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Mostrando las entradas etiquetadas como historias

Muchas veces las brujas son dignas de salvación

Cualquier maestro debe esforzarse por ayudar a sus alumnos a comprender la diferencia entre las apariencias y la verdad. En Primaria y en Secundaria. Ya dé clases de matemáticas o de religión. En particular, en las cosas que guardan relación con el comportamiento humano. - ¿Ves esto? Pues no es lo que parece. Una buena manera de hacerlo sería leyendo un libro. Hay cosas que son tan verdad que a ellas solo se puede llegar con novelas, y con cuentos. Y hay libros que son tan de verdad que cuando los has terminado sigues mirando detrás de lo que dicen, a ver qué más "quieren decir". Siempre escuchando a los del Equipo Directivo hablar de innovación... ¿Os imagináis a la de mate diciendo el libro que vamos a leer este año? ¿Os imagináis al equipo docente de 6º, o de 1º o 2º de la ESO, decidiendo juntos el libro (uno solo, entre todos, y no tres, y sólo en las asignaturas de lengua) que van a proponer leer este año? Las dos cosas son innovación. Pura y dura. Propo...

Sin una buena historia, nada.

No se puede explicar nada, a nadie, nunca, si no es empezando con una buena historia. Es una de las cosas que he aprendido releyendo El Elemento, de Sir Ken Robinson. El libro empieza así: Hace unos años oí una historia maravillosa que me gusta mucho explicar. Una maestra de primaria estaba dando una clase de dibujo a un grupo de niños de seis años de edad. Al fondo del aula se sentaba una niña que no solía prestar demasiada atención; pero en la clase de dibujo sí lo hacia. Durante más de veinte minutos la niña permaneció sentada ante una hoja de papel, completamente absorta en lo que estaba haciendo. A la maestra aquello le pareció fascinante. Al final le preguntó que estaba dibujando. Sin levantar la vista, la niña contestó: "Estoy dibujando a Dios". Sorprendida, la maestra dijo: "Pero nadie sabe qué aspecto tiene Dios". La niña respondió: "lo sabrán enseguida".

Oxígeno

Mi hijo Xavi, de trece años, no lee nada. Por no leer, no lee ni los enunciados de los problemas de Matemáticas. Ni las preguntas de los exámenes lee. Cuando lo comento, la gente me mira extrañada y me dice que qué caso más extraño, siendo hijo de un profesor, y con todos los libros que tengo en casa. Entonces yo les explico que con muchos niños hemos hecho como aquellos domingueros aficionados que se piensan que para hacer un fuego basta con apilar leña y acercar una cerilla, ignorando que entre tronco y tronco tiene que haber sitio para el oxígeno. Sin oxígeno, no hay fuego. Yo le cuento historias, y él descansa en ellas, juega con ellas, se duerme con ellas. A veces me las invento, y a veces las leo. En las últimas semanas le he leído El niño con el pijama de rayas, y los martes se lo ha llevado al Instituto para seguir leyendo en clase de Lengua. Ayer por la noche llegué tarde a casa, y me estaba esperando para contarme que Bruno había entrado al campo, que Shmuel le había dad...

Cuando es verdadera, a la voz humana no hay quien la pare

David Gaspar, @davidovichdavid en twitter, vino a León desde Zaragoza para llevarnos de viaje al interior de nosotros mismos. No teníamos ni idea de por dónde se iba, porque la mayoría de nosotros no habíamos ido nunca. Nadie saca tiempo para esos viajes cuando tiene tanto que hacer. Cuidó el silencio. Moduló la voz, ahora más alto, ahora bajito, ahora susurrando. Acompañó las palabras con el movimiento de sus manos, y como sabía que todos nos vamos detrás de las personas que cuentan historias, nos contó un cuento de Eduardo Galeano (¿por qué Eduardo Galeano no es de lectura habitual en la escuela? ¿puede un maestro ser maestro y no ser sensible? ¿puede un maestro sensible no leer a Galeano? -perdonad la digresión, son preguntas que me hago...). Decía Galeano que a la voz humana, cuando es verdadera, cuando nace de la necesidad de decir, no hay quien la pare. Si le niegan la boca, ella habla por las manos, o por los ojos, o por los poros, o por dónde sea. Porque todos, toditos, ten...

historias de compasión

Hablamos demasiado los maestros, y nos olvidamos de que muchos niños y adolescentes solo tienen oídos para las historias. El maestro y el profesor deben recuperar su perfil de contadores de relatos. Thomas L. Friedman trae hoy a las páginas de El País uno que deberíamos llevar a las aulas. Es una historia de pasión y compasión.