía la iniciativa de grupos de padres que querían acabar con los deberes escolares.

Como en tantas otras cosas de la escuela, y de la vida, esto no es algo de sí o no, sino de evitar las barbaridades en las que tantos hemos caído.

Una, la de considerar nuestra asignatura la más importante de todas, y la que, dado su estatus, requiere sesión doble de trabajo diario.

Dos, la de no hablar nunca del tema de los deberes en una reunión del claustro de profesores.

Tres, consecuencia de la dos, la de ir los profesores cada uno por su lado, de manera que, con un poco de suerte, a seis horas de clase le seguían otras tres de trabajo de casa, un día, y ninguna, al siguiente. O dos cada día, durante todo un año, y ninguna, durante todo el curso siguiente.

Cuatro, la de vivir esclavos del programa, de manera que si no se fuerza la máquina, mandando ración doble de deberes, explicando de cualquier manera, o con el tradicional &quo…

Nuestras reuniones (3); empezar bien

Lo primero que hay que hacer para que una reunión sea un desastre es proponer un orden del día imposible.

Yo conocí una organización en la que a las reuniones de equipo se iba a comentar los problemas, si es que había. Si no había problemas, no había reunión. Y si un día las personas no querían que hubiera reunión, porque estaban cansadas o porque jugaba el Athletic por la tele, bastaba con que se pusieran de acuerdo en que no había problemas.

- Hoy no ha pasado nada, decían.

Y todos a casa.

A esa organización llegó un director que dijo que eso era un desastre, y que a las reuniones se iba con orden del día.

Y así fue. Con un orden del día en el que siempre había doce temas, o más. Para tratar en una hora. Imposible.

- Llegamos hasta donde podamos, decía para acallar las protestas.

Nunca pasaban del dos, o del tres, ya que a los temas previstos les precedía una discusión sobre los problemas que había.

¿Os suena? Cambiar todo para no cambiar nada.

Nuestras reuniones (2): escuchar.

Muchas veces, en las reuniones a las que voy, observo. Ya sé que está mal, que a las reuniones hay que ir a aportar, pero mi alma de antropólogo me puede con frecuencia.

El otro día me encontré en una reunión con una persona que esperaba su turno para hablar ensayando para sus adentros lo que iba a decir. Solo miraba al papel en el que tomaba notas. Y deduje que desde que levantó la mano para pedir la palabra hasta que el moderador se la dio no escuchó otra cosa que su propio dialogo interior.

Cuando tuvo la palabra respondió a algo que se había dicho como si hubiera estado escuchando, -"dices que...", empezó diciendo- pero en realidad, a mi me dio la impresión de que venia de casa sabiendo lo que el otro iba a decir y sabiendo lo que iba a contestar.

- Creo que no me has escuchado, contestó la persona aludida.

Date por jodido, pensé.

Y efectivamente, el otro saltó:

- ¿Cómo que no te he escuchado?!!

Y se lió (mejor contestar: - lo siento, he debido explicarme mal).

Estas son…

Nuestras reuniones (1): conversaciones pendientes

En las reuniones a las que voy escucho, muchas veces, expresiones que no sé lo que significan. Las palabras las entiendo, pero no sé ni por qué ni para qué se dicen. Por ejemplo:

- Siempre estamos con la misma historia.

A mi se me amontonan las preguntas: ¿siempre?, ¿estamos?, ¿quienes estamos?, ¿cuál es la historia en la que estamos?

Si hago alguna de esas preguntas, o si digo que no me estoy enterando, me expongo a miradas o a comentarios de desaprobación, así que con frecuencia fijo la vista en el papel, o la cruzo con alguno de los cómplices que tengo en la reunión (qué sería de la vida sin cómplices...). Y ahí lo dejo.

Mientras, pienso. En que cualquier conflicto no resuelto en el pasado, se transfiere a nuestras interacciones en el presente. Y las contamina.

Y después de pensar, me ratifico en el diagnóstico que llevaba puesto: nuestras organizaciones y equipos tienen decenas de conversaciones pendientes.

Villanos sin superhéroe

Muchas veces, cuando me pongo a mirar a grupos de personas -un Claustro de profesores y profesoras, pongamos por caso- me pregunto qué hace que haya en el mismo equipo personas con ganas de trabajar y personas que hacen lo justo, para cumplir, personas arrogantes ("me vas a enseñar tú a mí, ahora") y personas sencillas, con unas enormes ganas de aprender, personas nostálgicas de un pasado que siempre fue mejor y personas que saben que mejorar, mejorar, lo que se dice mejorar, es cosa del futuro, personas que envidian lo que hacen los demás, y dinamitan cuanto pueden, y personas que admiran lo que hacen los demás, y lo aprenden, lo recrean y lo multiplican.

