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El deseo de saber. Y la decisión de aprender.

¿Qué hay en el corazón del oficio de profesor? ¿Con qué nos quedaremos si suprimimos todo lo superficial? Philippe Perrenoud dice que con solo una cosa: la competencia y las ganas de desarrollar en los niños y en los adolescentes el deseo de saber y la decisión de aprender.

Dificilmente vienen con ellas de casa. Y muchos están allí sentados cumpliendo con una obligación que aborrecen. Yo he oído a profesores decir de esos alumnos: "si no quieren ni trabajar ni aprender, que se vayan a su casa". Y los he visto presentarse en el despacho del Director pidiendo la expulsión.

"Muy pocos profesores están dispuestos a pensar de forma sistemática: un buen número de mis alumnos no ve ni el interés, ni la utilidad de los conocimientos que deseo hacerles aprender. Así pues, consagraré una parte importante de mi trabajo en desarrollar el deseo de saber y la decisión de aprender".

Lo que significa cambiar. Hacer cosas distintas.

Dar a la frase "ahora que tenía preparada la asignatura..." su verdadero sentido: "...voy a conquistarlos a ellos".

Comentarios

  1. Hay que ser muy consciente de eso que dices cada día que vamos a clase y cada una de las horas que impartimos.

    Así de importante es y así debería ser en tantos ámbitos de la vida en los que se nos olvida cambiar, hacer cosas distintas, recrear la vida.....

    Porque la monotonía es muy fácil de encontrar en la amistad, en la vida en pareja, en la relación con los demás, en la educación de los hijos, en clase, en el trabajo, etc.

    Que nos lo recuerdes y repensarlo viene muy bien, luego con el frenesí y la velocidad excesiva de lo cotidiano, a ese interés le puede arrollar lo inmediato u otros objetivos que se nos entrecruzan por ósmosis en la estructura escolar.

    Claro, que si como un tentempié tuviéramos claro cuál es nuestro eje principal:
    inculcar el deseo de saber,
    la decisión de aprender despertándola en cada uno con su peculiaridad y al máximo,
    consiguiendo convencerlos de que son únicos e imprescindibles en la Historia....

    Tres tantarantanes y otra vez con el horizonte claro.

    Ay! ¡Pero somos humanos y frágiles, cagüenlamar!!!!

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