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Nuestras reuniones (6): una retirada a tiempo es una victoria

Si la reunión no puede tener lugar, lo mejor es que no tenga lugar.

Una vez fui a una reunión que tenía el siguiente orden del día:

1. Oración (la reunión era en el Obispado)
2. Lectura y aprobación del acta de la reunión anterior
3. Otro tema (no me acuerdo de cual)
4. Otro tema (tampoco me acuerdo)
5. Ruegos y preguntas.

Duraba hora y media. Bien, pensé cuando recibí la convocatoria. Da tiempo.

Después de rezar, empezamos con la lectura del acta. Y así nos tiramos hora y media. Cada frase que se leía, una persona, siempre la misma, objetaba: esto no se dijo, o eso no se dijo así, o no estoy de acuerdo con esta redacción, y cosas parecidas.

Toda la reunión.

No pasamos al punto 2.

No se aprobó el acta!

¿Podéis creer que nadie se levantó? ¿Que nadie protestó? ¿Que nadie preguntó a ver por qué nos hacía perder el tiempo? ¿Que nadie le dijo que resolviera sus problemas de otra manera?

¿Que nadie le preguntó si su objetivo era que la reunión no tuviera lugar?

¿Podéis creer que quien tenía autoridad para hacerlo no suspendió la reunión a los 5 minutos?

Después de aquello, no me ha vuelto a pasar nada igual.

A lo mejor es que estas cosas solo pasaban en el Obispado.




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(Lee a Catherine L´Ecuyer, "Educar en el asombro")