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Entradas

Nos educaron unos enfermos

Estudié la EGB entre la Escuela Parroquial de San Vicente Mártir, en Bilbao, y los Salesianos de Deusto. La mitad en un sitio y la otra mitad en el otro. Entre septiembre de 1970 y junio de 1978.

Muchos de los que me educaron eran unos enfermos.

Me dieron hostias como panes. Aunque muchas menos que a mis compañeros que iban mal en los estudios, o que no estudiaban.

Golpear no formaba parte de las rutinas diarias. Golpear era el sistema que empleaban. Y quienes enseñaban y aprendían (?) allá, lo integraban. Aquellos, como necesario. Estos, como normal.

Luego blanqueé aquellas barbaridades. Para subrayar la tesis de que los padres y madres, ahora, protegen en exceso a los hijos, recurrí a aquello de que "antes, si venías diciendo que te había pegado el profesor, tu padre te pegaba otra vez". Siento vergüenza por la pobreza del argumento, por las veces que lo he utilizado y por las veces que lo he escuchado sin rebatirlo.

No sé si es verdad que olvidamos lo que nos hace daño re…
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Hablando se entiende la gente, aunque no siempre

Decimos muchas veces a los niños en la escuela que los problemas se arreglan hablando, y no a patadas. Lo hacemos porque creemos que "hablando se entiende la gente".

Pero esa es una verdad a medias. A veces, las palabras hacen que la gente se entienda, y otras veces, otras muchas veces, no. Todos los que trabajamos con personas sabemos de la dificultad de entendernos al hablar. Incluso después de que abandonen la sala las que van dispuestas a que el diálogo no avance un milímetro si no se les da la razón o las que van con la misión de que no se apruebe ni el acta de la reunión anterior.

Y por eso, porque hablar es un arte, y no todos lo dominamos, recurrimos en ocasiones a hombres y mujeres cuya competencia es la de facilitar el diálogo entre las demás personas. Ayudan a cuestionar creencias, incluida la creencia de que hablando se entiende la gente, a aparcar prejuicios, a crear complicidades, a ver puntos de encuentro...

Ellos sí son unos verdaderos artistas del hablar y e…

La obsesión por los barcos

La mayoría de las personas que conozco no navegan. Ni a motor, ni a vela ni a remo. Alguna vez se suben a un barco, pero están más pendientes del aperitivo que les sirven, o de no marearse, que de los aparejos, del rumbo o del viento.

Sin embargo, muchas de esas personas, directores, entrenadores o presidentes, usan con profusión expresiones como "estamos todos en el mismo barco", o "tenemos que remar todos juntos" cuando se dirigen a las personas para pedirles implicación, compromiso o trabajo en equipo.

No sé que fuerza esperan que tengan esas expresiones cuando llegan a oídos de personas que, también en su mayoría, no han cogido un remo en su vida.

Yo desconecto. Si no saben motivar más que con efectos navales, es que no pueden liderar.




Y además, normalmente, el argumento está mal traído. Porque no todo es remar más fuerte (esfuerzo personal) ni con el mismo ritmo o en la misma dirección (trabajo en equipo), sino de sentir.

En el mar, la embarcación te mece. El c…

Las creencias, o el mar congelado que tenemos dentro

Los profesores tienen que leer. Leer mucho. Miles de páginas al año. De libros y de revistas y de periódicos. Si quieren enseñar el mundo, claro. Si no, basta con que lean los exámenes de sus alumnos y los e-mails del correo interno del Colegio.

Yo animo a leer, a ser posible, páginas que contengan ideas diferentes a las de uno.

Primero, porque los profesores son los que tienen que enseñar a cuestionar las creencias, y conviene empezar por uno mismo.

Y segundo, para poder pensar. Pensar es eso tan saludable que retrasa el envejecimiento mental y a la vez te aleja de los extremos, donde habitan los que piensan poco, o piensan solo de lo suyo.

Steiner (Lenguaje y silencio: Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano, Barcelona, Gedisa, 2013) cita a Kafka: "si el libro que leemos no nos despierta como un puño que nos golpeara en el cráneo, ¿para qué lo leemos? ¿Para que nos haga felices? Dios mío, también seríamos felices si no tuviéramos libros, y podríamos, si fuera nec…

Vuelve la Filosofía

Oigo a todo el mundo felicitarse porque la Filosofía vuelve al curriculum  escolar en 4º de la ESO y en 2º de Bachillerato.


También oigo felicitarse a los que la quitaron, qué cosas.

La razón por la que están tan contentos, en cambio, es de una simpleza extrema. Tertulianos, opinadores y políticos dicen que no podía seguir en una situación marginal "la asignatura que enseña a los alumnos a pensar".

Pensar es muy importante. En tiempos de pantallas que te roban el trabajo de pensar, más. Pero no hay asignaturas que te ayudan a pensar más que otras, sino profesores que enseñan a pensar y profesores que no. Por ejemplo, hay profesores que enseñan a repetir contenidos. De estos, algunos dicen que está mal la respuesta a una pregunta del examen porque no está dicho "como en el libro". Hay profesores que no tienen tiempo de enseñar a pensar porque tienen que acabar el programa. Y, lo peor, hay profesores que no enseñan a pensar porque ellos tampoco piensan, sobre su prác…

have you ever seen the rain?

Algunas personas dicen que después de la tempestad viene la calma.

Otras, que es al revés, que es la calma la que precede a la tempestad.

Óscar, mi compañero en el departamento de Sociales, era de los segundos:

- Qué bonito día hace hoy, le decía yo cuando entraba al despacho a las ocho de la mañana.

- Sí, ya verás qué pronto entra uno por esta puerta y lo jode.

En cualquier caso, esas dos maneras de referirse a las cosas buenas o malas que nos pasan apuntan a la sucesión cronológica, ahora lo bueno, luego lo malo.

Para mí, las cosas nunca han sido así. Mis días, también mis días en el Colegio, o, mejor dicho, mis días, por el hecho de ser profesor, se parecen más a la lluvia en días de sol. Lo bueno y lo malo, todo junto.

Y por ser así, lo que necesitamos para no mojarnos por sorpresa, o para mojarnos sin resfriarnos, sin perder la capacidad de disfrutar de la belleza incomparable de la luz del sol y el agua viviendo juntas, nos convierte en seres poderosos.

"Invisible", de Eloy Moreno

Terminé de leer el libro de Eloy Moreno -"Invisible", Nube de tinta, Barcelona 2018- y me puse a repasar algunas de las cosas que he dicho y escrito, repetidamente, hasta creer que eran verdad.



He dicho que la escuela es un lugar de vida, con su recreo y sus cuentos. Con sus maestras sonrientes y con sus fiestas de navidad y de fin de curso. Pero la escuela es un lugar de muerte, también, para niños avispa como el de la novela.

He dicho que miedo es lo último que deberían sentir niños y padres cuando entran por la puerta del cole, pero Eloy nos recuerda que no hay lugar para nada más que el miedo si eres un niño y tienes un universo en la espalda, hecho de moratones.

He dicho que los maestros deben tener sensibilidad. Pero después de leer la novela creo que deben tener ojos en la espalda (además de mirar con los de delante, claro).

Y si no pueden tener ojos en la espalda, o no saben cómo, que se tatúen un dragón.