¿Qué hace que esto pase?, me suelo preguntar.

¿Y por qué pasa aquí y allí?

Será la edad, me contestaba. Pero no. Es la a-C-titud, y no la a-P-titud, la que crea la a-L-titud, decía mi buen amigo Joserra Mandiola.

Y esta teoría de Joserra me la confirmó este cuento que encontré en la red. Lo recoge María Pérez, andaluza de …

Residencia y Colegio Artagan, en Bilbao

Hay personas que trabajan a jornada completa. Y hay otras personas que hacen jornada doble, sin cobrar más que una, o media, y sin exigir nada a cambio, ni siquiera el reconocimiento de la sociedad.

Es el caso de Sonia y de Isabel, que por la mañana gestionan y dan clase en uno de los mejores colegios de Bachillerato y de Formación Profesional de Grado Superior del país y por la tarde, la noche y el amanecer acompañan a las niñas que las autoridades ponen a su cuidado.

No hacen este doble trabajo por amor al arte, sino por amor a los niños. Un amor sonriente, cargado de sensibilidad y de buen rollo, que se pega a las paredes y a las aulas del colegio convirtiéndolo en un lugar de acogida y de respeto. Otra muestra más - y van... -de que para que haya escuela no hacen falta ni wifi en todas las aulas, ni pizarras digitales ni 1x1 en ordenadores, sino profesores. Gente buena.

Salvan vidas.

Recuperan para la alegría de vivir a personas a las que la vida quitó demasiadas cosas necesarias …

La ilusión y el entusiasmo de los que llegan

Lo más bonito de mi profesión es que me da la posibilidad de encontrarme con frecuencia con hombres y mujeres que empiezan a trabajar en la escuela. En los últimos días, en el Colegio Escuelas Pías de Carabanchel, en el Colegio San José de Santander y en el Colegio Escolàpies Sant - Martí de Barcelona, a la sombra de las torres de la Sagrada Familia.
De su ilusión y de su entusiasmo, cuando hablamos de niños, de padres, de escuela y de maestros, nacen mi ilusión y mi entusiasmo. 
Y mis ganas de seguir pensando para qué está la escuela y para qué estamos los maestros en la escuela.



Un colegio de colores

El mundo es de colores.

Y el colegio también. De color gris, concretamente.

Luego las aulas de infantil son azules, los pasillos, según la etapa, las aulas de la ESO naranjas y las de Primaria, verdes.

Pero el recibidor, gris. Gris claro o gris oscuro, pero gris.

Y mal iluminado. Encima.

¿Alguno pintaría de gris el recibidor de su casa? ¿Alguno diría a sus invitados, "si, el recibidor es poco acogedor, pero ya verás cuando entremos en la sala"? ¿A que no?

Pues eso.

Tres preguntas para el examen de conciencia docente

Ana Martínez Mendez, propone, desde Educación 3.0. algunas preguntas para que los maestros nos hagamos al acabar el día.

Una buena idea, que comparto. Ahí van las preguntas:

1ª) ¿Te has reído? (si no hay risas en la escuela...).

2ª) ¿Has hecho algo distinto a lo de todos los días? (para conseguir resultados diferentes hay que hacer cosas diferentes, ¿no?).

3ª) Ese niño que tienes en clase, y que quiere ser maestro, ¿tendrá hoy más ganas de serlo?

Una razón apabullante para cambiar la escuela

De todas las razones que hay para cambiar la escuela (que ahora se aprende distinto, que muchas de las cosas que enseñamos estarán superadas por el simple paso del tiempo el miércoles que viene, que no se puede enseñar en analógico a la gente digital...) hay una que se impone de manera apabullante: que los vamos a matar de aburrimiento. 
      Recoge Jose Antonio Marina en su Libro Blanco cómo las investigaciones neurológicas de Rosalind Picard y sus colegas del MIT Media Lab muestran que la actividad del cerebro de los alumnos durante una clase magistral es más baja que cuando están dormidos. 
      (Así que va a resultar que cuando Casilda dormitaba con aquel ronquidito suave en mis clases de Economía era la de cerebro más activo. Qué razón tenía yo, sin saber, cuando pedía a sus compañeros que no la despertaran).