Los he contado. Desde enero he hablado delante de 693 maestros y maestras, en 19 sesiones de trabajo. Y en esta tribuna de Nuria Labari he leído la pregunta que habitaba, sin manifestarse, en los cinco minutos de silencio que me doy cada vez antes de tomar la palabra: ¿de qué tiene sentido hablar en medio de la guerra que se libra en el mundo en estos momentos?
Y las preguntas que vienen después.
¿Es posible escribir, o pensar, o ir al trabajo en medio de la guerra ilegal, impredecible y narcisista que ha planteado Estados Unidos?
¿Y si el trabajo es la escuela? ¿Es posible "dar la clase que toca" (según el programa) sin hablar de lo que toca? ¿Cómo hablar de lo que tenemos que hablar si hay que hablar de otra cosa?
Pienso, como dice Nuria, que es necesario sostener la escritura. Y la lectura. Que es necesario pensar.
Que ahora la escuela tiene que sustituir el programa prescrito por las preguntas necesarias.
Si no, mejor tachar del proyecto educativo aquello de fomentar el pensamiento crítico ...


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