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Mostrando entradas de diciembre, 2010

Educar a medias

Tenía yo ganas de ver cómo transita por el Constitucional el absurdo recurso de cuatro idiotas del Opus contra la Educación para la Ciudadanía. Y por si aún hubiera alguno que pensara que lo de educar a los hijos es cuestión de uno, y que elijo el Colegio como quien elige un restaurante, ahí está la Abogacía del Estado diciendo cosas la mar de interesantes, como que de la Constitución no resulta que la educación o las virtudes cívicas deban considerarse monopolio de los padres. Bien dicho.

Calidad en la escuela

Los que entendemos que no hay camino de vuelta lo hacemos muy mal, porque para convencer a los demás de que hace falta calidad en la escuela utilizamos argumentos que no convencen. Y nos contestan: ¿más papeles?; o: ¿y para qué queremos la Q de plata?.

Mejor empezar, entonces, por donde dice Adela Cortina.

educar en (pequeños) valores (del corazón)

Como casi todo, el follón de los controladores aéreos termina mirando a la escuela. He oído decir que a estas personas nadie les enseñó lo que es la responsabilidad. Y el Vicepresidente del Gobierno ha sido más explícito al señalar que estas personas no son conscientes de la grave irresponsabilidad en la que han incurrido.

Dejando a un lado que habría que mirar también en qué otros valores educó el resto de la tribu (la familia, la calle y la tele), lo cierto es que ya no hay escuela, ni pública ni concertada ni privada, que no diga que educa en valores. El asunto es saber en cuáles. Porque los grandes valores, la libertad, la igualdad o la solidaridad, están muy bien para el Título Preliminar de la Constitución, o para su preámbulo (seguro que preámbulo es, empatada con catastro, una de las tres palabras más feas del castellano), pero luego nadie se los cree. Y para empezar el día uno necesita ternura, para levantarse de la cama, confianza en que nadie de su equipo se la va a jugar, y…