Ir al contenido principal

Podemos cambiarlo todo

Fue una suerte compartir una hora de trabajo en Santoña con Gloria Sagasti, cuentacuentos, ciudadana del mundo, de origen vasco, animadora de la lectura en las Bibliotecas de Gijón, y a la que conocí en León.

Como siempre me voy detrás de las personas que tienen historias que contar, la seguí, y entre risas contó lo que le ocurrió a aquellas dos ranas que vivían en la granja. Hay que irse de aquí como sea, decía una a la otra, yo me ahogo en este cuchitril. Y después de meses de dar la murga, la convenció, y se fueron las dos ranas, saltando la valla, y dando con su cuerpo entero en un barreño lleno de leche que había en la puerta.

La madre que me parió, gritaba la rana osada. Meses para convencer a esta rana conformista y vamos a ir a morir en el minuto uno del sueño de la libertad. Efectivamente, la rana que estaba a gusto en la granja se ahogó (las ranas saltan, no nadan), pero la otra empezó a mover sus ancas mientras decía que ni hablar, que no había saltado la valla para morir a la puerta de la granja, ni hablar, no y no, y venga a mover las patas, las ancas, las manos, los brazos y todo lo que tuviera pinta de extremidad y se moviera, hasta que convirtió la leche en mantequilla y se sentó encima, triunfante, a disfrutar de los primeros minutos de la vida nueva que estrenaba.

Todos los que oíamos a Gloria éramos directivos de la escuela cristiana, y sonreíamos tristes recordando el momento del curso en el que dejamos de mover las patas.

No sabíamos que moviéndolas hasta el final podíamos cambiarlo todo.

Gracias, Gloria!!

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Educar en la realidad

Yo llevaba un año tomado notas y ordenando ideas para escribir un libro. Tendría que hablar de la escuela y la realidad. Partía de mi constatación de que muchas escuelas viven a espaldas de lo que pasa más allá de sus paredes. Y de que, en consecuencia, muchos alumnos viven la vida como sin interés por la vida.

Y resultó que el libro ya lo había escrito Catherine L´Ecuyer. Ese trabajo que me ahorro, pensé. A otra cosa.

A lo largo del libro nos lleva varias veces a Platón, que dijo que fácilmente podemos perdonar a un niño por tener miedo a la oscuridad; la tragedia verdadera de la vida se da cuando los hombres tienen miedo a la luz.

"Educar en la realidad" es no tener miedo a la luz.

Esto es, primero, educar desde lo que pasa a nuestro alrededor. Para poder acontecer. Y no ser solo espectadores de lo que acontece.

Segundo, educar poniendo a los niños delante de la belleza. Se sorprenderán. Y aprenderán.

Y tercero, educar con realismo. No pidiendo a los niños que hagan lo qu…

Lo innovador, maestros verdaderos

Suele decir Fernando González Lucini que la escuela está para humanizar. Y algunos piensan que vaya cosa, que uno se hace humano por el contacto con otros humanos, en casa y en la calle, en el equipo y en la pandilla, con los primos y con los amigos. Y que la escuela está para enseñar cosas. Ay!

Leo a Catherine L´Ecuyer que solo es humana una educación que proporciona suficientes oportunidades de experiencias interpersonales. Que cuando no hay recuerdos de experiencias interpersonales verdaderas, hay un déficit de humanidad. Y entonces la pregunta es: ¿la escuela contribuye al déficit o ayuda a superarlo?

Para responder a esa pregunta, L´Ecuyer da una pista que merece la pena seguir: es imprescindible que los padres y los maestros entiendan el sentido verdadero de su papel en la educación de los niños: "abrazar, interpretar la realidad con la mirada, contar historias reales, otras ficticias, acoger, redimensionar un problema emocional, corregir un defecto con cariño, ayudar a des…

¿Fuera o dentro? ¿Dónde empieza el aprendizaje?

Tumbado en la cuna, con unos meses de edad, sus ojillos se movían inquietos de un lado a otro. Su madre, inclinada sobre él, le iba mostrando, una tras otra, láminas con dibujos a la vez que decía en voz alta y clara la palabra del objeto o del animal representado en la lámina: vaca, casa, caballo, coche... Y cuando se acababan las láminas, vuelta a empezar: vaca, casa, caballo, coche...

Estaba convencida de que recibir muchos estímulos externos - cuanto antes, y más, mejor - contribuiría a que el niño fuera más inteligente.

Estaba convencida, también, aunque no había pensado nunca en ello, de que el proceso de aprendizaje se iniciaba fuera de la persona.

Y no es así. Los niños llevan de serie un motor interno que les ayuda a descubrir so-los. ¿Sabéis cual es? El asombro.

(Lee a Catherine L´Ecuyer, "Educar en el asombro")