En la escuela enseñamos el mundo, el que existe: cómo es, qué lo mueve, en unos momentos a una velocidad, y en otros, a otra, qué lo para,...
En la escuela hablamos de cómo es el mundo que debe existir, y en ese momento hablamos más de quien lo habita y de lo que hace con el mundo. Hablamos de las personas.
Necesitamos maestros y maestras que mantengan viva la tensión entre el mundo que existe y el mundo que debe existir. Que susciten el compromiso de los niños, de las niñas y de los adolescentes con el mundo que existe, para que pueda seguir existiendo, corregido y aumentado, en bondad, verdad y belleza.

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