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Manzanas y niños

He asistido varias veces a reuniones de Junta de la AMPA en las que algún padre, llegado el momento de los ruegos y preguntas, reclamaba al Colegio que expulsara a chavales con comportamientos indeseables. Argumentaban desde la teoría de las manzanas podridas. ¿La habéis oído alguna vez? Esa teoría dice que una manzana pocha puede estropear a las otras manzanas con las que comparte la cesta, mientras que a la inversa no puede darse el proceso: una manzana, por muy sana que esté, no sana a manzana pocha alguna.

Pero la práctica me dice que un niño se parece a una manzana igual que un topo se parece a un kiwi. Aportaré una experiencia: Edu, repetidor habitual hasta 4º de la ESO, dormido todas las mañanas por el porro de las 7:30 y el acostarse a las tantas, traficante ocasional, se sacó el Graduado porque Maitane, la "primera" de la clase, lo encantó con sus ojazos verdes, le dedicó los recreos de todo el año y lo puso más en su sitio de lo que nunca consiguieron su madre ni su tutor.

Vivir como padres en la creencia de que se pueden sacar de la cesta en la que están tus hijos -la escuela, la cuadrilla, el equipo...- todas las manzanas podridas es condenarse a un sinvivir.

Vivir como padres o como maestros en la creencia de que un niño puede llegar a ser una manzana podrida es amputarnos sin anestesia la competencia para educar.

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