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¿Fuera o dentro? ¿Dónde empieza el aprendizaje?

Tumbado en la cuna, con unos meses de edad, sus ojillos se movían inquietos de un lado a otro. Su madre, inclinada sobre él, le iba mostrando, una tras otra, láminas con dibujos a la vez que decía en voz alta y clara la palabra del objeto o del animal representado en la lámina: vaca, casa, caballo, coche... Y cuando se acababan las láminas, vuelta a empezar: vaca, casa, caballo, coche...

Estaba convencida de que recibir muchos estímulos externos - cuanto antes, y más, mejor - contribuiría a que el niño fuera más inteligente.

Estaba convencida, también, aunque no había pensado nunca en ello, de que el proceso de aprendizaje se iniciaba fuera de la persona.

Y no es así. Los niños llevan de serie un motor interno que les ayuda a descubrir so-los. ¿Sabéis cual es? El asombro.

(Lee a Catherine L´Ecuyer, "Educar en el asombro")


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asombro + duda = ganas de aprender

Ya nadie se asombra de nada. Ni de las patochadas de Kim Jong-un, ni de las ocurrencias de Trump o las "boutades" de Le Pen. Ni de lo último que ha robado un dirigente del PP ni del 1 de octubre (el día de la bronca en Ferraz) permanente en el que vive (y parece que seguirá viviendo) el PSOE.

A lo mejor es lo normal, por aquello que decía Carl Jung de que todos nacemos originales y morimos copias.

Pero a mí me parece mal.

Sin asombro, y sin la duda que provoca el asombro, no tenemos ganas de aprender.

Y sin ganas de aprender, ¿qué vamos a enseñar los maestros? ¿El programa? Anda ya.

La belleza (o enfrente)

El Colegio:



El lugar en el que está el colegio:



La pregunta: ¿dónde "damos" la clase?



Educar en la realidad

Yo llevaba un año tomado notas y ordenando ideas para escribir un libro. Tendría que hablar de la escuela y la realidad. Partía de mi constatación de que muchas escuelas viven a espaldas de lo que pasa más allá de sus paredes. Y de que, en consecuencia, muchos alumnos viven la vida como sin interés por la vida.

Y resultó que el libro ya lo había escrito Catherine L´Ecuyer. Ese trabajo que me ahorro, pensé. A otra cosa.

A lo largo del libro nos lleva varias veces a Platón, que dijo que fácilmente podemos perdonar a un niño por tener miedo a la oscuridad; la tragedia verdadera de la vida se da cuando los hombres tienen miedo a la luz.

"Educar en la realidad" es no tener miedo a la luz.

Esto es, primero, educar desde lo que pasa a nuestro alrededor. Para poder acontecer. Y no ser solo espectadores de lo que acontece.

Segundo, educar poniendo a los niños delante de la belleza. Se sorprenderán. Y aprenderán.

Y tercero, educar con realismo. No pidiendo a los niños que hagan lo qu…

Lo innovador, maestros verdaderos

Suele decir Fernando González Lucini que la escuela está para humanizar. Y algunos piensan que vaya cosa, que uno se hace humano por el contacto con otros humanos, en casa y en la calle, en el equipo y en la pandilla, con los primos y con los amigos. Y que la escuela está para enseñar cosas. Ay!

Leo a Catherine L´Ecuyer que solo es humana una educación que proporciona suficientes oportunidades de experiencias interpersonales. Que cuando no hay recuerdos de experiencias interpersonales verdaderas, hay un déficit de humanidad. Y entonces la pregunta es: ¿la escuela contribuye al déficit o ayuda a superarlo?

Para responder a esa pregunta, L´Ecuyer da una pista que merece la pena seguir: es imprescindible que los padres y los maestros entiendan el sentido verdadero de su papel en la educación de los niños: "abrazar, interpretar la realidad con la mirada, contar historias reales, otras ficticias, acoger, redimensionar un problema emocional, corregir un defecto con cariño, ayudar a des…

El reconocimiento a los maestros

Una vez mi hijo se presentó a una carrera infantil popular. Ganó, y le dieron un premio. Y al que llegó segundo, otro premio, igual, y al que llegó tercero, también, y al cuarto, y al quinto, y al vigesimosegundo, y a todos. El mismo regalo a todos. Mi hijo se fue a casa con cara de no entender muy bien el asunto.

Entre las estupideces que he oído estos días en las tertulias de la Radio comentando el Informe Pisa, hubo una que me llamó especialmente la atención. Era la de un señor que decía que el problema de la educación en España estribaba en que no se reconocía el trabajo de los profesores.

Si la profesión docente tuviera un mayor reconocimiento social, nos iría mejor, sin duda. Nos iría mejor a los profesores, pero sobre todo, le iría mejor a la educación y a todos los que educan, que somos todos.

Pero como se lleven el reconocimiento, y digan que con él se premia su trabajo de tantos años, los profesores que se esconden detrás del programa, mal. Los profesores que van a su bola, …

PISA y otras reflexiones (1)

Seguro que si seguís los medios ya habéis oído hablar y opinar acerca de los resultados de PISA. Pero seguro que no habéis oído opinar a ningún alumno, porque la opinión de los alumnos le importa una mierda a todo el mundo. Además, la mayoría de ellos no sabrían contestar si les preguntan por PISA.

La mayoría de los alumnos más mayores opina que la escuela es un coñazo. Y es verdad. Hace tiempo le escuché a Jose Antonio Marina que los vamos a matar de aburrimiento. De hecho, me doy una vuelta por los colegios, hablo con profesores, y me doy cuenta de que a algunos alumnos ya los dan por muertos. Y que solo esperan que alguien retire el cadáver de ahí. La Dirección, el Inspector o quien sea.

Del muermo hemos intentado salir con innovación.

Pero sin profesores con una habilidad comunicativa extraordinaria no hay mejora que funcione.

Y mientras sigamos acumulando novedades sin revestirnos nosotros de novedad, sin cambiar uno, la escuela seguirá oliendo a rancio.