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High Crimes

El amor a la verdad es, seguro, uno de los valores sobre los que se asienta el proyecto educativo de nuestra escuela.

Y si no lo es, debería.

La otra noche me senté con Andoni a ver la tele. Echaban "Toda la verdad". Ya la había visto antes, pero la ví de nuevo porque no me pierdo una película de Morgan Freeman.

Ese rato de tele me sirvió para decirle a Andoni aquello de que "si se mueve como un conejo, salta como un conejo, come lo que comen los conejos... seguramente es porque es un conejo".

Pero también para decirle que un prudente proceder debería llevarnos a buscar la verdad detrás de las apariencias. 
"Toda la verdad"

Por respeto a la verdad, y por vergüenza, la triatleta bilbaina Virginia Berasategi compareció hace unas semanas delante de la gente para decir que se había dopado. Que el positivo del año pasado era verdad. Que había tomado EPO. Vaya. El primer efecto es que muchos mirarán con sospecha toda su carrera de triatleta. Y ella lo sabe. Hipotecó su brillantísimo pasado (tres veces campeona de Europa de Triatlón, y una vez campeona del Mundo) para tener un futuro en el que mirar de cara a las personas.

Seguramente, porque sabe que la verdad está cargada de futuro, aunque nos condene a mirar nuestro pasado con vergüenza, mucha, algunos, menos, otros.


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