Ir al contenido principal

Elogio del maestro escoba

Me sorprendió que mis hijos no supieran lo que es el coche escoba en una carrera ciclista. Pero es que nunca han visto una en directo. Ni en diferido, son más de balón.

El coche escoba cierra la caravana de bicicletas, motos, ambulancias y otros coches de equipos, y va recogiendo a los ciclistas que abandonan la carrera.

Me han recordado a unos maestros que conocí, y que creo que merecen el honor de llamarse así: el maestro escoba.

El maestro escoba recogía a los alumnos que encontraba por los pasillos porque habían sido expulsados del aula, por molestar, en cualquiera de las variables que admite la palabra molestar tratándose de clase: hablar con el compañero, levantarse a sacar punta, sacar el móvil, no hacer los deberes (¡!), enfrentarse al profesor, tirarse un pedo, etc.

Los profesores no podían expulsar a los alumnos del aula. Primero, porque la ley no lo permitía, y segundo, porque disfrazaban la ley de acuerdo entre profesores y se comprometían a no hacerlo. Pero el compromiso duraba lo que tardaba el profesor en hartarse (de los alumnos). Y los pasillos, a ciertas horas, se convertían en un rosario de chicos y chicas a los que, técnicamente, se llamaba disruptores.

El maestro escoba les sonreía, les preguntaba qué tal, o qué haces aquí. Algunos profesores les afeaban su comportamiento acusándoles de connivencia con el infractor y diciéndoles que socavaban su autoridad.

El maestro escoba, a veces, se llevaba a un aula a varios chavales que estaban montando ya una verbena en el pasillo, y hablaba con ellos y escuchaba historias. Algunas daban risa. Y otras, miedo. Pero solo las escuchaba él, el profesor escoba.

Alguno salvó una vida, me consta.

A ellos mi tributo y mi admiración.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Mimarnos

Llevo años pidiendo a los profesores que no confundan el Claustro con la cuadrilla de amigos. Y también, que es necesario tener un amigo, o una amiga, entre los compañeros de trabajo.

Nos sobran malas leches y nos faltan conversaciones, a los profesionales, en las escuelas. ¿Para qué tenemos máquinas de café, en las salas de profes, si no es para hablar, de lo nuestro?


Nos falta la costumbre de cuidarnos. Los unos a los otros. Que "aprender a mimarse entre humanos debería ser una asignatura obligatoria, especialmente entre los que se dedican a actividades de alto riesgo emocional, como la política". Es lo que dice Joan Coscubiela recordando a su grupo parlamentario, en la página 201 de "Empantanados", publicado en Peninsula (Barcelona 2018).

Y como la escuela, digo yo.



Hijos del fútbol

Creo que, en lo que se refiere a la última etapa de su corta vida, mi hijo ha aprendido más jugando al fútbol que estudiando. En el equipo que en el instituto. Que su inteligencia espacial tiene más que ver con tirar un pase al hueco por el que iba a aparecer el extremo que con la Educación Plástica y Visual. Que su inteligencia interpersonal tiene más que ver con ser capitán del equipo y tener que tirar de él en el campo que con ser delegado de clase, y por tanto, el que hace algunos recados, porque para eso están los delegados en la ESO. Que su inteligencia intrapersonal ha madurado más yendo de la titularidad al banquillo que con la capacidad para reflexionar que le inculcaron en clase. Que del trabajo en equipo sabe más por tener que defender todos, y todos bien, muriendo en el campo, un empate en inferioridad los últimos diez minutos, que por presentar un trabajo del tema 10 en el que nos repartimos las páginas, cuatro cada uno.

No sé si es un éxito del fútbol o un fracaso de la …

Me alteras (el orden)

Hay personas que se llaman a sí mismas "gente de orden".

Suelen votar a partidos de centro o de derecha.

Y envían a sus hijos a colegios de la Iglesia, para que las cosas sigan como están. Ordenadas.

Sin embargo, los idearios de los colegios cristianos hablan de que su misión es evangelizar, palabra que viene del griego y que significa "contar una buena noticia". La buena noticia es esta: que los ciegos ven y que los cojos andan (que no sé si os parecerá buena, pero es la que es).

Eso quiere decir que, si los colegios de la Iglesia hacen lo que dicen que hacen, en ellos se atiende primero a los ciegos y a los cojos. Y eso ya es alterar el orden.

Ahí empieza la contradicción: a los colegios cristianos van personas que quieren mantener el orden, pero los colegios cristianos siguen a uno que dedicó toda su vida pública a alterar el orden de las cosas, incluido el orden público. Al que mataron por alterar el orden de las cosas -dejen paso, los pobres delante y los rico…