El mismo día en que los resultados de PISA dicen que los chicos y las chicas no comprenden lo que leen fuera de las pantalla de sus móviles, el mismo día en el que Jacob Coxon deja su trabajo en Anthropic porque escucha a sus jefes, en conversaciones privadas, que alguna IA nacida de la automejora recursiva (IAs que entrenan IAs) podría matarnos a todos antes del final de la década (la década acaba dentro de tres años), a las mismas horas a las que en la escuela tendríamos que estar preguntándonos cómo presentar una resistencia cívica a la expansión incontrolada de la superinteligencia que auspician los ingenieros del caos, editoriales vinculadas a la escuela católica les hacen el caldo gordo y me escriben diciendo que la IA está transformando la educación y que ChatGPT, Copilot y Gemini ya forman parte del día a día de muchos docentes, abriendo nuevas posibilidades para enseñar, aprender e innovar.
Poco nos pasa.
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