Tengo para mí que la escuela tiene tres compromisos. Uno, con la belleza. Otro, con la bondad. Y otro, con la verdad. Empezaré por la belleza. Es nombrarla y acordarme de Ana, que pasa estos días sola, encerrada en su piso de Tarragona, y jugando al veo, veo, con sus vecinos. Ana, como si fuera una escuela, también tiene un compromiso con la belleza. Ella, que es más bella por dentro que por fuera (que ya es decir), lleva desde los ocho años imaginando belle za, creándola, y mostrándola a quien quiera verla desde el agua de la piscina. Su compromiso con la belleza le ha llevado a reproducirla en las sonrisas, en los cuerpos y hasta en las almas de las niñas a las que entrena. Y en esta misión, Ana se ha convertido en una escuela andante, o nadante, o como se diga. Cada noche de aislamiento comparto música con ella, a ver si se me pega algo de su belleza. Y ayer le decía que una humanidad que ha sido capaz de crear composiciones tan bellas como esta de Pau Casals ( el cant...