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Mostrando entradas de agosto, 2012

El afinador de pianos (y 2)

Después de siete años, Zé, el afinador de pianos del prostíbulo más famoso de Lourenço Marqués, consideró que el piano estaba afinado. Después de siete años de dedicar horas y horas, día tras día, a afinar una tecla tras otra, suspiró profundamente y tocó. Llenó el calor de la mañana africana del calor y del fuego de la Fantasía Impromptus de Chopin, dejando boquiabiertos a putas y clientes, a blancos y negros, que ignoraban que aquel viejo ciego y encorvado fuera un vituoso de la música.

- estos pianos son difíciles de afinar, dijo al terminar.


Los tiempos. Los dichosos tiempos. ¿Quién dice cuánto hace falta para afinar un piano, si siete horas, como el afinador que viene a mi casa, o siete años, como Zé?

¿Quién dice cuánto hace falta para aprender?

¿Y por qué, si no sabemos la respuesta, seguimos los maestros rígidos programas anuales iguales para todos los alumnos?

MARINA ALABAU

Marina Alabau es una chica sevillana que acaba de ganar una medalla de oro en Londres, sobre una tabla de wind surf.

Yo he aprendido de Marina que para entender las cosas que pasan hay que escuchar y mirar. Pacientemente y en silencio. Es emocionante escucharle hablar de lo que siente practicando su deporte: "al viento hay que escucharlo para entenderlo. Leo el viento en el mar, en los colores, en si se riza o no".

Yo he aprendido de ella que entender las cosas que van a pasar es fundamental para poder anticiparse: "el viento viene y debes anticiparte a él para que te lleve. Yo busco al viento, siempre sé de dónde viene".

Lo hace desde que se despierta, porque es su vida: "si estoy en casa, me basta con escuchar los coches para saber si sopla Levante o no. Si me despierto y escucho pajaritos, es que no hay viento".


Cuestión de sensibilidad, de tener despiertos los sentidos. Desde que te despiertas.


El afinador de pianos

Zé es un hombre ciego que dedica todos los minutos de su vida a afinar el piano del prostíbulo que su hermano Vaz regenta en un puerto del sur de Africa, a comienzos del siglo pasado. La historia la cuenta Henning Mankell en "Un ángel impuro".

Ese es el sonido ambiente del local, el del afinador de pianos. De un piano que nunca nadie toca, salvo su afinador. Cuando se necesita el silencio, porque los visita algún representante del Gobierno, el senhor Vaz lleva a su hermano a un cuartucho trasero, en el que también hay un piano, con teclas pero sin cuerdas. Y Zé sigue afinando. En el cuartucho, Zé afina un piano mudo.

Un piano sin cuerdas se parece a uno con cuerdas como una clase con alumnos se parece a otra clase con otros alumnos. Parecen lo mismo, pero no lo son. Muchos hacemos lo mismo en clase desde hace años. El mismo trabajo delicado y minucioso del afinador, sin pensar si el piano tiene cuerdas o no.

Y no es lo mismo.

Tomar el pelo

Philippe Perrenoud, a quien estoy teniendo la suerte de leer en este verano, dice que una de las diez nuevas competencias para enseñar es la de informar e implicar a los padres, cosa con la que estoy completamente de acuerdo.

Yo sé que las cosas no van bien en este tema desde hace mucho tiempo. En particular, desde que una persona me dijo que en el Equipo Directivo éramos muy contemplativos con los padres, y que tendríamos que tener menos miramientos con ellos.

Perrenoud señala veinte formulas "simples y baratas" de tomar el pelo a los padres, de las cuales yo he extraido aquellas que he experimentado en primera persona:

1. Sugerir que el interlocutor desconocía el contexto y juzga sin saber (aunque sea verdad).
2. Distanciarse de los compañeros ausentes y de las decisiones de grupo.
3. Remitirlo a sus propias incoherencias o a la ausencia de consenso de su grupo.
4. Hacerse el ofendido ("vuestra falta de confianza me ofende...")
5. Sugerir que el interlocutor no e…

El deseo de saber. Y la decisión de aprender.

¿Qué hay en el corazón del oficio de profesor? ¿Con qué nos quedaremos si suprimimos todo lo superficial? Philippe Perrenoud dice que con solo una cosa: la competencia y las ganas de desarrollar en los niños y en los adolescentes el deseo de saber y la decisión de aprender.

Dificilmente vienen con ellas de casa. Y muchos están allí sentados cumpliendo con una obligación que aborrecen. Yo he oído a profesores decir de esos alumnos: "si no quieren ni trabajar ni aprender, que se vayan a su casa". Y los he visto presentarse en el despacho del Director pidiendo la expulsión.

"Muy pocos profesores están dispuestos a pensar de forma sistemática: un buen número de mis alumnos no ve ni el interés, ni la utilidad de los conocimientos que deseo hacerles aprender. Así pues, consagraré una parte importante de mi trabajo en desarrollar el deseo de saber y la decisión de aprender".

Lo que significa cambiar. Hacer cosas distintas.

Dar a la frase "ahora que tenía preparada la…