Cuando en la escuela o en casa sonaba un craasssh, y aparecía tu madre o tu maestro preguntando al colectivo de rostros infantiles de ojos como platos quién lo ha roto, varios brazos se levantaban y los índices señalaban a otro que no era uno, el cual, los cuáles, se defendían con el clásico yo no he sido.
Cuando es un misil el que mata a 128 niñas y 14 maestros y maestras en una escuela de Irán y miles de índices señalan a Trump, o a Hegseth, o a Rubio, éstos levantan el suyo señalando a la IA, la cual, como no tiene índice (todavía), no puede señalar a los otros, y se come el marrón, y los otros se quedan tan tranquilos.
La IA de los EE.UU. se la compra el Pentágono a Palantir, cuyo dueño, Peter Thiel, anda estos días en Roma haciendo caja (las invitaciones a sus conferencias son exclusivas, y ni tú ni yo podríamos pagarnos la entrada) impartiendo un curso sobre el Anticristo. Su tesis es que hay que destruir la realidad donde crece "el enemigo", y que esa realidad es la democracia. Yo a un tipo así no le compraría nada, pero Trump es muy suyo.
Cuando vino una Editorial al colegio a venderme una herramienta de IA, le pregunté de quién era (la IA), y no supo decirme si el Anticristo estaba detrás.
Aunque lo vi dudar.

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