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oxígeno para el fuego

Ahora que acaba el curso estoy ordenando con mi hijo sus libros, los de texto y los otros. Los otros son seis novelas: dos en castellano, dos en euskera y dos en inglés. ¿Cuál es el que más te ha gustado?, pregunto con un poco de ingenuidad y otro poco de mala leche.

- no tengo ni idea

contesta mientras los coloca cuidadosamente en una estantería de la que no volverán a salir a no ser que nos mudemos de casa.

Recordé que Montaigne afirmaba que enseñar no era llenar un hueco, sino encender un fuego.

Y recordé lo que me dijeron en un curso al que asistí hace un montón de años: para avivar el fuego se necesita una buena bocanada de aire.

Y a menudo, creo yo, con el tratamiento que damos a la enseñanza de la Literatura, no hacemos más que suprimir el oxígeno que necesita la llama para intensificarse. Y en lugar de amar las novelas, y la poesía, las tienen por irrelevantes.

Pena de tiempo perdido, otra vez.

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