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Gabilondo y la autoridad

Dice el ministro Gabilondo, en una entrevista a La Vanguardia, que lo de la autoridad podría reforzarse desde fuera, sí, pero que es algo que tiene que ver con el talante de cada profesor. Que a ver por qué, si no, en el mismo Colegio hay profesores con problemas para imponer su autoridad en el aula y profesores que no tienen ninguno.

A mi me parece una pregunta pertinente.

Y una llamada de atención, otra, a las competencias e incompetencias propias del profesor de Secundaria.

Comentarios

  1. Hace unos cuantos Septiembres ya, que empezó mi periplo por este mundo de las aulas. Muchos cursos, de asignaturas varias…, de cuidar comedores…, recreos…, de atender a padres… En muchas ocasiones, como si de flashes se trataran, vienen a mi memoria retazos de conversaciones, con alumnos…, con sus padres. Recuerdo una vez, una mujer angustiada hablándome de su hijo,-un vago monumental, bastante majete-. La mujer no veía claro el futuro de su chaval, y con un “grito agónico”, me suelta en mitad de la conversación:-Yo no pido grandes cosas, pero que me haga algo, ¡Por Dios!, que me sirva para algo, aunque sea… ¡para maestro!

    La de veces que me he reído recordando el incidente: - Aunque sea, para maestro.- Tiene gracia, si no fuera porque desgraciadamente, esto lo piensa un porcentaje elevado de la población-.
    Porque…, hay que ver como viven…,-los maestros-.
    Y las vacaciones que tienen…, -los maestros-.
    Que digo yo, que no sé por qué, tanto frustrado no se ha dedicado a eso, ¡a maestro!
    Y es que señores, quizás la respuesta esté, en que para “patearse” la secundaria, ni siquiera sirvan muchos maestros.

    Estoy de acuerdo con el ministro: la autoridad en el aula tiene mucho que ver con el talante de quien se pone delante de la pizarra, frente a los pupitres. Porque efectivamente, es complicado de explicar, cómo en un mismo centro de enseñanza, hay quién “puede” con la clase, y hay a quien le supera. En el mismo centro de enseñanza, hay quien “entra al trapo” de todas “las batallas”, para quedarse con el “regustillo” de que no pierde ninguna,-aunque pierda la “guerra”-; y está, quien mira en ocasiones para otro lado,-sin dejar por ello de ver-, y pone su objetivo en ganar “la guerra”,-que no es la suya, sino la del chico o la chica que está educando: ellos son el objetivo, ellos tienen que lidiar con “sus batallas”; ellos, y no los profesores, son quienes tienen que “ganar la guerra”.

    ¿Qué cómo se logra este saber estar, en el punto justo, entre el autoritarismo,-trasnochado hoy-, y la permisividad,-rechazada, aún sin saberlo, por el educando desde tiempos inmemoriales-?
    Pues a esto…, no es fácil responder. Podría plasmar con unas pinceladas, dónde está para mí el secreto, del saber estar, “sin morir en el empeño” y “sin dejar los cadáveres de otros,-léase alumnos-, por el camino, a la hora de ejercer esta profesión, “a la que puede dedicarse cualquiera”:
    - Por supuesto, altas dosis de vocación. En algunos trabajos, la falta de ésta, se nota más que en otros.
    - Querer lo que se tiene delante; sin caer en sensiblerías, pero si nuestros alumnos no nos “tocan el corazón”… ¡malo!
    - Tener claro, que el adulto, somos nosotros, y como tal nos tenemos que comportar.
    - Contar hasta diez…, o hasta cien…, antes de tomar decisiones, “a bote pronto”, en caliente…, que generalmente no hacen más que empeorar las cosas.
    - Admitir, que “el todos a una”,- me refiero al colectivo de educadores-, no significa todos clones de todos. Que explotar las señas de identidad de cada uno, es bueno: -el que sepa bailar que baile…-, - el que cantar que cante…-, siempre que se respete al de enfrente. Cada uno sabe en que “línea del pentagrama” se mueve bien, y desde ahí tiene que trabajar: -¿Qué sería de la Norma de Bellini, si Norma fuera interpretada por un bajo?!-. Eso es riqueza, y donde uno no llega, lo hace el de al lado. Pero desde el respeto, y teniendo claro el objetivo: acompañar a los chicos y chicas, que las circunstancias han dejado a nuestro cargo, a desarrollar al máximo el potencial que llevan dentro. A que salga, como en el cuento de Galeano, el caballo que la piedra encierra en su interior.

    Así que, volviendo al comienzo de mi comentario:-si vuestro hijo o hija, es un poco vaguete, no os aflijáis, que seguro que sirve para algo: Aunque sea, ¡para maestro!!!

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