Ir al contenido principal

reflexivos...

Lo que he leído estos últimos días me hace seguir pensando en nosotros, profesores, en clave de DESARROLLO PROFESIONAL. No como alguien que ha llegado, sino como aprendices activos implicados en la preparación, observación y reflexión sobre su tarea docente.

En la ponencia que tuvo en el VI Congreso Internacional sobre dirección de centros educativos, celebrado en Deusto en 2013, Clemente Lobato, profesor de la UPV, citaba este antiguo cuento de Colonia (Alemania), en el que los protagonistas son Toenis y Schel:

- ¡Cuánto me gustaría ser un pájaro!
- Y, ¿por qué quieres ser un pájaro?
- Porque así podría volar.
- Pues yo, entonces, me gustaría convertirme en dos pájaros.
- ¿Por qué en dos pájaros?.
- Pues, porque entonces yo podría observar cómo vuelo.
- Pues yo quisiera convertirme en tres pájaros.
- Y, ¿por qué?
- Porque entonces yo podría volar detrás de mí y observar cómo observo cómo vuelo.
- ¿Ah!, entonces a mí me gustaría convertirme en cuatro pájaros.
- ¿Y por qué en cuatro?
- Porque así podría yo volar en dirección contraria y observar cómo vuelo detrás de mí y observar cómo observo cómo vuelo. 

Volar, volamos, unos mejor, otros peor, como en cualquier trabajo, como en cualquier profesor. ¿Pero observamos cómo volamos? ¿Alguna vez...?

Comentarios

Entradas populares de este blog

Mimarnos

Llevo años pidiendo a los profesores que no confundan el Claustro con la cuadrilla de amigos. Y también, que es necesario tener un amigo, o una amiga, entre los compañeros de trabajo.

Nos sobran malas leches y nos faltan conversaciones, a los profesionales, en las escuelas. ¿Para qué tenemos máquinas de café, en las salas de profes, si no es para hablar, de lo nuestro?


Nos falta la costumbre de cuidarnos. Los unos a los otros. Que "aprender a mimarse entre humanos debería ser una asignatura obligatoria, especialmente entre los que se dedican a actividades de alto riesgo emocional, como la política". Es lo que dice Joan Coscubiela recordando a su grupo parlamentario, en la página 201 de "Empantanados", publicado en Peninsula (Barcelona 2018).

Y como la escuela, digo yo.



Cosas pendientes de aprender para ser maestro: el silencio

Pasó a la historia el tiempo en el que el maestro se ganaba la autoridad con lo que sabía. De matemáticas o de lo que fuera.

Y ha llegado  el tiempo en el que maestro se gana la autoridad con lo que escucha. A las personas y a lo que hacen las personas.

El problema es que vamos tarde, porque la escuela, y la labor educativa en general, ha subestimado el valor de la escucha. O la ha juzgado irrelevante (algunos profesores se quejaban de que la escuela que yo dirigía "escuchaba demasiado" a los alumnos, o a los padres y madres).

Ahora toca aprender el silencio,  -el de Thomas Hood, aquel en el que ningún sonido puede ser, el mismo que interpretó Nyman en "El Piano"-. Toca aprender el "no saber" y el respeto al espacio del otro, sea niño, madre o compañero.

Yo aprendí a escuchar de mi padre, quien comprendía la autoridad de los espacios de silencio creados cuando escuchamos con todo el corazón puesto en prestar atención. Mi padre tenía una postura para escuch…

Hijos del fútbol

Creo que, en lo que se refiere a la última etapa de su corta vida, mi hijo ha aprendido más jugando al fútbol que estudiando. En el equipo que en el instituto. Que su inteligencia espacial tiene más que ver con tirar un pase al hueco por el que iba a aparecer el extremo que con la Educación Plástica y Visual. Que su inteligencia interpersonal tiene más que ver con ser capitán del equipo y tener que tirar de él en el campo que con ser delegado de clase, y por tanto, el que hace algunos recados, porque para eso están los delegados en la ESO. Que su inteligencia intrapersonal ha madurado más yendo de la titularidad al banquillo que con la capacidad para reflexionar que le inculcaron en clase. Que del trabajo en equipo sabe más por tener que defender todos, y todos bien, muriendo en el campo, un empate en inferioridad los últimos diez minutos, que por presentar un trabajo del tema 10 en el que nos repartimos las páginas, cuatro cada uno.

No sé si es un éxito del fútbol o un fracaso de la …