Ir al contenido principal

El diálogo que nunca tuvo lugar

- Oye, dieciséis suspensos de veinticuatro alumnos, ¿no son muchos?

- A mí no me lo parece. No han hecho nada en toda la evaluación.

- Hombre, nada, nada, dos tercios de la clase, durante treinta y seis horas de clase...

- Nada de nada.

- ¿Y has pensado en lo que podría no haberte salido como querías?

- ¿Qué insinúas? ¿Que no hago bien mi trabajo?

- No insinúo nada. Te he preguntado si has estudiado las distintas razones que han podido influir en unos resultados tan malos.

- Pues yo he hecho lo mismo de todos los años.

- Ya, pero es que estos alumnos eran otros...


Es difícil asistir a diálogos como este entre un Jefe de Estudios y un profesor. No se suelen dar.

Los buenos maestros se reinventan cada año. Y van adaptando su proceder a las características de los alumnos y de la clase. Igual que un carpintero no trabaja igual con esta madera que con aquella.

Estoy convencido de que una de las claves para sostener las ganas de enseñar de un maestro es la convicción de su propia eficacia personal. Esto es, la creencia de que lo que hacen en el aula y fuera de ella puede hacer que a los alumnos les vaya bien. Y que lo que dejan de hacer no ayuda a que los alumnos aprendan, o aprueben. Quien cree esto da valor al estudio y al aprendizaje. A la búsqueda y a la formación. Hasta encontrar la manera de insuflar oxígeno en el fuego que, vete tú a saber por qué, anda medio apagado.

Los que no creen eso atribuyen los éxitos y los fracasos a la suerte, a lo que estudian o dejan de estudiar los alumnos, o a los cambios que la administración ha metido en el programa. Siempre miran fuera de ellos mismos. Se limitan a valorar lo que los alumnos contestan en los exámenes. Y nunca revisan su práctica docente.


Comentarios

Entradas populares de este blog

En Burgos, Saldaña. ¿Dónde mejor?

¿Os imagináis un Colegio desde el que, con el paisaje de fondo de las torres de la Catedral, enseñen a los niños a vivir y a convivir y a disfrutar aprendiendo, con vocación y profesionalidad de las de enmarcar? Pues eso es el Colegio La Visitación de Nuestra Señora. El Colegio "Saldaña" de toda la vida. En Burgos, claro. El pasado miércoles iba yo hasta allá con la idea de aprovechar la visita para comer unas morcillitas en la capital gastronómica española 2013, y me encontré con cuarenta y tantos profesores empeñados, desde el primer día de clase del año nuevo, en ser mejores profesionales cada día, haciendo de cada alumno el centro de sus preocupaciones. Y con un Equipo Directivo que para sí quisiera el BBVA. Volví a mi casa con las pilas cargadas de ilusión, y con ganas de volver. Por las morcillas, también. Pero sobre todo, por ellos.

siguiendo con lo del éxito personal...

Es la jugada clave de la final. Casillas le para a Robben un balón imposible. Os traigo esta imagen, estos cuatro segundos de vida de tanta gente porque, a mi juicio, resumen todo lo que se necesita para triunfar, para ser feliz, para tener éxito, llamadlo como queráis. ¿Por qué gana Casillas a Robben?: 1) porque está bien colocado. Porque las cosas que le pasan le pillan en su sitio. 2) porque hace bien todo lo que está en tu mano: esperar a que llegue este torpedo naranja, pensar en que le conozco y sé lo que puede intentar, tomar una decisión sobre lo que hacer, tirarse hacia la izquierda para que tire a la derecha, estirar la pierna,... 3) Y tener suerte. Eso es el éxito: estar donde tienes que estar, hacer bien todo lo que puedes hacer, y tener suerte. ¿No?

"No sé"

Reconocer la  ignorancia está en la base de la revolución científica. Gracias a eso el mundo ha cambiado en los últimos 500 años más de lo que cambió en los 10000 anteriores. "No sé". Esas son las palabras mágicas. Si a ellas les siguen estas otras: "y quiero saber", entonces se activa en las personas algo que les lleva a buscar. Y así crecemos. La cosa no tiene más misterio. Hay personas que se pasan toda la vida buscando, y aunque tienen la sensación de que no han encontrado lo que buscaban, en el buscar se han convertido en gigantes. Hay personas, en cambio, que creen que saben todo lo que tienen que saber. Diría más: hay personas que creen que lo saben todo. Igual que si hubiesen nacido hace 600 años. Y no buscan. Qué mal. ¿Y sabéis qué es lo peor? Que algunas de esas personas trabajan en la escuela.