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Maestros especiales: el señor Germain

Gracias a Diego Cuevas (El clima educativo en la escuela vicenciana) he conocido que Albert Camus, además de escribir algunas de las páginas que más me han emocionado en mi vida, además de enseñarme a desconfiar de la bondad de un mundo en el que los niños son torturados, fue niño en Argelia y vivió una vida de pobreza y trabajo.

Cuando le dieron el Premio Nobel de Literatura, ¿sabéis de quien se acordó?. De un maestro. de un maestro especial, el señor Germain.

Y le escribió una carta:


"Esperé que se apagara un poco el ruido que había rodeado todos estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero, cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que yo era, sin su esperanza y su ejemplo, no hubiese sucedido nada de esto. No es que conceda demasiada importancia a un honor de este tipo. Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y de corroborarle que sus esfuerzos, sus trabajos y el corazón generoso que usted puso en ello continúan siempre vivos en uno de sus pequeños escolares que, pese a los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido."

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Y resultó que el libro ya lo había escrito Catherine L´Ecuyer. Ese trabajo que me ahorro, pensé. A otra cosa.

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"Educar en la realidad" es no tener miedo a la luz.

Esto es, primero, educar desde lo que pasa a nuestro alrededor. Para poder acontecer. Y no ser solo espectadores de lo que acontece.

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Estaba convencida de que recibir muchos estímulos externos - cuanto antes, y más, mejor - contribuiría a que el niño fuera más inteligente.

Estaba convencida, también, aunque no había pensado nunca en ello, de que el proceso de aprendizaje se iniciaba fuera de la persona.

Y no es así. Los niños llevan de serie un motor interno que les ayuda a descubrir so-los. ¿Sabéis cual es? El asombro.

(Lee a Catherine L´Ecuyer, "Educar en el asombro")