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Charlie Hebdo y el proyecto de la escuela

Los asesinatos de Paris han movido muchas cosas: las tripas de bastantes, la conciencia de muchos, las convicciones de algunos, la seguridad y la confianza de tantos... A mí y a otros se nos ha movido todo: las tripas, la conciencia, las ideas...

Oigo a Pepa Bueno y al Ministro de Justicia, Rafael Catalá, hablar de cambiar las cosas, de repensar ideas y proyectos, de revisar lo que hasta ahora servía para ver si sigue sirviendo.

Por supuesto, muchas miradas se dirigen a la escuela. A ella le tocará prefigurar la nueva sociedad de la vieja Europa, y hacerla posible.

Pero, ¿qué habremos hecho estos días en la escuela? ¿Habremos hecho girar sobre Charlie Hebdo, Mahoma y las libertades religiosa y de expresión, lo que hacemos en el aula y fuera de ella, o se nos ha vuelto a escapar la realidad? ¿Se nos habrá ocurrido centrar en ello nuestra reunión semanal de profesores, para poner encima de la mesa el ideario o el proyecto educativo, y dialogar acerca de cómo están definidos en ellos la tolerancia y el respeto, que seguro que están entre los valores que promovemos desde el centro (no vaya a ser una definición de otro, o de cuando la realidad era otra)? ¿Para ver si en esa definición encaja la brutal realidad de Paris, el estado islámico, o los guettos en los que alguna Europa encierra a sus inmigrantes?

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Yo llevaba un año tomado notas y ordenando ideas para escribir un libro. Tendría que hablar de la escuela y la realidad. Partía de mi constatación de que muchas escuelas viven a espaldas de lo que pasa más allá de sus paredes. Y de que, en consecuencia, muchos alumnos viven la vida como sin interés por la vida.

Y resultó que el libro ya lo había escrito Catherine L´Ecuyer. Ese trabajo que me ahorro, pensé. A otra cosa.

A lo largo del libro nos lleva varias veces a Platón, que dijo que fácilmente podemos perdonar a un niño por tener miedo a la oscuridad; la tragedia verdadera de la vida se da cuando los hombres tienen miedo a la luz.

"Educar en la realidad" es no tener miedo a la luz.

Esto es, primero, educar desde lo que pasa a nuestro alrededor. Para poder acontecer. Y no ser solo espectadores de lo que acontece.

Segundo, educar poniendo a los niños delante de la belleza. Se sorprenderán. Y aprenderán.

Y tercero, educar con realismo. No pidiendo a los niños que hagan lo qu…

Lo innovador, maestros verdaderos

Suele decir Fernando González Lucini que la escuela está para humanizar. Y algunos piensan que vaya cosa, que uno se hace humano por el contacto con otros humanos, en casa y en la calle, en el equipo y en la pandilla, con los primos y con los amigos. Y que la escuela está para enseñar cosas. Ay!

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¿Fuera o dentro? ¿Dónde empieza el aprendizaje?

Tumbado en la cuna, con unos meses de edad, sus ojillos se movían inquietos de un lado a otro. Su madre, inclinada sobre él, le iba mostrando, una tras otra, láminas con dibujos a la vez que decía en voz alta y clara la palabra del objeto o del animal representado en la lámina: vaca, casa, caballo, coche... Y cuando se acababan las láminas, vuelta a empezar: vaca, casa, caballo, coche...

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Estaba convencida, también, aunque no había pensado nunca en ello, de que el proceso de aprendizaje se iniciaba fuera de la persona.

Y no es así. Los niños llevan de serie un motor interno que les ayuda a descubrir so-los. ¿Sabéis cual es? El asombro.

(Lee a Catherine L´Ecuyer, "Educar en el asombro")